El FMI exige una Ley de Libertad Religiosa

“La visita del Papa es una oportunidad y un escaparate para nuestro país, y eso también tiene una rentabilidad económica. No hay que ser cicateros.” -Fernando Giménez, vicesecretario económico de la Conferencia Episcopal-

En su encuentro de ayer en Moncloa, el director del FMI, Dominique Strauss-Khan, pidió al presidente del Gobierno un mayor esfuerzo en la laicidad del Estado. “Es imprescindible y urgente acabar con los privilegios de la Iglesia Católica en España”, dijo Strauss, que se suma a quienes en los últimos meses han exigido la aprobación inmediata de una nueva Ley de Libertad Religiosa, desde el Gobernador del Banco de España a las autoridades europeas, pasando por el Financial Times o la patronal bancaria, entre otros.

Es mentira, vale, pero déjenme fantasear un rato. Estaba pensando en qué haría falta para que el Gobierno se atreviese a meter mano al asunto religioso, y pusiera en su sitio a la Iglesia Católica. Y lo único que se me ocurre es eso: que lo exija el FMI, que lo pida Europa, que sea necesario para devolver la confianza a los mercados.

Pero nada de eso ha ocurrido, y después de meses de alimentar expectativas y trabajar en el nuevo texto, parece que el Gobierno, cuando ya tenía lista la nueva ley, ha decidido envainársela. Me temo que ni siquiera la ha metido en la nevera para retomarla más adelante, sino directamente en el cajón, a ver si se descompone y se le pasa del todo su oportunidad. Por lo visto ahora no es el momento, hay otras prioridades, y prefieren no enredar en asuntos sensibles.

Pero no sólo eso: dicen que pesa también la próxima visita del Papa, a quien es mejor no incomodar. Yo lo entiendo perfectamente, sobre todo después de que los obispos hayan recordado que la visita del santo padre es, además de un alivio espiritual, un buen negocio –como bien saben los de Gürtel, que se llevaron millón y medio en comisiones tras su paso por Valencia-.

Si alguno se había hecho ilusiones con la posibilidad de que el Estado se sacudiera la religión oficial de una vez por todas, ya puede despertar. Seguiremos teniendo crucifijos en centros públicos, funerales de Estado católicos, militares en procesión y obispos con todo tipo de privilegios. El laicismo tendrá que esperar mejor ocasión. Amén.

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