El Hiyab en el Islam: prescripción o costumbre (y IV)

¿Cómo en una sociedad donde las mujeres visten niqab se iba a establecer el testimonio cuando no se les puede ver la cara? Imaginemos un robo en un supermercado, la mujer lleva niqab, la cámara y los presentes no ven la cara de la persona que está detrás del niqab, ¿Cómo van a atestiguar contra esa persona? Y esta es una de las millones de preguntas que se pueden plantear sobre el tema de la identidad y su relación con el testimonio en un modelo social donde las mujeres lleven Niqab.

¿Es lógico que el Profeta, la paz sea con él, o sus compañeros hayan establecido estas normas a sabiendas de la importancia del testimonio en el Islam?

Obviamente verificando la validez de esos hadices y revisando la historia encontramos que eso era un imposible.

En cuanto a los intentos de justificar el velo mediante relatos o hadices atribuidos al Profeta. Basta decir que el hadiz considerado más sólido en cuanto a la cadena de trasmisión, resulta que padece de un problema de veracidad insalvable.

El hadiz está recogido en la colección de Abu Dawudd donde se atribuye a Aicha, la mujer del Profeta, que narra a su vez de Asma hija de Abu Bakr que el Mensajero, la paz sea con él, le dijo: Asma: cuando la mujer cumple la edad de pubertad sólo es correcto que se le vea esto y esto. Los comentaristas interpretaron que señaló las manos y la cara.

Este hadiz presenta muchas irregularidades, el propio Sheij Ibn Baaz, considerado una de las máxima figuras del salafismo contemporáneo, afirmó que es una narración de Jalid Ibn Duraik, y Jalid Ibn Duraik nunca se encontró a Aicha (mujer del Profeta), puesto que nació después de que Aicha falleciera, por lo que es imposible que haya narrado de ella este hadiz. Otro problema que encontramos en la cadena también es el de  Said Ibn Bashir, y de este narrador no se aceptan hadices ya que los escolásticos hadicistas lo consideran un narrador de débil veracidad. Y el hadiz presenta muchos más problemas y no es veraz “sahih” en cuanto a cadena de transmisión de los principios escolásticos del hadicismo.

En cuanto al resto de hadices, ni siquiera merecen ser señalados debido a la cantidad de incoherencias y contradicciones que presentan tanto en su contenido como en su transmisión.

Como conclusión a este breve ensayo sobre el Hiyab, tal como afirmó el Imam Muhammad Abdu (1845 – 1905) antiguo mufti de Egipto hace más de un siglo en la obra Al-a’maal Al-kaamila, dijo: «el Hiyab y el Niqab no tienen nada que ver con el Islam, son costumbres de distintos pueblos que han abrazado el Islam>>. Se trata por lo tanto de una manifestación cultural que puede ser más o menos legítima dependiendo del significado que se le de en cada caso o un símbolo que puede tener significados varios para cada mujer, pero no tiene ningún fundamento islámico válido.

Lo cierto es que el Hiyab sigue de facto siendo una cortina, pero una cortina de humo para entretener a los creyentes en temas superfluos que no benefician en nada a los objetivos sublimes del sagrado Corán. De esta forma el centro del debate ya no se enfoca en la justicia social, la necesidad de los huérfanos, la honestidad, la solidaridad, la búsqueda del conocimiento, el aprendizaje de la superación de los desafíos del ego… Más bien, lo que se pretende es que estemos entretenidos en decirle a la mujer cómo tiene que vestir, y si con ello satisface a las imposiciones del varón, ergo Dios estará complacido. En otras palabras, el mayor problema de los musulmanes y la humanidad prácticamente giraría en torno a un trozo de tela.

Así que, el Sr. Tatary haría bien en recordar que en el Islam no hay un clero, y que él no puede ni debe traspasar los límites de sus funciones que abarcan la gestión de una comisión que carece de la competencia para afirmar que el Hiyab es una obligación religiosa, pues de haberse documentado, aunque sólo un poco, como mínimo habría afirmado que es una cuestión discrepante y no aseverar una afirmación que excluye a millones de mujeres musulmanas comprometidas con su fe y los principios de las enseñanzas coránicas como la honestidad, la justicia, la solidaridad, la lucha contra la tiranía y la corrupción, y la lucha por la igualdad, y que no aceptan el Hiyab como precepto islámico.

Houssain Labras, Presidente del Instituto Teológico de Estudios Islámico (ITEI) 

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