El fin del mundo… ¡mola!

Como sólo quedan diez meses para el fin del mundo, son muchos los que quieren enterarse de primera mano sobre lo que va a pasar exactamente, de modo que el Museo del Libro de la Universidad de Sajonia, en Dresde, se ha visto obligado a ampliar sus horarios de visita, tres horas más cada día, para gestionar el flujo de curiosos que desea ver con sus propios ojos el códice maya que muestra la predicción milenaria y señala como la fecha fatídica, una vez traducidos los complejos jeroglíficos, el 21 de diciembre de 2012.

"Desde hace tres años vivimos un boom de visitas al museo, pero estos meses de atrás era ya imposible la circulación por las salas sin sufrir pisotones o empujones y las colas para ver el Códice de Dresde duraban varias horas, de modo que hemos tenido que reaccionar con una ampliación de horarios, de diez de la mañana a seis de la tarde", explica la directora del museo, Katrin Nitzschke.

Después del viaje hasta Dresde, en el lejano Este alemán, y tras horas de paciente cola, muchos visitantes se sorprenden por lo pequeño que es el códice que contiene una profecía de tales dimensiones. Se trata de 39 hojas del tamaño de tarjetas postales. Y algunos quedan decepcionados porque el estado no permite ver muchos detalles auténticos de lo que será el supuesto fin del mundo. El original está muy dañado, sobre todo en las esquinas, y la delgada capa de estuco aparece erosionada en muchos puntos, de modo que ha impedido su reconstrucción completa. Como consecuencia, el mensaje apocalíptico tiene algunas lagunas. Con el fin de hacerlo más fácilmente legible, el equipo de restauradores del museo ha dibujado nuevamente las láminas 4ª hasta la 15ª del códice. Los números y jeroglíficos de los días han sido nuevamente contabilizados, según la lógica del calendario Maya, donde ya se habían borrado.

"No hace falta ser un experto para fijarse en que todos los dibujos sobre el fin del mundo están relacionados con el agua, en forma de lluvia o desbordamiento, así que yo creo que el mensaje es que moriremos todos ahogados", dice Mike, que acaba de ver el códice y resume sus conclusiones ante el grupo de amigos que ha viajado con él desde Londres. "Yo acabo de decidir que en diciembre no me quedo en Inglaterra. El códice parece hablar de una gran inundación, un tsunami, así que creo que lo inteligente es evitar cualquier tipo de costa o lugar cercano al mar en esas fechas", añade su compañera, Maggie, que sorprende por su capacidad para descifrar aspectos incógnitos del almanaque en forma de tablas calendáricas que, según los expertos, describe los días del Calendario Sagrado en que los dioses efectuaban sus rituales.

Analizando el códice

Cada almanaque comienza con una columna de 5 jeroglíficos, que representan algunos de los veinte días del Calendario Sagrado, que contiene por año doscientos sesenta días. Encima de esta columna se encuentra un número en rojo. Hacia la derecha, en forma horizontal, hay más números en color rojo y negro. Los números en color rojo siempre son cifras. Sólo se cuentan hasta el trece. Los números rojos son los coeficientes de los veinte Días Sagrados, mientras los números en color negro representan la cuenta de los días transcurridas entre dos fechas.

De este conglomerado matemático-temporal es de dónde los expertos han traducido que la 'cuenta larga' del tiempo total de los mayas termina al final del decimo tercer periodo, pero no ha sido fácil calcular la fecha. La exposición que se abrirá al público el 23 de febrero explica los esfuerzos para descifrar ese cálculo que apunta al 21 de diciembre de 2012, fecha en la que está previsto que termine la exposición, junto a todo lo demás.

Orígenes y descripción

El vestigio prehispánico data de alrededor de 1250 y perteneció a Carlos I de España y V de Alemania, que lo hizo llegar a su corte en Viena. Fue adquirido en 1739 por el bibliotecario de la Corte del Príncipe de Dresde, Johann Christian Götze, a un precio sumamente bajo, puesto que nadie lo había descifrado aún y carecía de aparente valor.

Las hojas son de corteza de higuera; el color de fondo es rojo-café, los dibujos delineados en negro y coloreados en naranja. Las páginas fueron trabajadas en forma de libro desplegable, hasta alcanzar una longitud de 3.5 metros.

En particular, la hoja que contiene la presunta profecía es la única que está coloreada. Muestra un cocodrilo que arroja agua día y noche y junto a él está la diosa Ixchel, vestida con una túnica ceremonial y en la cabeza una serpiente.

Dicha deidad está en acción de verter agua y debajo de ella se encuentra el dios del inframundo, ataviado con una túnica negra y con un excitado búho en la cabeza, ilustración que ha servido para excitar extravagantes interpretaciones.

El códice maya que anuncia el fin del mundo.

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