El monasterio de Santa María de Rioseco (Burgos) fue donado a la Iglesia a condición de que lo conservara, pero fue abandonado y ahora se recupera con dinero público y voluntariado

En un alto sobre el río Ebro, próximo a su cabecera, se levanta solitario y misterioso uno de los iconos de la España vacía, el monasterio de Santa María de Rioseco. Solo queda el esqueleto de lo que un día fue uno de los monasterios más importantes del norte de España. Hasta hace diez años, el edificio estaba oculto bajo un manto de maleza y escombros, fruto de medio siglo de abandono y saqueo. «Tirabas de una zarza y te llevabas la pared», recuerda un vecino. Pero en 2010 la historia de este lugar dio un giro radical. Un grupo de voluntarios, primero vecinos de la comarca de Las Merindades (Burgos) y luego expertos en distintas disciplinas, desde arquitectos a geógrafos, se propusieron recuperar el conjunto y consolidar varios techos y paredes a punto de desplomarse.

El resultado hoy es asombroso, en especial en la zona del claustro, obra del ilustre arquitecto renacentista Juan de Naveda. Cada año llegan más voluntarios a trabajar de manera altruista, en verano se juntan más de un centenar en la Semana del Voluntariado, y aumentan los visitantes, unos 6.000 el año pasado. También llueve el dinero público, cerca de 600.000 euros hasta la fecha entre la Junta de Castilla y León y fondos europeos, y otros 400.000 euros de donativos privados.

Entrada principal al monasterio de Santa María de Rioseco. (D.B.)
Entrada principal al monasterio de Santa María de Rioseco. (D.B.)

Ahora que Santa María de Rioseco se ha convertido en un símbolo nacional de la protección del patrimonio, con un prometedor futuro como atractivo turístico y económico, cada vez más miradas se voltean sobre el arzobispado de Burgos, propietario único del monasterio y beneficiario en la sombra del trabajo de los voluntarios y de las subvenciones. De hecho no ha invertido un solo euro en gasto directo en diez años. Tampoco aparece en los carteles oficiales, pero en 2008 acudió al Registro de la Propiedad a inmatricular la finca a nombre del obispo, durante el apogeo de inmatriculaciones de la Iglesia favorecidos por la polémica reforma de la ley hipotecaria del gobierno de José María Aznar.

Solo queda el esqueleto del que fue uno de los monasterios más influyentes del norte de España. (D.B.)
Solo queda el esqueleto del que fue uno de los monasterios más influyentes del norte de España. (D.B.)

Una familia acosada

La propiedad del monasterio es un asunto espinoso que se remonta al año 1953. Pertenecía a la familia Arquiaga, potentados locales, desde la desamortización de Madoz (1855-56). Durante esos casi cien años no les provocó más que disgustos debido al estigma social de haber adquirido ese bien. Así que en 1953, la entonces propietaria, Margarita Merino, viuda del heredero Pedro Arquiaga, termina cediendo a la presión del obispado para que le regale tan insigne edificio.

Ese 15 de diciembre se firma la donación «pura, simple e irrevocable» del monasterio de Santa María de Rioseco al obispo de Burgos. La familia no recibe un céntimo, pero consta que doña Margarita no donó esa propiedad por amor a la fe sino bajo coerción del clero local, en concreto del entonces canónigo de Villalaín, quien visitaba a la viuda casi a diario para sugerirle lo terrible de poseer esa finca, según apuntan desde el círculo familiar.

«Se cedió el monasterio siempre que se cumplieran una serie de requisitos, entre ellos mantener el conjunto en condiciones y habilitar un seminario de verano», indica Jesús Moya, familiar de los Arquiaga. A la vista queda que eso jamás se cumplió. La familia ve hoy, entre la rabia y la indignación, como la Iglesia se beneficia de la generosidad social tras haber incumplido sistemáticamente sus promesas y haber dejado esta joya arquitectónica a merced del saqueo de los ladrones, que se llevaron estatuas, sillares y figuras medievales impúnemente en coches y camionetas durante años.

