El laicismo en las candidaturas a la presidencia de la República en Francia

Analisis del laicismo en los candidatos a la presidencia de Francia realizado por el filósofo y laicista francés Henri Peña-Ruiz

La LAICIDAD es un principio de derecho político que asegura indisociablemente la libertad de conciencia, la igualdad de trato de las convicciones espirituales y la orientación del poder público al interés general. En línea con el tríptico republicano, garantiza la libertad de culto, pero también la libertad de pensamiento de todos los seres humanos. Sobre todo funda la emancipación individual y colectiva universal separando la ley civil y la ley religiosa. Una ley relignosa muy a menudo solidaria del patriarcado que oprime a las mujeres y a las tradiciones retrógradas que reducen la sexualidad a la procreación, vehicular la homofobia y estigmatizan el humanismo ateo o masónico.

 Charle Hebdo ha pedido a todos los candidatos que se comprometan por escrito a «no modificar la ley del 9 de Diciembre de 1905 sobre la LAICIDAD», a no introducir » acuerdos particulares con alguna comunidad religiosa» y no intentar restablecer el «delito de blasfemia» abolido en Francia en 1789. Pero no tenemos que creerlos como un juramento, porque a veces sus programas y sus actos contradicen sus compromisos escritos, que sabremos recordarle en su momento.

Marine Le Pen, que no ha tenido la revelación LAICA hasta 2011, pretende no, solamente defender, sino incluso «promover la LAICIDAD…y extenderla al, conjunto del espacio público». Desconfiemos de los obreros de la hora 25¡ ¿ Qué dice el programa del Frente Nacional? » LAICA, la Republica no acepta ninguna religión ni ninguna ideología de Estado en el espacio público». ¿Marine Le Pen está por tanto dispuesta a prohibir las misas al aire libre, las procesiones católicas y las manifestaciones de los integristas tan queridos por su sobrina que no se priva nunca de afirmar en público sus convicciones religiosas? No, porque el programa del FN precisa: » LAICA, la Republica (…) reconoce el papel del cristianismo en general y del catolicismo en particular en la historia de Francia y la construcción de la civilización francesa». La contradicción es aquí flagrante. Al pasar una confusión de tal magnitud entre el espacio público civil y la esfera pública oficial del Estado. En realidad bajo el nombre de LAICIDAD, ideal universalista que no sabría privilegiar una civilización y una religión oponiéndolas a otras, el FN cultiva la oposición entre el «ellos» y el «nosotros» preferido por Carl Schmitt, pensador de un nacionalismo de exclusión que cultiva la extrema derecha alemana en 1930. Retoma también en su haber el tema del pretendido «choque de civilizaciones» cuyo pensador americano Samuel Huntington afirma la fatalidad. Dos fuentes ideológicas banalizadas y totalmente contradictorias con el universalismo laico. Olvidar las hogueras de la Inquisición y la caza de hechiceras para arremeter únicamente contra un islamismo político mal distinguido de la religión musulmana no es ser laico, sino practicar la historia y la política de manera discriminatoria. Una discriminación erigida en ideología compensatoria que adula al pueblo en vez de defenderlo. Es volver la espalda a la emancipación LAICA y a la paz que ella posibilita. Campeón de las «raíces cristianas de Francia» el FN es tan poco laico que se une a los integristas hostiles al Concilio Vaticano II. Marine Le Pen ha justificado en France 2 la instalación de una guardería cristiana en el ayuntamiento de Béziers por su amigo Robert Ménard, que al mismo tiempo prohíbe los símbolos en los balcones. ¡Privilegio por un lado, discriminación por otro! ¡He aquí la usurpación que constituye la invocación puramente verbal del LAICISMO! MLP pretende garantizar el laicismo haciendo inscribir en la Constitución la fórmula: «la Republica no reconoce ninguna comunidad». ¡Aquí la ignorancia compite con la impostura! En derecho francés, solo se reconoce a los individuos libres la posibilidad de formar asociaciones, y adherirse o salirse de ellas: en Francia ninguna «comunidad», ningún cuerpo intermedio tiene existencia legal desde….¡1789! La paradoja es que el FN denuncia sin cesar «toda forma de comunitarismo que favorezca la extensión de formas de vida extrañas a la civilización francesa» mientras que él mismo intenta imponer un modelo comunitarista para Francia. Dice rechazar «todas las formas de discriminación positiva» en favor de «minorías»; pero ¿está dispuesto a abolir las subvenciones públicas a las escuelas privadas confesionales? Predica abiertamente la «asimilación», y la «preferencia nacional» condenando » la diversidad, nuevo nombre de la preferencia inmigrante». Nueva contradicción. El laicismo llamado «identitario» del FN es el contrario del auténtico laicismo fundado en el universalismo igualitario de los padres de la Ley de 1905. A fuerza de exaltar un nacionalismo de exclusión, ¿no se arriesga a alimentar el racismo y la xenofobia»? Jean Marie Le Pen por otro lado prendió la mecha indicando que según él la, invocación del LAICISMO de su hija era puramente «contingente», luego innecesario para la ideología del FN. ¡ Ya es hora de decir claro y alto que no hay partido más antilaico que e FN!

