El genocida Obama condena algunas ejecuciones

   EL Estado Islámico ha degollado a un estadounidense cristiano que no debiera haber ido a su territorio. Al confirmarse que Steven Joel Sotloff ha sido degollado, el presidente de los Estados Bandidos de América ha hecho unas declaraciones belicistas, como todas las de este vergonzoso premio Nobel de la Paz de 2009, para eterna vergüenza del Comité Nobel que los concede: “Ha sido un horrendo acto de violencia que no quedará impune. Debemos organizarnos para acabar con este cáncer. Seremos implacables”, ha anunciado el Hitler del siglo XXI.

   Esto lo dice el presidente de una nación en la que todos los estados federados admiten la pena de muerte para los delitos federales. Para los estatales la pena de muerte está vigente ahora en 32 estados. La jurisdicción militar contempla la pena de muerte para los que ella considera delitos.

   En los últimos años se abandonaron los tradicionales métodos de matar a los condenados en la horca, la silla eléctrica o la cámara de gas. Han sido sustituidos por una inyección letal, compuesta de bromuro de pancuronio y cloruro de potasio, aplicada después de procurar al reo pentotal sódico como anestésico.

Un espectáculo para gringos blancos

   Las ejecuciones son públicas en ese cristiano país. Cualquier persona (¿pero se le puede llamar persona?) tiene la posibilidad de solicitar una invitación para presenciar el espectáculo, a través del cristal, desde una sala vecina a la de ejecución. Los invitados, todos blancos, naturalmente, a contemplar la ejecución de Clayton Lockett, un negro, naturalmente, el pasado día 29 de abril en la penitenciaría de McAlester, en Oklahoma, debieron de regocijarse mucho al observar las convulsiones con las que se estuvo retorciendo durante 43 minutos antes de fallecer.

   Según explicó el alcaide, el motivo de la tardanza en surtir sus mortíferos efectos la inyección, fue debido a la modificación del producto farmacéutico ordinario de la inyección letal por uno nuevo, midazolam, todavía en fase experimental, para estudiar sus resultados. Que consistieron en 43 minutos de agonía terrible entre espasmos horrorosos. Y dicen que los Estados Bandidos de América son una nación cristiana cumplidora de la ley de su dios, la más civilizada del planeta, la más avanzada en la defensa de los derechos humanos. De los ciudadanos blancos, tal vez.

   Declaro que estoy en contra de la pena de muerte en cualquier circunstancia y por cualquier método para cualquier delito. Pero me repugna que el presidente de una nación en la que se mata lentamente a condenados martirizándolos, denuncie a otro Estado en que se ejecuta a los reos rápidamente. Protesto contra los asesinatos de Sotloff y de Lockett, los dos son hechos inhumanos, pero Sotloff murió en un segundo, y Lockett en 43 minutos. El procedimiento islamista es muchísimo menos cruel que el cristiano.

El corredor de la muerte

   Eso sin contar el tiempo que los condenados pasan en el corredor de la muerte, en espera del cumplimiento de la sentencia. Quizá el nombre de Caryl Chessman no signifique nada actualmente para muchas personas. Pasó doce años en el corredor de la muerte de la Prisión Estatal de San Quentin, en California, acusado de cometer un delito que él negaba. En ese tiempo se licenció en Derecho, para autodefenderse, y publicó cuatro libros contra la pena de muerte, de los que conservo uno que es aterrador. Por ese motivo su caso fue conocido internacionalmente, y muchas personas solicitaron clemencia para él. Todo resultó inútil. El 2 de mayo de 1960 fue ajusticiado, si se puede llamar justicia a ese acto criminal. Estuvo esperándolo durante doce años. El Estado Islámico es más rápido.

   Los medios de comunicación españoles, que atraviesan por un momento de déficit generalizado, han clamado al cielo, o mejor al infierno, para condenar la ejecución practicada en el Estado Islámico. En cambio, les resulta plausible que en los Estados Bandidos se mantenga a los reos durante años en el corredor de la muerte, y después se experimenten procedimientos para quitarles la vida muy poco a poco, mientras unos orondos ciudadanos contemplan el espectáculo, como si estuvieran en una sala de proyecciones cinematográficas, con la diferencia de que las ejecuciones son gratuitas.

   La CIA dispone de mucho dinero para sus actividades, todas ellas ilícitas, practicables en cualquier lugar del mundo. Todo se compra y todo se vende. Hasta la opinión pública.

El negocio de la guerra

   Los presidentes gringos han tratado siempre como colonias a los restantes países del mundo entero, y se consideran con derecho a utilizar sus fuerzas armadas en cualquier lugar. Lo ha recordado el genocida Obama en Estonia, adonde ha ido para atizar más la guerra fría, a ver si la convierte en caliente. Por desgracia, desde la desaparición de la Unión Soviética nadie se atreve a parar las actividades delictivas de los Estados Bandidos.

   Destruyeron Vietnam asesinando a su población, para nada, porque debieron escapar de allí a toda prisa. Han destruido Irak y Libia, causando miles de muertos, para nada, porque los regímenes políticos que han pretendido imponer con sus marionetas son rechazados por el pueblo. Lo mismo pasa en Afganistán, en donde además hemos podido ver escenas de un salvajismo inhumano, protagonizadas por soldados gringos, que torturaban a los prisioneros y orinaban sobre ellos.

   El negocio del armamento militar es muy rentable. En Estonia el belicista premio Nobel de la Paz de 2009 ha reclamado a los países pertenecientes a la Organización Terrorista del Atlántico Norte (OTAN) que aporten más dinero para renovar su armamento, el que deben comprar a los fabricantes gringos, naturalmente, con el fin de proteger mejor al Imperio.

En España, mucha ruina y mucha fruta

   Apuesto que el Gobierno del marciano Rajoy lo dará, pese a mantener al reino en ruinas. El Ministerio de Defensa acumula un déficit de 27.000 millones de euros, gracias a la disparatada gestión de la sociatonta Carme Chacón, La Niña de la OTAN, La Hiena de Libia, la que entregó Rota a la OTAN para que la convierta en una base de misiles nucleares, la que compró armamento a crédito a los fabricantes gringos, y ahora hay que pagarlo, porque es forzoso obedecer las órdenes del emperador.  

   Todo sea por los desfiles de la Victoria que se suceden desde 1939, presididos por el rey católico nuestro señor, más orgulloso de sus fuerzas armadas que de la economía nazional.

   Otra de las desventuras que nos proporciona estar instalados en la OTAN, gracias al referéndum organizado por el padrino de la mafia sociata González, es haber perdido las exportaciones agrícolas y ganaderas a Rusia. El marciano que nos desgobierna no pensó que si la OTAN adoptaba sanciones contra Rusia, debía esperarse una respuesta semejante por parte del sancionado. Este 3 de setiembre ha sido causa de general regocijo contemplar a Isabel García, ministra de Agricultura, comiendo una fruta con gesto pícaro, algo así como el que debió de adoptar Eva para incitar a Adán a compartir la suya (que no era una manzana). Con ese estúpido gesto la impopular ministra nos anima a comer mucha fruta, verdura, huevos y carne, para compensar la falta de exportaciones a Rusia.

   ¿No sería más rentable salir de esa organización terrorista, librarnos del colonialismo gringo, y recuperar la independencia, para exportar nuestros productos en libertad, y comernos los reservados para el mercado interior sin que nos sepan mal?

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