El Islam en las escuelas

Lo más acorde con un estado laico y aconfesional como el nuestro sería que no se impartiera ningún tipo de religión en las aulas (ni optativa)

En las últimas semanas ha sido noticia la inclusión del Islam como materia en los colegios, hecho que ha contrariado tanto a los que quieren que la religión cristiana siga en la posición preeminente que observamos en el artículo 16 de la Constitución Española, como a quienes piensan -pensamos- que lo más acorde con un estado laico y aconfesional como el nuestro sería que no se impartiera ningún tipo de religión en las aulas (ni optativa) y eso se dejara como actividad extraescolar.

Para las posiciones más tradicionalistas, cabría recordarles que la Constitución establece la libertad de culto y el principio de no discriminación por motivo de credo en el título de derechos fundamentales. Por lo tanto, ante la posición de mantener la Religión Cristiana en las aulas, era previsible que otra religión que de manera innegable tiene muchos seguidores entre los residentes en nuestro estado, quisiera abrirse paso en la enseñanza primaria como opción a elegir. Por consiguiente, si no se toma la decisión de suprimir las clases de religión es difícil argumentar, en base a la Constitución, que el Islam no tenga un estatus equiparable al Cristianismo en las aulas.

En esto, tengo que alabar la sensatez y sentido común mostrado por la exdirectora del Institut Balear de la Dona Isabel Llinàs en una entrevista concedida este domingo a mallorcadiario.com, en la que mostraba su incredulidad por el silencio del IBDona por la novedad. En un momento en que parece que criticar el cristianismo y alabar el Islam es lo ‘guays’ no está de más en recordar que «La escuela es la escuela y está para que los niños y las niñas aprendan a pensar y a razonar por sí mismos».

Ello no significa en absoluto ignorar nuestro acervo y ser conscientes que somos herederos de una cultura judeocristiana y que este poso se observa en múltiples facetas: el Derecho, el arte, la literatura, la gastronomía, las costumbres e incluso un calendario repleto de festividades esencialmente cristianas. Sin embargo, no cabe en el escenario constitucional no permitir la enseñanza de una religión mayoritaria si se permite la enseñanza de otra también mayoritaria. Cuestión distinta es, si ha de permitirse la enseñanza de una materia que puede difundir creencias que colisionan totalmente con los principios constitucionales más básicos (artículo 1) como son la libertad y la igualdad.

Repito, lo más sensato sería eliminar a la religión de la lista de materias escolares, y que su status fuera de actividad extraescolar.

Francesca Jaume

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