François Fillon admite que la ley de 1905 es «una ley de libertad» y que fundamenta  la neutralidad del Estado. Pero para él, el principio de LAICISMO » se forjó a lo largo del s.XX»: ni hablar de cuestionar el Concordato de Alsace-Moselle, ni la ley Debré de 1959 que serían el fruto de un » consenso en beneficio de todos» ¡ Vaya!  Parecería que para él la «protección dada a las religiones por la Republica» es más importante que la libertad de conciencia de los agnósticos y de los ateos. ¡La igualdad no se respeta! Curiosa concepción de la LAICIDAD para un candidato apoyado sin vergüenza por su «sentido común» y que muestra sin tapujos su catolicismo erigido en referencia identitaria. ¡Seguro que no mira igual a los ciudadanos de confesión musulmana! Juega bien a denunciar hoy, como Marine Le Pen, un «fundamentalismo musulmán particularmente preocupante». Pero con ese pensamiento sus excelentes relaciones de antes con los Hermanos Musulmanes, la UOIF, y las monarquías del Golfo parecen muy paradójicas. Es verdad que el neoliberalismo puede olvidar los derechos humanos cuando se presentan negocios jugosos. Preocupado por resaltar su anclaje cristiano, François Fillon aspira a un entendimiento concertado de colaboración entre el Estado y las «religiones reconocidas», como bajo Napoleón, pues se consideran de utilidad pública por su contribución a la educación, a la integración a la asistencia, o al mantenimiento del orden moral y político. Todo lo contrario del LAICISMO, incompatible con otorgar privilegios a los creyentes.

Enmanuel Macron, en su respuesta a Charlie, reconoce que el principio de LAICISMO «ha dado a nuestra sociedad, hasta hoy, 110 años de paz», gracias a la separación de las Iglesias y el Estado. Su programa pretende aplicarla estrictamente. ¡Eso está por ver! Para él un LAICISMO bien entendido supone desarrollar «el conocimiento de las diferentes religiones en la escuela previendo un aprendizaje específico del hecho religioso». Semejante proyecto trata la espiritualidad de manera discriminatoria, pues deja a un lado el conocimiento de los humanismos ateo y agnóstico, que conciernen hoy a un francés de cada dos. Pero sobre todo este hombre que se dice nuevo y pretende moralizar el capitalismo renovado por su neoliberalismo con el capitalismo desligado de sus orígenes, haciendo de la religión el complemento del alma en un mundo sin alma.

Ministro de economía atento a los intereses de los capitalistas, este antiguo banquero no propuso otro ideal a la juventud que el de «convertirse en millonarios». Orgulloso partidario de la ley El Khomri que arrasa el Código del trabajo, quiere además agravarla por decreto. Con ese pensamiento, niega la lucha de clases, que considera estéril y desfasada, para favorecer a las religiones que serían las únicas capaces de reencantar al mundo y darle una esperanza. Afirmaba al dejar el puesto de ministro: «las religiones, especialmente el Islam, ofrecen un acceso a lo absoluto; dan un sentido…». El creyente es libre de afirmar así su fe, pero es abusivo sugerir que sin la virtud teológica de la esperanza en el más allá el mundo no tiene sentido. Un poco de consideración por el que no cree en el cielo y mantiene la esperanza de ser feliz en la tierra gracias a la justicia social. La máxima de Macron en suma es típica del emparejamiento propio del s. XIX francés: explotación libre y caridad aquí abajo, compensación en el más allá. ¡Sus amigos de las finanzas pueden dormir tranquilos!

