El estilo de Arancedo

El documento de los obispos católicos conocido ayer no se aparta de lo previsible. La jerarquía católica no hizo sino reafirmar aquellos principios que considera doctrinalmente innegociables respecto de la concepción de la familia, la vida, el matrimonio, la fecundación y la procreación artificial. Cualquiera que siga de cerca los pronunciamientos del Episcopado podría haber previsto, palabras más o menos, que éstas serían las objeciones, los argumentos y las reservas. Los obispos responden a sus propias convicciones pero además siguen al pie de la letra lo que en esta materia les llega como orientación desde el Vaticano.

Es interesante señalar el lugar desde el cual dicen hablar los obispos. En primer lugar reivindican no sólo el derecho a pronunciarse sobre estos temas, sino que consideran que se trata de un “compromiso” que no deben eludir, también porque se consideran a sí mismos “portadores de una herencia” y responsables de la vocería de “millones” de argentinos a los que estiman representar. Cargan sus palabras no sólo de la representatividad institucional sino del peso de un legado religioso cultural y de la condición de intérpretes del sentir de una porción de la sociedad que “nos confían sus preocupaciones, alegrías, dificultades y esperanzas”.

El argumento es parte de la estrategia destinada a no presentarse apenas como defensores de posiciones amparadas solamente en motivos doctrinales e institucionales. Debería pensarse que en la misma línea se ubica la reiterada demanda acerca de la “necesidad de un amplio debate” previo a cualquier definición sobre las reformas al Código Civil.

El texto trabaja también sobre otro concepto. Lo que se defiende no son sólo los principios doctrinales de la Iglesia Católica. Lo que está en juego son “principios y valores que hacen a nuestra vida e identidad”, dicen, y dejan entrever en más de una ocasión que esa identidad y, en general, la cultura argentina, está marcada y atravesada por el hecho religioso cultural del catolicismo. Esto, afirman los obispos, no puede ponerse en tela de juicio. Es uno de los paraguas argumentativos: la cultura argentina sigue siendo católica. Lo sostienen a pie juntillas aunque la sentencia reciba todo tipo de desmentidas desde el punto de vista conceptual y, sobre todo, desde la vida cotidiana.

Pero quizá lo más novedoso del documento episcopal no está en los contenidos, sino en el estilo. Si bien es terminante en algunas afirmaciones doctrinales, desde el mismo título se intenta bajar el tono de la polémica. “Reflexiones y aportes” son las palabras utilizadas y se insiste en varias ocasiones en la necesidad del diálogo y el debate, subrayando la importancia de que en el mismo se involucren los colegios profesionales y las universidades. La estrategia se diferencia claramente de la planteada en ocasión de la polémica sobre el matrimonio igualitario, cuando la Iglesia intentó presionar a los legisladores desde el lugar de la autoridad religiosa. “No es una imposición religiosa”, dicen ahora los obispos, sino que apelan a los legisladores para que “la ley respete la verdad de la persona, de la familia y de la sociedad”.

En todo esto se nota el sello particular del nuevo presidente del Episcopado, José María Arancedo. También los trazos de la pluma del arzobispo santafesino surgen nítidamente en varios párrafos del documento episcopal. Algunas de las frases ahora integradas a la declaración habían sido pronunciadas textualmente por Arancedo en manifestaciones públicas sobre el mismo tema. Si bien sostiene los mismos principios y no resignará posiciones doctrinales, Arancedo elige el camino del diálogo y por eso convoca a la reflexión antes que a la confrontación y tiende puentes hacia otros sectores. Arancedo no es Bergoglio y tampoco se deja presionar por los sectores ultraconservadores del Episcopado. El documento no será la única acción. Con el texto en la mano, los obispos multiplicarán los contactos y las reuniones con actores importantes de este proceso para incidir en el resultado final. Todo forma parte del estilo de Arancedo.

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