El mitin de los maestros laicos de 1932: lucha por la integración en el sistema público educativo

El domingo 7 de febrero de 1932 los maestros laicos celebraron un mitin en la madrileña Casa del Pueblo. Con el acto se pretendía, en palabras del maestro y miembro de la AGM-FETE, además de destacado personaje en la enseñanza laica en Madrid, y miembro del PSOE, Bernabé Hernández Gómez, reanudar el diálogo entre los maestros laicos y la clase trabajadora, un diálogo que había comenzado en 1909 cuando se creó la Sociedad de Profesores Racionalistas, base de la AGM-FETE. Pero, en realidad, el acto tuvo un marcado carácter reivindicativo, como veremos, en el intento de que la República reconociese la labor de estos maestros entrando en el sistema educativo oficial.

El gobierno republicano-socialista hizo una clara apuesta por la enseñanza pública, pero las escuelas laicas, que estaban vinculadas a sectores del republicanismo, la masonería y el movimiento obrero, tanto en su versión socialista como anarquista, se quedaron el margen, generando un evidente malestar. Además, la competencia era otro problema, ya que las escuelas públicas habían mejorado sustancialmente sus niveles educativos y materiales, y eran gratuitas, frente a laicas que eran privadas, y había que pagar para poder estar en ellas. El segundo problema tenía que ver, curiosamente, con el propio laicismo, ya que ahora la escuela pública se veía libre de la enseñanza religiosa y de los símbolos católicos, una baza que siempre habían esgrimido las escuelas laicas para las familias españolas que no querían que sus hijos recibiesen educación religiosa. Todo esto provocaría que la mayoría de los maestros laicos decidiesen buscar la solución de integrarse en el sistema educativo público. En este contexto se inscribe el mitin de febrero de 1932 en la Casa del Pueblo.

Hernández Gómez no pudo eludir en su discurso a los jesuitas, recién disuelta la Compañía de Jesús, como un lastre para la enseñanza, y también habló de las dificultades que habían padecido los maestros laicos, que no habían podido disfrutar ni de la tolerancia ni de la libertad para ejercer su profesión. Las escuelas laicas habían sido perseguidas en el pasado inmediato, y cerradas por orden gubernativa, pero por clara indicación eclesiástica.

El orador explicó el ofrecimiento que los maestros laicos habían hecho al ministro de Instrucción Pública (en ese momento ya eran Fernando de los Ríos) de los servicios que podían prestar a la enseñanza, y el Ministerio había respondido favorablemente, a la espera de un decreto, aunque, se avisaba que los maestros laicos debían entrar “con la cabeza alta y la puerta grande” en la enseñanza oficial, sin tener una actitud suplicante. Hernández Gómez recordó que en el pasado hubo una polémica en el Ayuntamiento de Madrid cuando se anularon las escasas subvenciones que recibían las escuelas laicas, y en la que participó activamente El Socialista denunciando los hechos. Pues bien, existía un resquemor de los maestros laicos hacia el Consistorio madrileño porque la Administración municipal de mayoría republicano-socialista no había rectificado aún esta situación, concediendo subvenciones a las escuelas laicas que permitirían desdoblar sus clases y mitigar el déficit tan grande interin se ponía en práctica el plan quinquenal, que era alabado, en todo caso. Pero, al parecer, de este plan estaban excluidas las escuelas laicas.

Hildegart Rodríguez intervino a continuación, y comenzó también con una fuerte crítica a la enseñanza religiosa. Insistió en la deuda que la República tenía con los maestros laicos.

El maestro y concejal por la localidad madrileña de Torrelodones, y uno de los verdaderos protagonistas de la enseñanza en Madrid desde principios del siglo XX, Rafael Martínez, además de recordar su compromiso educativo y social, remarcó la importancia de que los maestros laicos entrasen en la enseñanza oficial de la República. El también maestro Gregorio Almeida intervino, detallando aún más la historia reciente del clericalismo en España, demorándose en la influencia del mismo en la enseñanza y en los enseñantes, para demostrar el mejor nivel de los alumnos de las escuelas laicas. Después planteó que, si la República acometía la labor, como Estado laico que era, de plantear una educación laica necesitaba maestros laicos, pero carecía de los mismos en el sistema educativo oficial. Los que había estaban fuera. El Estado tenía la obligación de acercarse a estos maestros para reconocerlos.

El maestro, diputado y alcalde Vallecas, Amós Acero, un personaje clave en la enseñanza y el socialismo madrileños, dedicó gran parte de su discurso a criticar con dureza el sistema de cursillos, especialmente los destinados a las maestras, ofreciéndose en el Parlamento para conseguir la reivindicación de los maestros laicos.

El último orador de este mitin fue el diputado socialista, catedrático y masón Amós Sabrás Gurrea. Como profesor de Bachillerato que había sido se centró en el análisis de cómo estaba la educación en este nivel secundario, incidiendo en el influjo “nefasto” de las órdenes religiosas, que habrían desnaturalizado esta etapa. Terminó haciendo una calurosa defensa de los maestros laicos por su valentía y por no haberse doblegado al poder clerical. Por ello, debían entrar en la cabeza del escalafón, teniéndose que legislarse, al respecto

Hemos consultado el número 7179 de El Socialista, y el Diccionario Biográfico del Socialismo Español. Para comprender la situación de las escuelas laicas en la Segunda República es imprescindible la consulta del trabajo de José Ignacio Cruz Orozco,”La política laicista de la II República: el proyecto de ley de los maestros laicos históricos”, en Historia de la Educación, 19, (2000), págs.. 279-292. El cambio se quedó en proyecto, y la reorientación conservadora del siguiente bienio republicano liquidó las aspiraciones de los maestros laicos, aunque luego se retomó con más fuerza la cuestión con el triunfo del Frente Popular, especialmente de la mano de los socialistas. El golpe del 18 de julio y la guerra llegaron estando en trámite parlamentario la iniciativa en favor de los maestros laicos.

Eduardo Montagut. Historiador

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