El licántropo manipulado

En una aproximación superficial a los seguidores a ultranza de la palabra oficial de la Iglesia Católica, uno se lleva la impresión de que éstos padecen un extraño trastorno bipolar de comportamiento.

Cuando ineludiblemente tengo que acudir a un acto social-religioso, ya sea bautizo, boda o funeral, suele haber a mi alrededor algunas personas a las que, por la desenvoltura de sus movimientos y el exacto seguimiento de los ritos, se aprecia que son incondicionales de la causa religiosa. Estas personas forman parte de la representación y celebran con el oficiante la correspondiente liturgia. Y ocurre, entonces, que las palabras que normalmente profieren a lo largo de la ceremonia son de amor y de perdón. Es más, al final de la misma, se suelen volver hacia mí, algunas incluso a sabiendas de que soy un ateo y rojo recalcitrante, y me besan y abrazan deseándome muy sinceramente, al menos así lo parece, la paz.

Si embargo, el comportamiento de estas mismas personas es diametralmente opuesto cuando se encuentran en otros ambientes.. Las he observado cuando,por ejemplo, escuchan la radio de los jerarcas de su Iglesia y la metamorfosis que se produce en sus sentimientos es sólo comparable a la del licántropo en una noche de luna llena. Del amor pasan al odio más visceral, del perdón a la venganza y del deseo de paz a una actitud extraordinariamente beligerante contra todo aquello que difiera lo más mínimo de su pensamiento.

¿Cuál es la explicación de este ambivalente comportamiento? Pues, no soy psicólogo ni sociólogo y, consecuentemente, desconozco las claves de este curioso fenómeno psíquico que se presenta en una determinada colectividad de personas. Pero algo intuyo y me atrevo a formular una hipótesis no contrastada y, por tanto, acientífica. En resumen, se trataría de personas muy fácilmente influenciables, cuyos sentimientos son manipulados por otras, con el objetivo de lograr un estado de opinión colectivo al servicio de la consecución de unos determinados intereses.

Trataré de explicarme, aunque sea brevemente.. Empezaré afirmando que la manipulación es singularmente compleja. En la fase mas delicada, la religiosa, se les hace creer que son persona excelsas, que, en contraposición a otras, tienen nobles sentimientos y que, además, tienen sólidas creencias porque vienen emanadas de un ser superior cuyos auténticos representantes son los jerarcas de la Institución. Y una vez lograda esta peculiar formación no sólo religiosa sino, también, dogmática y excluyente, de estos individuos, la segunda fase de la manipulación es relativamente sencilla. Todo mensaje que provenga de esta Institución será recibido por estas personas revestido con el aval divino y aunque las ideas que transmitan sean, incluso, contradictorias con las enseñanzas recibidas con anterioridad no serán nunca cuestionadas. Se ha logrado la permeabilidad mental sin condiciones. El análisis crítico de los destinatarios ha sido castrado y ya nada se pone en cuestión.

A estas alturas, tengo que confesar que yo lo que quería era opinar sobre el rumor existente acerca de que la Conferencia Episcopal se está plateando sustituir a Jiménez Losantos como conductor del programa matinal de la COPE. No obstante, como todo grano hace granero y todo vale para el convento, los prolegómenos del artículo me han evitado hacerlo. ¿Qué interés tendría que el manipulador de la mañana en las ondas de los obispos sea Losantos, u otro de su misma calaña, si cualesquiera de ellos ha sido es y será un mero instrumento al servicio de la estrategia descrita? Pues eso, opinión que me
ahorro.

Gerardo Rivas Rico es Licenciado en Ciencias Económicas

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