El insoportable clericalismo de la Conferencia Episcopal

Termina la plenaria de los obispos españoles con la rueda de prensa de su secretario general, Luis Argüello, quien ha destacado uno de los puntos clave: la batalla por la escuela concertada católica, amenazada por las palabras de la ministra Celaá.

“Nosotros desde esta perspectiva, desde el respeto al marco constitucional y a los acuerdos firmados, cómo no, estamos dispuestos a dialogar con cualquier gobierno”. Para muestra, un botón: las palabras del secretario general de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, no recuerdan en la forma, y levísimamente en el fondo, el lenguaje de la fe, sino la habitual jerga política que parece ya la habitual entre los prelados de todo Occidente, incluyendo esas ‘coletillas’ que nunca deben faltar y que apenas significan nada concreto como ‘la cultura del encuentro’.

A esa ‘cultura del encuentro’ apeló Argüello para defender la escuela concertada que las palabras de la ministra Celaá parecían poner en peligro en su alocución en el congreso de escuelas católicas, cuando dijo que la libre elección educativa por parte de los padres no estaba en absoluto garantizada por la Constitución.

Y a la Constitución se han remitido los obispos, un texto que parecen haber incorporado al elenco de libros sagrados y que al menos en esta ocasión han invocado más que las Sagradas Escrituras. Dice Argüello -dicen los obispos- que en “los programas electorales de los partidos hay cuestiones preocupantes”, como la eutanasia, pero reitera la necesidad de fomentar una “clave de diálogo y de encuentro, respetando la Constitución y los acuerdos firmados”.

Todos sabemos cómo van esos ‘diálogos’, ¿verdad? Y pocos ignoran que ese “diálogo” y ese “encuentro” se centrará más bien en lo que se ha centrado hasta ahora, que no es tanto denunciar proféticamente la destrucción de los valores cristianos en nuestra sociedad y los ataques constantes contra la fe como en la conservación de las menguantes cuotas de poder de la jerarquía española.

Así, el secretario general asegura que en “el diálogo con los distintos gobiernos” siempre ha sido posible el acuerdo, y como todas las medidas de ingeniería social anticristiana se han impuesto sin demasiados problemas, es obligado concluir que el acuerdo que “siempre ha sido posible” se refiere a cosas muy distintas a las que preocupan al laico fiel. ¿Les he dicho ya que los obispos han aumentado su participación en 13tv?

El problema de los nuevos mantras no es lo que el diccionario dice de las palabras que contienen, sino el uso sesgado, a menudo contradictorio, que se le da. Hemos dicho más de una vez que la “escucha atenta” a la que se anima a todas horas se ejerce de modo extraordinariamente selectivo. En Tailandia, el Papa ha vuelto a cargar obsesivamente contra el ‘proselitismo’, dejado siempre sin definir con claridad, quizá para permitir se sigan haciendo prosélitos del ecologismo y la acogida. Y entre estos mantras está el de la maldad del clericalismo, al que Su Santidad achacó la responsabilidad primaria de los abusos sexuales por parte de sacerdotes.

Ahora bien, si el clericalismo responde a algo real, nuestra conferencia episcopal es el epítome del clericalismo, el colmo del clericalismo, la organización en cuyas asambleas los sucesores de los Apóstoles se obsesionan no tanto por la salvación de las almas que les han sido encomendadas sino fundamentalmente por asuntos estrictamente clericales.

Carlos Esteban

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