El hiyab en la prensa no árabe. Fátima Nabil: una periodista bajo los focos

¿Victoria personal de las mujeres y una muestra de la libertad religiosa o símbolo de la islamización de la sociedad egipcia?

El pasado dos de septiembre, la imagen de la egipcia Fátima Nabil dio la vuelta al mundo y recibió una extraordinaria atención mediática. La razón: era la primera mujer con hiyab en presentar los telediarios de la cadena nacional egipcia desde su fundación hace cincuenta años. Bajo el régimen de Hosni Mubarak, una norma no escrita prohibía la presencia ante las cámaras de mujeres cubiertas con el pañuelo islámico en las cadenas nacionales. Unos días antes de la aparición de Fátima Nabil como presentadora de informativos, el recién nombrado ministro de información Salah Abdel Mansur, perteneciente a los Hermanos Musulmanes, anunció el fin del veto para las mujeres con pañuelo islámico.

La aparición de Fátima Nabil supone un paso importante para muchas mujeres con pañuelo que se quejaban de discriminación. En 2002, una cadena de noticias estatal egipcia excluyó de su trabajo delante de las cámaras a las reporteras Hala Al Makli y Ghada Al Tawil después de que estas se cubrieran con el pañuelo islámico. Tras ir a juicio y a pesar de que los tribunales les dieron la razón, la cadena, amparada por Mubarak, rechazó volver a contratarlas. La misma Nabil, pasó el último año trabajando en la cadena de los Hermanos Musulmanes Maser 25 tras negársele la posibilidad de aparecer ante las cámaras de la televisión nacional. Esta norma afecta también a mujeres en otros ámbitos profesionales, sobre todo en aquellos relacionados con el turismo, y se espera que el ejemplo de la cadena televisiva empiece a aplicarse en estos sectores. Tal puede ser el caso de la compañía aérea Egyptair, donde unas 300 trabajadoras de la empresa esperan ahora que los tribunales acepten su demanda para ejercer como asistentes de vuelo cubiertas con el hiyab.

La prensa no árabe se ha hecho eco de la noticia hasta niveles insólitos . Diarios como El País o The Guardian, han dedicado hasta tres artículos a la presentadora y la noticia ha encontrado un espacio en casi todos los medios de comunicación internacionales. La mayor parte de diarios debatían si, tal y como opinaba Nabil, la noticia reflejaba la victoria personal de las mujeres y una muestra de la libertad religiosa o si, por el contrario, suponía un símbolo de la islamización de la sociedad egipcia. En algunos medios, se apuntaba también a que esta medida podía suponer una forma de presión sobre las mujeres no cubiertas mientras que, en otros, se preguntaban si acaso no era un fenómeno natural en una sociedad donde una amplia mayoría de mujeres lleva hiyab.

La misma controversia se daba también entre la opinión pública árabe. La cadena de televisión catarí Al-Jazeera afirmaba que la nueva medida suponía una «representación más real de la sociedad egipcia». Sin embargo y a pesar de celebrar la noticia, en su artículo «Victoria para las mujeres y la libertad de expresión» , Lina Kheir comentaba: «Creeré que la televisión nacional representa de verdad a la sociedad egipcia cuando vea a una mujer negra nubia o a una cristiana con una cruz leyendo las noticias como Fátima».

Lo que llama la atención no es solo la gran atención que ha recibido la noticia sino también su enfoque. Por un lado, sorprende el revuelo causado por la presentadora si se tiene en cuenta que en las cadenas de televisión nacionales de casi todos los países árabes aparecen mujeres cubiertas y que también lo hacen en la versión árabe de la reconocida Al Jazzera. En Egipto, hay presentadoras de televisión que visten hiyab en cadenas privadas e incluso, hace poco, la cadena de televisión Ummah TV, perseguida durante el régimen de Mubarak, comenzó una emisión con presentadoras que llevan niqab —un velo integral— . Pero aún resulta más llamativo que la figura de la mujer se utilice como símbolo de la islamización de la prensa egipcia justo en un momento en el que el Gobierno de Mursi está siendo acusado de tomar los medios de comunicación nacionales egipcios para usarlos como altavoces de su partido.

El último informe anual de Fredoom House sobre libertad de prensa, considera a Egipto un país «no libre» y las últimas acciones del Ejecutivo de Mursi, no parecen refutar este análisis. El 8 de agosto, el Senado egipcio colocó al frente de los más importantes medios de prensa nacionales a miembros de los Hermanos Musulmanes y el jefe de redacción del diario Al-Akhbar ya ha sido acusado de censurar artículos contrarios al Gobierno. También en las últimas semanas, la cadena de televisión privada Al-Farín fue suspendida de emisión durante un mes y amenazada con la retirada de licencia después de que su director y también presentador Taufiq Ukasha pidiera la dimisión de Mursi. Además, la tirada del periódico independiente Al-Dustur fue confiscada y acusada de «dañar al presidente a través de frases y expresiones castigables por la ley» y los tribunales ordenaron el arresto preventivo de su director, Islam Afifi. Las protestas posteriores, obligaron al Gobierno a anular el arresto preventivo de periodistas, un procedimiento heredado del régimen de Mubarak.

A pesar de que todas estas acciones suponen signos del control de los medios de comunicación, ninguna de ellas ha tenido tanta repercusión como la imagen de Fátima Nabil cubriendo sus cabellos. Así, el enfoque de la prensa se ha centrado sobre todo en la figura de la periodista y en el uso del hiyab como medida de la islamización del país. Ejemplos de ello son el mismo título del artículo de opinión del El País «Mujeres libres para taparse» , la descripción completa del atuendo de la presentadora en la mayoría de los medios o, en ocasiones, el uso de frases como la siguiente: «En esta capital resulta común ver a las adolescentes y jóvenes ataviadas con pantalones vaqueros, maquilladas hasta la perfección, con la cabeza y parte del pecho cubiertas por el hiyab que, de paso sea dicho, proporciona un marco favorecedor a los rostros femeninos» . Quizá la prensa no árabe debería poner más énfasis en reflejar los ataques a la autonomía de la prensa egipcia y frenar la tendencia a utilizar el cuerpo de la mujer como única herramienta de medida de la islamización de una sociedad. Tal y como Khair comentaba en su artículo «el problema de Maspero (la televisión nacional egipcia) no es sobre qué lleva puesto la presentadora de noticias, sino que tiene más que ver con la necesidad de liberarla del control del régimen y del Estado para que se convierta de verdad en la televisión de la gente».

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