«El Estado me asiste a mí» Historia de dos apóstatas

Dice la teología que el bautismo imprime carácter y deja una huella indeleble. He aquí la historia de dos ciudadanos que se han negado a aceptar que esa huella no pueda borrarse. Un conflicto entre dos lógicas distintas, la de la ciudadanía y la de la Iglesia

Para Francisco García López, la apostasía comenzó siendo una opción personal, pero ahora es "una cuestión de pura ciudadanía".

"Instituciones como la Iglesia católica siguen manteniendo una posición privilegiada y pretenden convencernos de que eso es lo normal", opina este maestro de 44 años, que vive en Híjar. "Las personas que no estén de acuerdo con esa situación tienen que exteriorizarlo, y mi acción, la de todos los que estamos haciendo pública nuestra apostasía, puede ayudar a que muchos otros se atrevan, por así decir, a salir del armario".

Paco García enseña Música en un centro de Primaria, y forma parte del coro de la Orquesta Ciudad de Granada. Disfruta especialmente interpretando música religiosa. Pero una cosa es el disfrute artístico, y otra que lo adscriban a unas creencias de las que no participa. Por eso, en agosto de 2005, Paco decidió apostatar.

Orgullo apóstata. "Me parece muy bien que un cristiano se sienta orgulloso de serlo y quiera proclamarlo abiertamente. También para mí es motivo de orgullo sentirme fuera de esa confesión. Yo no quiero ocultarme; quiero hacer público que soy ateo, que no profeso ningún credo".

A lo largo de su proceso de apostasía, Paco cruzó varias cartas con el Arzobispado de Granada. "Las respuestas que me fueron dando", explica, "me parecen un buen indicador de la actitud tan endogámica que tiene esta institución".

En junio de 2006, el Arzobispado le notificó que procederían a anotar su voluntad de abandonar la fe católica. Pero al mismo tiempo, le comunicaron que "la condición de cristiano no se pierde nunca, pues el bautismo no puede eliminarse".

A Paco esa respuesta le indignó. "Me pareció una tremenda negación de la libertad personal. Es como si me dijeran que nunca me van a dar la opción de no considerarme cristiano. Es algo gravísimo, y más aún porque imponen esa condición de cristiano a los niños, cuando todavía no tienen uso de razón. A nadie se le puede imponer desde que nace ningún signo, ya sea una religión o un signo político".

Negación de un derecho. Paco solicitó después una copia autentificada de su partida de bautismo, para comprobar que efectivamente se había anotado su apostasía. "Y aquí vino lo más curioso. No sólo no me proporcionaron esa copia, por más que la solicitara tres veces, sino que me comunicaron que habían ordenado a la parroquia de Padul, donde me bautizaron, no expedir certificación de mi partida de bautismo. Es decir, me niegan el derecho de acceso que todos los ciudadanos tenemos a los registros donde están escritos nuestros datos".

Diferencia de criterio. Natalia, la mujer de Paco, es también apóstata. Ambos tramitaron sus solicitudes al mismo tiempo. Sorprendentemente, a Natalia sí le han proporcionado la copia de su partida, con la anotación al margen de su solicitud de apostasía. "Mi mujer es de Alcalá la Real, que pertenece a la diócesis de Jaén", explica Paco. "Y aunque ésta depende del arzobispado de Granada, a ella si le han facilitado la copia. Eso me hace pensar que en este tema, la Iglesia no tiene un criterio definido, y va actuando sobre la marcha, improvisando, y sin guardarnos el debido respeto".

Ahora, Paco García se plantea seguir haciendo valer sus derechos. "Primero, mi derecho de acceso a una copia de mi partida de bautismo. Y luego, a que me den de baja efectivamente, a que eliminen cualquier dato que me adscriba a una confesión a la que no pertenezco".

