El ministro Caamaño evita meterse en un charco con el Rey

Con el agua de la crisis más arriba ya del cuello, el Gobierno se lanza sin matices a la reforma de la Ley de Libertad Religiosa. Una «hoja de ruta» que sortea un forcejeo con La Zarzuela.

Después de un año en el que el Gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero ha gobernado casi a golpe de real decreto, intentará sacar adelante la reforma de la Ley de Libertad Religiosa, con el apoyo de las fuerzas de izquierdas, y orientada hacia una búsqueda del cambio de creencias, de costumbres, pautas de conducta, del sistema de valores de un país que sociológicamente se sigue considerando católico.

Esa reforma que prepara el Gobierno puede suscitar no sólo el repudio de una mayoría conservadora sino además de los católicos que votan al PSOE. Los planes de Zapatero implican hacer tabla rasa y considerar a la religión católica como una más de las muchas que se practican en España. El Ejecutivo plantea incluir en la norma la retirada de todos los símbolos religiosos que existan en colegios e institutos públicos, a excepción de aquéllos que tengan valor histórico, artístico o para el patrimonio.

El anuncio, hecho en las últimas horas por el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, tiene como idea matriz que "haya un claro deslinde entre el fenómeno religioso y el espacio público y la laicidad del Estado". Se trata, según argumentó Caamaño, de "regular la libertad de conciencia por primera vez", de modernizar el registro de organizaciones religiosas y de incorporar al ordenamiento jurídico la jurisprudencia en asuntos como "la religión en el Ejército, en los hospitales y en las escuelas".

Sin embargo, la pretendida apuesta por la laicidad socialista se vuelve queda en amagar y no concretar en lo referente a la presencia de símbolos religiosos en las tomas de posesión de los cargos del Gobierno ante el jefe del Estado. Pese a que en los actos de toma de posesión de altos cargos en La Moncloa no hay crucifijos desde que gobierna Zapatero, el Ejecutivo parece dispuesto a tolerar la tradición de la Biblia y el crucifijo en el acto de jura o promesa del presidente y de sus ministros delante del Rey.

Fuentes gubernamentales reconocen a El Semanal Digital que la Casa Real se niega en redondo a modificar la puesta en escena de ese acto oficial y convienen que José Luis Rodríguez Zapatero evitará abrirse un frente con Don Juan Carlos por la presencia de símbolos religiosos en las tomas de posesión de presidentes y ministros. De hecho, el PSOE ya se vio en el aprieto en el Congreso de rechazar una iniciativa de IU e ICV a favor de la elaboración de un protocolo aconfesional. Sólo el BNG la apoyó.

En todo caso, el proyecto del Gobierno produce un rechazo en un sector de la sociedad, que se puede sentir agredido por planteamientos que hieren su sensibilidad. La fe laica de Zapatero se mantiene inamovible ante la Iglesia Católica.

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