El Gobierno se lava las manos en la batalla del crucifijo

Zapatero renuncia a la Ley de Libertad Religiosa «porque no hay urgencia»

La batalla del crucifijo vuelve a reactivarse por sentencias contradictorias que han vuelto a enfrentar a partidarios y detractores de la simbología religiosa en las aulas. Y es que mientras el Tribunal Constitucional inadmitía un recurso de una asociación para que se retirasen todos los crucifijos de un colegio de Valladolid, la Consejería de Educación extremeña se adelantaba al Tribunal Superior de Justicia de Extremadura y casi al mismo tiempo retiraba crucifijos en otro colegio de Almendralejo (Badajoz).

Esa misma división de pareceres se vio ayer entre las asociaciones de padres. El presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres de Alumnos (Ceapa), Pedro Rascón, hizo hincapié en que «toda simbología religiosa debe desaparecer de los centros  educativos públicos» y lamentó que el Gobierno «haya perdido una oportunidad de llevar esto  a cabo al abandonar la ley de libertad religiosa». Sin embargo, Luis Carbonel, presidente de los padres católicos, lamentó lo ocurrido en el colegio de Almendralejo ya que «supone sacar las cosas de quicio porque la cruz pertenece a la identidad cultural de España, Europa y América y cuando alguien pierde sus raíces queda a merced del vacío»,  advirtió. En una línea similar se pronunció la patronal de la enseñanza privada-concertada, CECE. Su presidente, Antonio Rodríguez Campra, se preguntaba ayer «si a esos alumnos no se les prohibirá también entrar en el Museo del Prado, lleno de simbología religiosa», dijo a Servimedia. «Las minorías están imponiendo a la mayoría una nueva religión llamada laicismo», sentenció.

España, no obstante, está muy atenta a la resolución del recurso de casación presentado en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en Estrasburgo, que defienden el crucifijo como un símbolo de identidad europeo.

 Adiós a la ley
 Y como en otros asuntos, también en laicidad y Libertad Religiosa, el presidente del Gobierno anda reinventándose. El que fuera abanderado de la reforma de la ley y llevara en su programa electoral el compromiso de afrontar un profundo cambio, ha dejado de  agitar esta bandera. No sólo eso, sino que definitivamente ha aparcado una promesa que, en absoluto, era fruto de una demanda social ni estuviera entre las preocupaciones de los ciudadanos. Zapatero se refirió ayer por primera vez al asunto, en respuesta a una pregunta del republicano Joan Ridao.

«No hay urgencia ni necesidad imperiosa» para reformar la Ley Orgánica de Libertad Religiosa porque ésta se ejerce «sin ningún problema en España y no hay discriminación por razón religiosa», afirmó para sorpresa de los más combativos laicistas del Grupo Socialista.

Sus palabras confirmaban, como ya adelantó este periódico en el anterior periodo de sesiones, que el Gobierno no tiene planes de acometer esta iniciativa, y que además una reforma de estas características exige «el mayor consenso político y social». Lo dijo de otro modo: «La ley de 1980 ha cumplido bien su función y aunque necesita ser actualizada, el Gobierno no cree que sea urgente».
 

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