El Florido Pensil

La sacrosanta Constitución española, inmutable salvo cuando al PP y al PSOE les conviene retocarla a toda prisa y a espaldas de los españoles, establece en su artículo 16.3: «Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones». Inferir de tal precepto que en la asignatura de Religión, sea obligatoria u optativa, debe impartirse catequesis, rezos incluidos, supone una torsión de la Carta Magna que solo puede obedecer al sesgo ideológico de la mayoría gobernante. O a sus deudas con la jerarquía episcopal.

Lo primero que habría que aclarar es cómo se determina, de acuerdo con el citado artículo de la Constitución, cuáles son las «creencias religiosas de la sociedad española». Para empezar, habría que tomar nota de los 1.732.000 musulmanes contabilizados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Y también tener en cuenta que, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), solo el 15% de los ciudadanos se declaran practicantes de alguna fe. De la católica mayoritariamente, pero no en exclusiva.

La decisión del ministro José Ignacio Wert y del PP de evaluar la asignatura de Religión a efectos académicos, aunque sea –¡solo faltaría!– de libre elección, da satisfacción a una vieja demanda de la Conferencia Episcopal, que en virtud de los acuerdos con la Santa Sede determina los contenidos a impartir y recibe del Estado la correspondiente financiación. Pero resulta del todo excéntrico que el mismo Ejecutivo que se empeña en imponer a las autonomías los currículos educativos subcontrate a los obispos no ya el temario a enseñar, sino la entera redacción de una orden ministerial con fuerte olor a incienso.

Rechazo generalizado

Ni los padres de alumnos ni las escuelas cristianas comulgan con estas ruedas de molino: los unos llaman al boicot de la asignatura, las otras la rechazan por antipedagógica. Los manuales de El Florido Pensil no tienen cabida en una sociedad abierta que pasó página del ajado nacionalcatolicismo.

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