Doña Margarita «era una mujer religiosa y sufría debido a las vejaciones que recibía por ser esposa del propietario del monasterio. El canónigo le metió mucha presión de tipo moral, le decía que para su salvación eterna era muy grave poseer un bien desamortizado, que era un robo a la Iglesia», explica Moya. «Todavía recuerdo la decepción del yerno de doña Margarita y los hijos de ella cuando vieron como el monasterio quedaba abandonado y empezaban los saqueos».

«La familia siguió financiando el mantenimiento de la iglesia y la sacristía unos años, pero el obispado les exigía más mejoras sin poner un céntimo de su parte. Los Arquiaga se sintieron engañados y quisieron pasar página y olvidarse de ese lugar. No olvidaré un día en el que el yerno, tío de mi mujer, estaba dentro de la iglesia ya saqueada y hundido emocionalmente me pidió que me llevara una pila bautismal de origen medieval para que no se la quedaran los ladrones. No lo hice, pero por suerte terminó a buen recaudo», recuerda Moya.

La archidiócesis de Burgos da la visión contraria. Juan Álvarez, delegado de Patrimonio, subraya que ya en tiempos de los Arquiaga el conjunto estaba deteriorado y las tallas más importantes habían desaparecido, un hecho que distintos expertos confirman. Sobre la polémica donación prefiere no pronunciarse, ya que «se trata de asuntos que se remontan a hace más de 60 años» y «es imposible saber cuánto hay de verdad en lo que ahora dice la familia».

Interior de la iglesia del monasterio antes de su acondicionamiento. (Salvemos Rioseco)
Interior de la iglesia del monasterio antes de su acondicionamiento. (Salvemos Rioseco)

Sin futuro (hasta hoy)

«Es verdad que el monasterio se tuvo en pie hasta el año 1960, cuando los pueblos de la zona quedaron despoblados y se tuvo que dejar de dar misa», explica Álvarez. «En aquel momento se consideró que sin una utilidad era imposible mantenerlo, era una inversión sin futuro. Una de las razones del arzobispado para invertir es que el templo esté respaldado por una comunidad, que sea viable desde el punto de vista económico y tenga valor artístico. Pero Rioseco había perdido gran parte de su valor artístico por la acción de la familia, que había sacado de allí muchos objetos de gran valor, y ya existían grandes problemas de conservación».

El delegado de Patrimonio lamenta el derrumbe parcial del conjunto, pero insiste en los escasos recursos de la archidiócesis de Burgos. Incluso tiempo atrás negoció su venta sin éxito. Álvarez prefiere centrarse en el actual trabajo de recuperación, encabezado por el párroco local, auténtico ‘alma mater’ del milagro de Rioseco, y quita hierro al hecho de que la Iglesia reciba fondos públicos. «Cuando la Iglesia invierte es con pocos medios y siempre tiene que recurrir a la administración. Y cuando esta reconoce el potencial de un edificio, entrega el dinero. No lo haría si fuera para fines privados, pero Rioseco es semipúblico, todo el mundo tiene acceso a él para visitarlo o desarrollar actividades culturales. Por eso la administración se vuelca. No es tan raro. El arzobispado lo que hace es pagar a través de los fondos que recaudan los voluntarios».

El monasterio se asienta en un alto sobre el río Ebro. (Salvemos Rioseco)
El monasterio se asienta en un alto sobre el río Ebro. (Salvemos Rioseco)

«Uno de los voluntarios más veteranos confirma el magnetismo de este monasterio, convertido ya en un icono que se imprime en camisetas, postales y botellas de vino: “Es una iniciativa única, no he visto un lugar donde personajes tan dispares, desde ancianos a adolescentes, trabajen codo con codo durante días. Cada verano llega un montón de gente a ayudar. Un pintor que pinta los cuadros y los dona, otro profesor de geografía que escribe libros al respecto y dona los ingresos, el arquitecto hace el proyecto gratis y cobra lo mínimo, se ha fabricado cerveza, hay gente que enseña gratis el monasterio a los turistas, se recogen donativos, se monta una tienda con ‘merchandising’, y todo el dinero se utiliza para seguir trabajando a través de la asociación Salvemos Rioseco». En enero de 2019, el conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por la Junta de Castilla y León.

