El gesto de las autoridades de la Iglesia en Uruguay

“Iglesia recibirá en parroquias datos sobre desaparecidos”, fue ayer el título principal de La República. Al pie del mismo se pudo leer: “Desde Roma, Daniel Sturla planteó que aquella persona que tenga información o datos sobre lo ocurrido en la dictadura cívico-militar, la pueda aportar en cualquiera de las parroquias”. “Esta es una contribución que quizá ayude a traer paz en los corazones de los uruguayos”, indicó.

Esta actitud de la Iglesia Católica uruguaya no nos debe sorprende en tanto la misma nunca estuvo comprometida con el régimen de facto, una postura por cierto muy distinta a la de algunos sectores de esta institución religiosa, que se alinearon en Chile y Argentina junto a los golpistas y a las tendencias de perfil fascista.

Si bien en nuestro país la Iglesia Católica no ha tenido un peso decisivo a la hora de las grandes definiciones políticas, igualmente la misma ha influido en los distintos estratos sociales desde una óptica liberal y democrática. Si bien esto viene de lejos, no se puede olvidar que la presencia del Partido Demócrata Cristiano en la estructura fundacional del Frente Amplio, profundizó el respeto a todas las creencias.

Si hubiera que explicitar cual es la ideología dominante en Uruguay sin temor a equívocos, se podría decir que nuestro país es una sociedad laica, que no solo expresa el sentir de quienes promovieron la separación de la Iglesia del Estado, sino que a la vez fortalece el papel político y social de aquellos que no creen en dios.

El espíritu laico de los uruguayos ha llevado a que la sociedad de los orientales no resuelva sus diferencias por medio de la violencia, alejando del horizonte la tentación de la fuerzas internas de recurrir a las armas. Como dicen los franceses “El laicismo permite el ejercicio de la ciudadanía, conciliando la libertad de cada uno con la igualdad y la fraternidad”, se lee en uno de los 15 “mandamientos” de La Carta de la Laicidad.

Con esta iniciativa de la Iglesia Católica se abre la posibilidad de encontrar un ámbito de respeto y de libertad donde se puedan recoger denuncias que permitan enriquecer el camino de la verdad, la justicia y la memoria. Solo resta esperar que este mensaje llegue a las zonas más alejadas de la sociedad uruguaya, donde el diálogo sea construido dentro del pensamiento laico. Si así pasare el conocimiento de la tragedia de la noche dictatorial, fortalecerá la paz y la superación del dolor.

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