"Apostatar ha sido una decisión que me ha obligado a romper ciertas inercias", añade, "a asumir algunas renuncias, a enfrentarme incluso a mi familia. Pero es una decisión de la que estoy orgulloso. Y sé, además, que el Estado me asiste a mí".

Ω Para muchas personas, anular sus contratos con compañías de telefonía, Internet, o simplemente cancelar cualquier suscripción se convierte en una auténtica odisea. Algo así es lo que le ha sucedido a Fermín Tejero tras decidir darse de baja en la Iglesia católica.

Fermín, de 49 años, es profesor y vive en Almuñécar. Nació en la localidad jiennense de Alcaudete, y como la mayoría de los españoles, fue bautizado a su nacimiento. Desde que tiene uso de razón, recuerda, no ha estado muy de acuerdo con los planteamientos de la Iglesia católica. Y un día se decidió a dar el primer paso para abandonar una actitud hasta ese momento pasiva y dejar de ser un número más en la lista de esa confesión.

"En aquel momento, a comienzos de los años ochenta", explica Fermín, "no estaba previsto procedimiento alguno para llevar a cabo esta acción. Me dirigí al Arzobispado de Granada para que me dijeran qué debía hacer. Me tuvieron tres meses dando vueltas de un despacho a otro e incluso intentaron convencerme de que no me borrara. Me dijeron que era algo de lo que me iba a arrepentir toda mi vida". Esa actitud sólo consiguió reafirmar a Fermín en su postura. "Vi que el único camino era hacer una declaración y llevarla a la parroquia en la que me bautizaron".

Fermín acudió a la parroquia de Alcaudete e intentó entregarle el escrito al cura, pero éste se negó a aceptarlo, y mucho menos a extenderle un certificado en el que quedara clara su intención de dejar de pertenecer a la religión católica desde aquel momento.

"Como en Alcaudete los juzgados están justo enfrente de la iglesia, le dije al cura que o aceptaba el documento, o lo denunciaba". Cuando Fermín se disponía a cruzar la calle, el cura lo llamó. "Me dijo que aceptaba recoger mi declaración, pero en ningún momento me notificó que fuera a ser borrado de la Iglesia. A día de hoy, después de 25 años, no he recibido ningún documento que certifique mi baja".

Como un demonio. En todos estos años, este profesor ha intentado en numerosas ocasiones acudir al registro de su pueblo para ver si en su hoja de nacimiento pone que está bautizado en el rito católico o no, pero le ha sido imposible. "Mi decisión provocó en Alcaudete el rumor de que era la primera persona que se había borrado de la Iglesia, y desde entonces, cuando voy allí en las vacaciones o a ver a mi madre, me tratan casi como si se les apareciera el demonio. No me dejan acceder a mi ficha del registro".

Objeción fiscal religiosa. Fermín Tejero no sólo es uno de los primeros españoles que tras la guerra civil y la dictadura quisieron borrarse de la Iglesia. También se le puede considerar el pionero, por no decir el descubridor, de la objeción fiscal religiosa.

"En la declaración de la renta existe una casilla para destinar un porcentaje a la Iglesia católica, que en aquel momento era del 0,5%. Yo veía injusto que además el Estado le asignara más dinero por otras vías, así que lo que yo hice fue no marcar la casilla de la aportación a la Iglesia, y además deducirme a mí mismo un 0,5%, puesto que el resto de los españoles se beneficiaba de algo de lo que yo ya no me iba a aprovechar porque no era católico. En Hacienda me dijeron que me iban a investigar, pero al final no hicieron nada".

Hoy en día, apostatar es un proceso relativamente sencillo. Aún así, Fermín Tejero anima a quienes no son practicantes o no se sientan a gusto con la Iglesia "a que se borren y no adopten una actitud pasiva". También solicita a los padres jóvenes que "no bauticen a sus hijos hasta que no cumplan los 18 años de edad y puedan decidir a qué religión quieren pertenecer o si quieren ser ateos".

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