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El laicismo como terapia pedagógica

Estimo que una educación o enseñanza implementada al margen de cualquier credo religioso es el mejor medio de formar a futuros profesionales con espíritu crítico. La tradición ilustrada, aunque inacabada, nos conecta con la diosa razón como adminículo del entendimiento y del juicio lógico; ella, la razón, ha de servirnos para dirimir asuntos de dudoso conocimiento científico, apostando siempre por la objetividad, por lo que es constatable empíricamente. El genio de la Ilustración, Inmanuel Kant (1724-1804), distinguió entre «fenómenos» (aquello que se manifiesta en la experiencia, en el marco del espacio y el tiempo) y «noúmenos» (la realidad tal como es en sí misma), y nos enseñó que «conocemos los fenómenos, mientras que pensamos los noúmenos». La razón es la que lleva a cabo el establecimiento acerca de su alcance y de sus limitaciones. Por ello la 'Crítica de la razón pura' kantiana es, además, una autocrítica de la razón.
Una educación o enseñanza laica garantiza la objetividad de las enseñanzas, que es a lo que se aspira. La educación ha de velar por la transmisión de conocimientos científicos, pasados por el tamiz de la crítica, evitando los dogmatismos que anquilosarían aquel espíritu crítico que ha de ser el norte del intelectual.

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