Benoit Hamon, curiosamente es optimista: «no creo que la LAICIDAD esté en peligro». Pero descarrila cuando pretende ver en la ley de 1905 un «rico compromiso» entre las religiones y el Estado y no un principio de separación y de neutralidad. También se le puede preguntar a qué se compromete cuando dice rechazar «cualquier aceptación de las prácticas culturales o de culto que supusieran modificar la ley de 1905. El hecho es que no ha denunciado dos propuestas antilaicas del grupo de trabajo «cohesión republicana» validadas por el partido socialista el 30 de enero de 2015: «hacer un censo de los lugares de culto y examinar los medios para responder a las necesidades en algunas partes del territorio» y «desarrollar los centros escolares privados concertados». La enseñanza privada confesional musulmana debe poder desarrollarse dentro del respeto a los principios republicanos. No corresponde a la República LAICA financiar lugares de culto, ni animar al desarrollo de la enseñanza privada concertada cuando la Escuela Pública carece de medios para asegurar su misión de interés general. No cuestiona los privilegios financieros de la escuela privada confesional, financiada con fondos públicos cuando las religiones solo comprometen a los creyentes. Llega hasta entronizar la enseñanza privada como parte reconocida del servicio público de Educación proponiendo una colaboración privada- público. Y no le parece grave la prohibición de la presencia femenina en algunos bares de Saint Denis. ¿Benoit Hamon podría ser un adepto inconfesado de una curiosa «LAICIDAD multicultural»?

Jean-Luc Mélenchon no tiene certificado de LAICISMO que presentar, pero es sin embargo el que responde con más claridad y precisión a Charlie Hebdo. Para el la ley de separación de las Iglesias y el Estado debe ser aplicada en todo el territorio, en Alsace-Mosselle y en ultramar. Puesto que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, » ni pensar en trato particular con tal o cual religión». Eso sería crear discriminaciones entre creyentes y no creyentes e incluso entre creyentes entre si. «Yo me comprometo, declara JlM, a rechazar financiamiento público para la construcción de edificios religiosos. Actividades religiosas y de establecimientos confesionales». Un compromiso neto, conforme al ideal republicano. El principio laico es claramente reafirmado: dedicar el dinero público a los servicios públicos de carácter universal. A nuestro entender eso implica reservar el esfuerzo de la nación a la Escuela Pública. Lo que supone una derogación progresiva de ley Debré, no para dañar la libertad de enseñanza, sino para dirigir el dinero público para su destino legítimo: el interés general, común a los creyentes y a los ateos. Por otra parte el candidato de Francia Insumisa que relaciona abiertamente el laicismo y los derechos de las mujeres víctimas de «prescripciones de carácter sexual» de todas las religiones. Considera por tanto el laicismo como un principio de emancipación y no sólo como una simple secularizacion.» Ninguna prescripción religiosa se debe imponer por ley». La religión pertenece a la esfera privada: solo debe comprometer a los creyentes. El laicismo les permite vivir libremente su ética de vida dentro del respeto al derecho común. Por eso propone «combatir todos los comunitarismos y el uso político de las religiones». El laicismo es emancipador en varios sentidos. A cada persona humana le asegura la libertad de conciencia que engloba otras de libertad de culto, de tener una religión y de cambiar o de elegir un humanismo ateo, y la libertad de pensamiento. Más radicalmente, permite a cada uno la libre disposición de su cuerpo y de sus actos, de su estilo de vida e incluso de su ser. Como asegura el derecho a morir dignamente. Así el marco laico hace posible la libre construcción de la libertad individual. Fundamentando el,orden público sobre los derechos humanos y no sobre los particularismos tradicionales y religiosos el laicismo pone en valor el principio de paz, de interés general y de emancipación.

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