El ‘hiyab’ sacude el tablero

Arranca en Teherán el Mundial femenino de Ajedrez, bajo el imperativo de que las jugadoras usen velo
Varias clasificadas subrayan la «opresión a las mujeres» en Irán y renuncian

«Antes preferiría sacrificar mi carrera que ser obligada a vestir un hiyab». Fueron las palabras de la campeona de ajedrez de Estados Unidos, Nazi Paikidze, una de las jugadoras que, pese a estar clasificada, renuncia a tomar parte en el Mundial femenino que comienza este viernes en Teherán.

El anuncio -realizado el pasado octubre- de que la organización de la prueba había sido adjudicada a Irán, desató la polémica. Y de allí, al boicot presente.

Al trascender que las jugadoras estarían obligadas a cubrirse con un velo en todo momento, incluso durante el transcurso de las partidas, fueron varias las que se posicionaron en contra de viajar el evento. Mientras, la Federación Internacional (FIDE) se escuda en la falta de candidaturas alternativas para albergar la competición, que repartirá 450.000 euros en premios entre las mejores 64 jugadoras del mundo a lo largo de 25 días.

«Vestir un velo significaría apoyar la opresión de las mujeres, y no estoy dispuesta a hacerlo. Incluso si eso significa perderme una de las competiciones más importante de mi carrera», explica Paikidze, con un aplomo sorprendente para sus 23 años. «Para mí, es inaceptable albergar un campeonato del mundo femenino en un lugar donde las mujeres carecen de derechos fundamentales».

Aunque el caso de la estadounidense es el más sonado, no es la única jugadora que ha renunciado a su plaza: Carolina Luján, cinco veces campeona de Argentina, y la ecuatoriana Claudia Heredia, campeona panamericana, han secundado el boicot. «Ninguna institución, ni gobierno, ni Campeonato Mundial, deberían forzar a una mujer a llevar el velo o a quitárselo», afirma Claudia.

El uso del hiyab es obligatorio en Irán desde la revolución de marzo de 1979. Curiosamente, en esa misma fecha, el ayatolá Jomeini también se pronunció en contra de la práctica del ajedrez, al considerar que este juego incitaba a las apuestas. Aunque no llegó a estar legalmente prohibido, la federación nacional iraní fue disuelta y el deporte cayó en la marginalidad hasta que, una década después, el propio Jomeini rectificó su opinión, reconociendo el alto valor intelectual y educativo del ajedrez. Actualmente, se ha convertido en uno de los deportes más populares del país, con una selección nacional que ha cosechado buenos resultados en las últimas olimpiadas.

En declaraciones a EL MUNDO, la campeona iraní y Maestra Internacional de ajedrez, Sara Khadem, de 19 años, se muestra comprensiva con la americana: «Entiendo que jugar con velo puede ser incómodo para quienes no están acostumbradas, y respeto su opinión. Pero Irán ha organizado competiciones internacionales con anterioridad y, habiendo hablado con muchas de las participantes, todas le quitaron importancia. Este evento es una gran oportunidad para las mujeres iraníes y una fuente de inspiración para todas, no sólo para las ajedrecistas».

Aunque por motivos completamente distintos, tampoco estará presente en Irán la mejor jugadora del mundo, Hou Yifan. Al igual que en su día Judit Polgar, la ajedrecista china no es partidaria de participar en competiciones únicamente femeninas. En el Open de Gibraltar que finalizó la semana pasada, incluso se dejó ganar en la última ronda como protesta porque, según ella, los organizadores habían manipulado los emparejamientos para propiciar que tuviera que enfrentarse a rivales de su mismo sexo, pese a que la mayoría de los participantes eran hombres. La ausencia de Hou Yifan deja a su compatriota Ju Wenjun como primera cabeza de serie en Irán.

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