El juez nazareno de Podemos: «Si el alcalde de Sevilla es devoto, que se ponga un capirote y no vaya de chaqué»

Aunque pertenece a una cofradía, dice que hay que tender «a la laicidad de lo público».

«Nadie en Podemos ha cuestionado nunca la Semana Santa en aquellas localidades en las que es una parte importante de la tradición. Entre otras cosas, porque sería un error monumental». Juan Pedro Yllanes, magistrado en excedencia con plaza en la Audiencia de Palma de Mallorca y diputado electo el 20-D como cabeza de lista al Congreso por las Islas Baleares de la formación morada, es desde mucho antes de entrar en política un experto en la tonalidad penitencial convertida en el color corporativo de su partido. «No creo que la elección del morado tenga que ver con la liturgia católica», bromea, «ni que Sergio Pascual vaya a ir ahora a su escaño con un sambenito». Pascual publicaba ayer un artículo en el que pedía «la democratización de la Semana Santa». Lo que hay que leer.

Del destituido secretario de organización se ha escrito que ha sido el primer costalero de la Semana Santa sevillana en sentarse como electo en las Cortes, un honor que sólo podía recaer en un diputado de Podemos, ya que las cuadrillas de hermanos que cargan con los pasos de autodefinen con una expresión 100% podemita: «La gente de abajo». Pero Yllanes, sevillano de abolengo emigrado a Mallorca, reivindica que se metió «debajo de la Virgen de la Amargura en 1979, cuando Sergio casi ni había nacido, para la procesión extraordinaria por el 25 aniversario de su coronación canónica».

Aunque hoy ha «evolucionado hasta el descreimiento», el diputado balear asume «sin ningún tipo de vergüenza, al contrario, con mucho orgullo» su condición de hermano de la cofradía conocida como el Silencio Blanco, tal es el devoto recogimiento con el que desfila cada Domingo de Ramos. «Dejé de salir de nazareno hace unos años, cuando me escayolaron un brazo por un accidente de moto y no podía coger el cirio, pero volveré a retomar la costumbre de vestirme» con la túnica inmaculada decorada con una Cruz de la Orden de Malta propia del cortejo que acompaña en su estación de penitencia a los titulares: Nuestro Padre Jesús del Silencio en el Desprecio de Herodes, María Santísima de la Amargura Coronada y San Juan Evangelista, y Santa Ángela de la Cruz.

El apellido Yllanes es muy ilustre en la hermandad que tiene su sede en la iglesia de San Juan de la Palma, entrada de la calle Feria y del arrabal obrero que en el primer tercio del siglo XX fue conocido como «el Moscú sevillano». El padre del diputado «es el hermano número 3» y tiene en su poder «un testamento de un antepasado en línea directa que acredita su pertenencia a la Sacramental de San Juan de la Palma ya a mediados del siglo XVIII. Mis sobrinos son, al menos, la novena generación de Yllanes cofrades de La Amargura», relata tras pedir fotografiarse ante el paso del Desprecio de Herodes porque «en esta hermandad toda la fama se la lleva la Virgen», una sublime talla anónima del barroco hispalense.

Juan Pedro Yllanes comprende que «quien no sea sevillano ni entienda el significado de la Semana Santa de aquí vea incoherente que siga siendo hermano de una congregación católica sin ser creyente pero para mi familia, y eso es muy frecuente en Andalucía, la pertenencia a la hermandad es un rasgo casi genético».

La postura de Podemos con respecto a la Semana Santa es, según Yllanes, de «máximo respeto allí donde constituye una parte de la idiosincrasia. Sólo como hecho económico, en una región como Andalucía que vive del turismo, ya debería ser intocable. Y lo es. Pero es que, además, contiene rasgos culturales y antropológicos que conforman la esencia de muchas ciudades. Por no hablar del fenómeno religioso que está en la base de esta fiesta, que es respetabilísimo». Ahora bien, el diputado considera que «es necesario que, viviendo en un estado aconfesional, tendamos a la laicidad de lo público» y ahí es donde los ediles podemitas en muchos ayuntamientos han puesto el acento.

«En ese aspecto sí debemos evolucionar. Si el alcalde de Sevilla, por ejemplo, es devoto de una imagen, me parece extraordinario que se ponga un capirote y haga estación de penitencia. Pero me chirría que media corporación municipal vaya vestida de chaqué el Domingo de Ramos en la procesión de la Hiniesta –patrona del consistorio sevillano– o que el concejal de parques y jardines desfile con la Virgen de la Candelaria. Sería sano ir terminando con esto, sin traumas y con naturalidad. La gente quiere ver los pasos, no a los figurantes. Yllanes no cree que «la Semana Santa represente un problema», pues «todas estas polémicas tienen algo de artificial» y concluye que es «necesario que cierta izquierda haga autocrítica, porque algunas protestas o posturas radicales pueden empañar la convivencia»

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