«El laicismo asegura las libertades»

El académico mexicano defiende «el espíritu crítico de los jóvenes» frente a los modelos inmutables

José Narro Robles (Saltillo, 1948), rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), institución merecedora del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2009, dirige una entidad docente que por sus números, ramificaciones y densidad académica, puede parecerse a una ciudad. 305.000 estudiantes y 35.000 profesores e investigadores sin duda precisan de una coordinación en la que esté presente la templanza que José Narro transmite en la cercanía. La UNAM es uno de los baluartes de México. Y por ahí comienza la entrevista.
-La proyección internacional de las naciones se difunde por múltiples vías. En los últimos tiempos, México ofrece a veces una faz oscura. ¿Un galardón como el que ahora recibe la UNAM contribuye a una visión más justa de su país?
-Es un motivo de satisfacción, orgullo y afirmación interna. Y la constatación de que existen colectivos mexicanos con gran capacidad para hacer las cosas bien. Pero esta no es la primera ocasión en la que México se ve señalado por los Premios Príncipe de Asturias. Lo ha sido antes a través de personalidades como el doctor Bolívar Zapata, que ha venido este año con nosotros, o por la obra literaria de Octavio Paz y Carlos Fuentes, o viendo los méritos del Fondo de Cultura Económico, el Colegio de México, la revista 'Vuelta'… Como muchas sociedades, atravesamos un momento complejo, pero no tengo ninguna duda de que somos una nación viable, con origen y destino.
-El próximo año la UNAM celebrará su centenario. Echando la vista atrás, ¿qué balance hace?
-Cien años que continúan a otros 358 años desde la primera universidad nacional, la cual se estableció mediante cédula real. En esa época, no había ninguna universidad en los Estados Unidos, por ejemplo. Y se instituyó a imagen y semejanza de la Universidad de Salamanca, constituida en 1218. Somos herederos de esa grandeza. La UNAM alberga un observatorio astronómico, una red sismológica, una cadena de radio y un canal de televisión, una escuela de cine y otra de teatro, una orquesta sinfónica, un estadio olímpico, 82 licenciaturas diferentes… Fue el puente que nos permitió ir del siglo XIX al XX, y que ahora nos impulsará al siglo XXI.
-En ese rico transcurso, dieron acogida a los exiliados de la diáspora española que tras perder la guerra civil huían de la dictadura franquista…
-Fue una prueba de solidaridad de una nación con un grupo de españoles que vivían una etapa muy difícil. En ocasiones, se nos olvida la importancia de los valores, que la UNAM aspira a tener siempre presentes. Junto al conocimiento y el desarrollo de la cultura, la búsqueda de la justicia y de la belleza, valores laicos que respaldamos.
-¿El laicismo es un requisito pedagógico?
-Garantiza la libertad de creencias, no se opone al credo individual. Es una cobertura colectiva para asegurar las libertades individuales, la de los que creen y la de los que no creen. Por decirlo así, a Dios lo que es de Dios, y a Sócrates lo que es de Sócrates. Sin tensiones ni enfrentamientos.
-¿Resulta fácil sobrellevar las tensiones entre el dictado académico y un estudiantado que se ha caracterizado en diferentes épocas por su rebeldía?
-Los espíritus jóvenes son contestatarios y críticos, lo que personalmente celebro. Está bien desafiar lo establecido, aunque parezcan modelos inmutables. La historia de la sociedad humana no se detiene. Todo ello con una argamasa de pluralidad, tolerancia, respeto y en libertad. Lo propio de la universidad es lo académico, pero, al final, una institución universitaria ha de contribuir a la mejoría de condiciones sociales.
-¿Se entiende bien la UNAM con los sucesivos gobiernos del Estado?
-En términos presupuestarios, se tiende a pensar que nunca conceden lo suficiente. En cualquier caso, la educación superior, particularmente la pública, ha de ser una de las grandes prioridades de cualquier país. Aprovecho para decirlo desde esta capital de la cultura que es Oviedo, pues allí estamos precisamente en plenas negociaciones del presupuesto.

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