Una voluntaria en los trabajos de recuperación del monasterio. (Salvemos Rioseco)
Una voluntaria en los trabajos de recuperación del monasterio. (Salvemos Rioseco)

La trampa para recibir subvenciones

«Es habitual que la Iglesia se beneficie de forma pasiva del trabajo ajeno y de las subvenciones que grupos de fieles y asociaciones solicitan para bienes de su propiedad. La Iglesia nunca dice ‘no’ cuando se trata de que le arreglen algo, nunca renuncia a su propiedad, pero no suele solicitar la subvención de manera directa», confirma un experto en protección del patrimonio que solicita el anonimato. «Cada año, la Iglesia recibe 300 millones en donativos. El Ministerio de Fomento [ahora denominado de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana] reparte 50 millones al año para proyectos de rehabilitación de patrimonio, con la condición de que las obras sean cofinanciadas».

«Y ahí viene la trampa», prosigue el experto. «El ministerio exige que sea para un proyecto de uso público, y la Iglesia sí entra en esa categoría de ‘servicio público’, ya que es un ente inclasiflicable que transita entre lo público y lo privado, y por ahí se puede justificar que por ejemplo el monasterio de Rioseco reciba fondos públicos de forma totalmente legal. Ese limbo es el que lleva aprovechando la Iglesia muchísimos años. Ningún gobierno, ni del PP ni del PSOE, se ha atrevido a meterle mano a eso».

En 2019 visitaron el monasterio 6.000 personas. (Salvemos Rioseco)
En 2019 visitaron el monasterio 6.000 personas. (Salvemos Rioseco)

Lo mismo hace la Unión Europea, indica el experto: «Este monasterio y otros edificios históricos se van a convertir en un polo de atracción brutal para la llamada España vaciada. La UE ya está avisando de que para el año 2025 el 50% de las ayudas serán para el medio rural y medioambiente. En dos años veremos como Europa empieza a meter un dineral en ruinas para tratar de rehabilitar atractivos turísticos y relanzar económicamente esas zonas. Rioseco es un buen ejemplo de esto».

Ciertas zonas del monasterio siguen en riesgo de desplome. (D.B.)
Ciertas zonas del monasterio siguen en riesgo de desplome. (D.B.)

Entretanto, el arzobispado ya mueve ficha y está dando forma legal a una fundación que deberá gestionar el monasterio de Santa María de Rioseco en los próximos 30 años más 20 prorrogables. Entre los patronos destacará la parroquia de Villarcayo junto a asociaciones culturales y juveniles. El párroco, Juan Miguel Gutiérrez, considera que esta fundación despeja cualquier duda sobre las buenas intenciones del arzobispado. «Gracias a la fundación, la conservación y los ingresos económicos de Rioseco no dependerán de una persona sino de una fundación que estará obligada a reinvertir todos el dinero. Nadie podrá decir que el arzobispado se lucra con esto. Si conseguimos que alguna familia pueda vivir de las visitas y le damos estabilidad al edificio será un gran éxito», explica el párroco, gran impulsor de la recuperación del monasterio.

En la misma línea trabaja la alcaldesa de Valle de Manzanedo, María del Carmen Saiz: «El valle se muere y el monasterio nos ha colocado en el centro. Nos gustaría que una o varias familias pudieran montar algún negocio como una hospedería. Nunca se me hubiera ocurrido tener que arreglar una iglesia, pero es lo que la gente quiere. Estamos casi despoblados y esta es una de las últimas esperanzas de futuro, por mucho que sea propiedad del arzobispado».

Paradojas del destino, el monasterio de Santa María de Rioseco puede recuperar parte de la influencia que tuvo hace tres siglos justo ahora que no es más que un esqueleto en ruinas. Una feliz historia de recuperación del patrimonio que, no obstante, esconde un pasado oscuro con heridas emocionales aún por cicatrizar.

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