«El islam puede ser tan democrático como el cristianismo o el judaísmo»

El granadino presenta «La conspiración de los ulemas», un título en el que intenta responder a cuestiones sobre el mundo musulmán

El periodista y escritor granadino Francisco López Barrios, recordado por sus trabajos culturales en TVE, plantea en ‘La conspiración de los ulemas’ las grandes cuestiones relacionadas con el Islam contemporáneo. Para explicar y descifrar una serie de interrogantes, es ayudado en este título por Mansur Escudero, el presidente de la Junta Islámica. Lo que le ha movido ha sido dilucidar y responder a los planteamientos que se hacen los occidentales sobre el Islam.

-¿Existen prejuicios respecto a ese pasado andalusí?

-Sí, en la medida en que lo nacional español se ha basado en la rotunda afirmación de la unidad cultural latina y religiosa, sin reconocer la riqueza y la diversidad de sus fuentes nutricias.

-¿Qué tesis plantea en ‘La conspiración de los ulemas’?

-Los ulemas, en su origen, eran los que sabían leer y escribir, dentro de un contexto cultural primitivo como era el de los beduinos, los árabes del desierto. Y, cuando digo conspiración, no me refiero a una conspiración concreta, sino a la identificación del clero, de los que ‘interpretan’ la revelación divina, con las clases sociales dominantes. Véanse los ulemas actuales en Marruecos o los antiguos al servicio de la familia Omeya y la salvaguarda de sus intereses.

-¿Qué aporta su libro, qué defiende?

-Dicen los críticos que aporta un serio estudio sobre el siglo VI y los orígenes ideológicos del islam, entendiendo la ideología como un resultado de los conflictos materiales más allá de la revelación divina, además de sus posteriores choques entre modernizadores y radicales integristas. Y he querido decir, y creo que lo demuestro, que el islam puede ser tan democrático y actual como el cristianismo o el judaísmo, por hablar de otras religiones que pertenecen al mismo tronco fundacional.

Alianza de Civilizaciones

-¿Qué opina de la Alianza de Civilizaciones propuesta por José Luis Rodríguez Zapatero?

-Me parece interesante como proyecto teórico, pero de dudosa efectividad en la vida real. Las civilizaciones difícilmente pueden aliarse porque carecen de cuerpo jurídico. Otra cosa es que se fomente desde el poder, con mayúscula, el mutuo conocimiento. Pero en un régimen de estricta igualdad, y no de concesiones románticas y absurdas, por su valoración igualitaria de culturas que no sólo no son iguales, sino que unas son superiores a otras en contenidos de civilización y respeto a los derechos humanos.

-¿Se ha demonizado al islam en Occidente tras los atentados terroristas?

-Sí, y con motivos justificados, Igual que en el islam se ha demonizado Occidente con motivos también justificados.

-¿Qué opina de los integristas y cómo han influido en el concepto que tiene Occidente del islam?

-Un integrista es, básicamente, un ser desesperado que se siente incapaz de enfrentarse a la realidad. Pero en el Corán se habla de defender a los creyentes de las agresiones de los no creyentes y no de impedir el progreso basado en la inteligencia humana. Todo lo contrario, se reconoce la inteligencia como un don divino, como un reflejo de la voluntad de Dios.

-¿Deben ser los países islámicos quienes busquen su propio camino a la democracia, como dice Tariq Ramadán?

-¿Cómo no? Los islámicos y los no islámicos. De eso se habla también en mi libro. Porque la democracia puede organizarse de muchas maneras y más aún con los nuevos sistemas de intercomunicación que hoy tenemos a nuestro alcance. Pero, en fin, no hablemos del mundo islámico como si se tratara de otro universo: se han dado regímenes republicanos laicos como el de Turquía, o socializantes, como los de los años sesenta en Argelia y Egipto. También en el mundo llamado occidental se han dado dictaduras integristas, como la de Franco, o socialismos radicales, como los de los países comunistas. Quiero decir que cada cultura tiene sus propios ritmos dentro de la evolución deseable hacia el respecto absoluto a las ideas ajenas, siempre que no colisionen, repito, con los derechos humanos. Esto debe quedar claro. Sin jugar a relativismos ni multiculturalismos absurdos.

-¿En qué medida influye la inmigración en la visión del mundo musulmán?

-Es difícil juzgarlo. El musulmán se siente infravalorado, especialmente si es árabe. Invalidado y muchas veces invadido por Occidente. Por eso, reacciona defensivamente contra lo que le rodea, como, por ejemplo, en Francia, silbando al himno nacional francés en los grandes partidos de fútbol. Y por eso, sin saberlo, es víctima muchas veces de su propio rencor. Pero también hay signos esperanzadores y son muchos los intelectuales europeos y musulmanes que están planteando las bases de un Islam dinámico y evolucionado.

-¿Cómo tratan los medios de comunicación occidentales las cuestiones del ámbito islámico y de la comunidad islámica española?

-En general, con un gran desconocimiento. Sobre todo en los países anglosajones. Y muy en función de las imágenes de barbarie que ofrecen las lapidaciones de las mujeres acusadas de adulterio o de la extirpación de manos o piernas en función de determinados delitos. Repito, imágenes de una barbarie de la que no se pueden excluir los bombardeos de Hiroshima o Nagasaki o las reclusiones de Guantánamo. Y es precisamente contra esa barbarie contra las que hoy, por fortuna, se anudan los lazos entre los nuevos musulmanes que, desde Europa y, especialmente, desde algunas comunidades españolas, plantan cara sin miedo a los que han manipulado y manipulan según sus intereses la revelación coránica.

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