El futuro papel de Benedicto, el otro enigma vaticano

Mientras se alista el cónclave, muchos creen que Ratzinger seguirá activo desde Castel Gandolfo

Mientras el Vaticano entraba ayer de lleno en situación de "sede vacante" y se multiplicaban los contactos con vistas a la elección del futuro pontífice, comenzaron a salir a la luz graves inquietudes sobre el verdadero alcance de la renuncia de Benedicto XVI.

Lejos de esa mundanal agitación, el primer papa emérito de la historia miró televisión y durmió benissimo en su nueva morada de Castel Gandolfo. " Ha dormito benissimo . Hoy [por ayer] pasará el día entre plegarias y reflexión, y después se ocupará de los mensajes que recibió. Por la tarde podría hacer su acostumbrado paseo por los jardines mientras reza el rosario", relató el padre Federico Lombardi, vocero del Vaticano.

Los detalles de esa primera jornada de libertad del cardenal Joseph Ratzinger fueron obtenidos por Lombardi durante una conversación telefónica que mantuvo con el secretario privado de Su Santidad, monseñor Georg Gänswein.

"La mañana comenzó a las siete con la misa, siguió con la lectura del breviario y el desayuno", le dijo "don Georg", como se lo llama en el Vaticano.

Entre otros detalles, el fiel colaborador le explicó que Benedicto XVI trasladó a Castel Gandolfo una parte importante de su biblioteca, sus documentos, sus partituras musicales y, sobre todo, su piano, en el cual suele tocar regularmente obras de Mozart y de Beethoven, sus autores preferidos.

Ese banal informe sobre la primera jornada del hombre que decidió renunciar al ministerio petrino para retirarse del mundo dejó planeando una sensación particular. Una vez más, la realidad pareció ser mucho más ambigua que las declaraciones, lo que dio un significado particular a las dudas e interrogantes sobre el verdadero alcance de esa renuncia.

Oficialmente, cardenales y obispos aceptaron esa decisión con obediencia y comprensión. La única voz altisonante fue la del cardenal polaco Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia, ex secretario de Juan Pablo II: "De la cruz no se desciende", sentenció, recordando cómo Karol Wojtyla permaneció en su puesto, a pesar de su interminable agonía.

Esas palabras fueron interpretadas por los observadores como una crítica a la decisión de Benedicto XVI, que pareció responderle el 27 de febrero, en su última audiencia pública: "Mi decisión de renunciar al trono de Pedro no revoca la decisión que tomé el 19 de abril de 2005 [cuando aceptó la carga]. No abandono la cruz, seguiré allí de otra forma", dijo en forma enigmática.

Desde ese momento, muchos se preguntan si, en el fondo, cuando el humo blanco aparezca por la chimenea de la Capilla Sixtina trayendo la buena nueva, la cristiandad no tendrá -sin imaginarlo- dos papas simultáneos: uno formal, que saldrá del cónclave, y otro emérito, ermita o espiritual. Una suerte de papa in pettore o de shadow pope , que seguirá llevando sobre sus hombros la cruz que tomó el día de su elección al trono de Pedro y que -en lenguaje litúrgico- significa "cargar con el peso y la responsabilidad del gobierno de la Iglesia Universal".

Un gesto espiritual

"Benedicto XVI no ha renunciado a la cruz. Ni a su responsabilidad. Pero la asumirá de otra manera. Su gesto debe ser interpretado en forma exclusivamente espiritual", explicó a su vez monseñor Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización.

"La Iglesia puede ser comparada a un árbol, que necesita raíces para poder tener tronco, ramas y flores", prosiguió. "El papa Ratzinger parece haber decidido transformarse en esas raíces. Ése será su pontificado, al punto de permanecer en el predio mismo de la Santa Sede", concluyó.

Monseñor Fisichella puso así el dedo en otro de los grandes interrogantes de este episodio excepcional: puede vivir en cualquier sitio, pero Joseph Ratzinger tomó la decisión de permanecer en el Vaticano, a menos de cien metros del nuevo pontífice, en un convento ubicado en los jardines de la Santa Sede.

"También decidió seguir vistiéndose de blanco y, sobre todo, conservar su título y su tratamiento: «Su Santidad, el Papa», aunque sea emérito", señala un sacerdote español.

La anomalía de la situación parece haber traumatizado a más de un cardenal. Al punto de que muchos purpurados estarían dispuestos a solicitar al futuro pontífice que incluya en su discurso inaugural la promesa de no renunciar.

Ese día, algunos príncipes de la Iglesia "solicitarán al nuevo pontífice una clara mención: que un papa solo puede decidir serlo para siempre. La norma actual sobre la dimisión no se puede abolir. Pero el futuro pontífice necesita garantizar la libertad de la Iglesia contra condicionamientos externos", escribió ayer Massimo Franco, editorialista del influyente periódico Corriere della Sera.

Franco, uno de los hombres mejor informados de Roma, afirma que muchos prelados quieren evitar por todos los medios una desacralización de la función papal que termine colocándola al mismo nivel que la presidencia de una gran multinacional.

La nueva autoridad en el Vaticano

El cardenal Bertone asumió como camarlengo

  • Tarcisio Bertone
    Cardenal camarlengo
    Edad: 79 años
    Origen: Italia
  • Durante el periodo denominado "sede vacante", el camarlengo es el administrador temporal de los bienes y derechos de la Santa Sede hasta la elección del nuevo papa
  • Desde 2006, Bertone era el secretario de Estado, el cargo más importante del Vaticano después del Papa; fue ratificado en 2010, pese a superar la edad jubilatoria
  • El jueves, Bertone selló los aposentos del papa renunciante, que serán reabiertos tras la elección de su sucesor

El cardenal Tarcisio Bertone (centro) encabezó anteayer, en Castel Gandolfo, el inicio de la sucesión. Foto: EFE

Archivos de imagen relacionados

  • Bertone asume gobierno
Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...