El ministerio quiere derogar el Reglamento franquista (1954) que regula la disciplina académica en la universidad y que castiga con expulsión los ataques a la «moral católica»

Reglamento de disciplina académica de los Centros oficiales de Enseñanza Superior y de Enseñanza Técnica dependientes del Ministerio de Educación Nacional. Así se llama el decreto que a día de hoy sigue vigente (desde 1954) para regular las actividades universitarias. Fue aprobado en tiempos de la dictadura, y ahora el ministro Pedro Duque se plantea su renovación.

«Voy a atreverme a intentarlo», dijo el titular de Universidades sobre una medida que, por ejemplo, castiga las «manifestaciones contra la moral católica» o cualquier «ataque contra el Estado». A pesar de que la norma se mantenga en la actualidad, son muchas las universidades que cuentan con sus propios códigos, los cuales en parte corrigen lo marcado por el reglamento.

Eso sí, ¿cuáles son las claves de esta ley que Pedro Duque pretende cambiar?

Castigo a la copia

La copia o la venta de exámenes, por ejemplo, es uno de los elementos que algunos reglamentos propios de cada universidad siguen manteniendo. Pero además también se recoge en la normativa aprobada en la dictadura. El plagio conlleva sanción en forma de expulsión (y en menor medida, sobre todo en la actualidad, el suspenso, que es lo que suele ocurrir).

Contra la religión o contra el Estado

En esta parte entra en juego la inconstitucionalidad. Y es que el reglamento castiga con la expulsión, temporal o definitiva de la universidad, cualquier ataque o manifestación «contra la moral católica».

También cualquier ofensa contra la propia universidad o contra las estructuras del Estado son sancionables según dicha norma. De hecho, en 2011 varios estudiantes fueron expulsados de la Unviersidad de la Laguna por plantear una queja por la situación de las becas. La Justicia acabó dándoles la razón.

La insubordinación

El reglamento de disciplina universitaria también sanciona «la resistencia, en todas sus formas, a las órdenes o acuerdos superiores». Esto es, cualquier movimiento de insubordinación podría acabar en expulsión. En este sentido, también se incluyen las faltas de asistencia a clase.

Las faltas de decoro

Por último, la norma también persigue las palabras o hechos considerados «indecorosos». ¿Por qué? Porque puedan «perturbar el orden» tanto dentro como fuera de las aulas. En cambio, el reglamento no recoge faltas como como el acoso sexual ni otras como la xenofobia o la homofobia.

El Estatuto del Estudiante de 2010 recogía que la norma debía derogarse en el plazo de un año, pero todavía no se ha hecho. Queda por tanto como uno de los asuntos pendientes para el Gobierno de Pedro Sánchez en 2019.

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