El Gobierno alemán activa su plan de apoyo a las víctimas de la pederastia

La mesa de trabajo iniciará sus sesiones en mayo con la intención de presentar un catálogo de medidas preventivas y también ayudas concretas a las víctimas antes de fin de año.

El Gobierno alemán activó su plan de apoyo a las víctimas de la pederastia, ante la alarma social por los escándalos de abusos tanto en instituciones eclesiásticas como en centros laicos y en busca de soluciones a unos casos de compleja persecución judicial puesto que a menudo prescribieron como delito.

"Muchos de esos delitos habrán prescrito, pero la responsabilidad de auxiliar a sus víctimas no prescribe", declaró la ministra de la Familia, Kristina Schröder, al inaugurar las sesiones de la mesa de trabajo creada para el esclarecimiento de los centenares de casos de pederastia revelados en los últimos meses en todo el país.

La mesa de trabajo agrupa a tres ministras de Angela Merkel -la de Justicia, Sabine Leutheusser-Scharrenberger, la de Educación, Annette Schavan, además de Scrhöder- así como la ex ministra Christine Bergmann -titular de la Familia en el gobierno de Gerhard Schröder y ahora encargada especial del gobierno para ese cometido. Completan el grupo, con un total de 61 miembros, representantes de la Iglesia, médicos, docentes y juristas, con el objetivo de reunir a un espectro lo más amplio posible para acometer una problemática que ha socavado la credibilidad de las instituciones religiosas, especialmente las católicas. La mesa iniciará sus sesiones de trabajo el próximo mayo con la intención de presentar un catálogo de medidas preventivas y también ayudas concretas a las víctimas antes de fin de año.

Los ámbitos son diversos y los objetivos de cada ministra implicadas asimismo distintos: mientras la de Justicia se centrará en posibles indemnizaciones a las víctimas -lo que la propia Leutheusser-Schnarrenberger admite como complejo-, sus colegas de Educación y la Familia lo harán en el apartado de la prevención. La encargada de coordinar los grupos de trabajo y campos de actuación será Bergmann, quien asimismo dirigirá las consultas y servicios de asistencia puestos a disposición de las víctimas.

Hasta ahora, no hay un cómputo claro de víctimas, ya que desde que estalló el primer escándalo -a finales de enero, en una escuela de elite jesuita de Berlín- ha habido un goteo casi diario de otros casos hasta alcanzar todas las diócesis del país. De las primeras revelaciones en instituciones y centros católicos se pasó en cuestión de semanas a casos algo más aislados, pero asimismo notables, en escuelas evangélicas y pensionados no confesionales, así como hospicios de la extinta República Democrática Alemana (RDA). Se trata, en la mayoría de los casos, de abusos cometidos en los años 70 y 80 -y para los que no hay persecución judicial posible, puesto que estos delitos prescriben a los diez años-, pero también de otros más recientes, en los 90 o posteriormente.

Por si fuera poco, al contexto de abusos sexuales se sumaron revelaciones acerca de violencia física en las escuelas, cuyo caso más flagrante, hasta ahora, derivó en la dimisión del obispo de Augsburgo, Walter Mixa, tras admitir que siendo párroco maltrató físicamente a niños de una residencia infantil en Baviera. Mixa puso su cargo como obispo y obispo militar del Ejército alemán a disposición del Papa Benedicto XVI en una carta personal enviada al Vaticano, semanas después de que surgieran las primeras sospechas acerca de sus brutales castigos físicos a menores. El prelado, quien inicialmente rechazó todas las acusaciones y habló únicamente de haber propinado "alguna torta" a sus alumnos, acabó reconociendo que castigó físicamente a niños, tras aparecer declaraciones juradas de éstos, ahora adultos, acusándole de haberles dado palizas brutales.

Los casos de violencia física en instituciones católicas han discurrido paralelamente a los de abusos sexuales y han salpicado especialmente a Baviera, estado natal del Papa Joseph Ratzinger. Primero se revelaron casos de pederastia en varios conventos bávaros, así como en la escuela del Coro de Ratisbona, que dirigió durante 30 años el hermano del pontífice, Georg Ratzinger, a quien asimismo se le ha atribuido predisposición al castigo físico. Ambas cuestiones, la brutalidad física y los abusos sexuales, han mermado la confianza de los alemanes en el Papa y la Iglesia Católica, con 25 millones de creyentes en Alemania, aproximadamente los mismos que la Evangélica.

Según una encuesta de la televisión pública ZDF, un 82 por ciento de los alemanes considera que la Iglesia Católica no ha adoptado las medidas pertinentes frente a la pederastia y apenas un 12 por ciento considera que sí ha actuado con la debida contundencia.

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