El Estado Laico en peligro

El Estado Laico en peligro; las modificaciones constitucionales en México

En el pasado mes de diciembre, la Cámara de Diputados aprobó modificaciones a nuestro texto constitucional, relacionadas con la libertad de creencias, la libertad de cultos y en consecuencia, con la vigencia del Estado Laico; tema que en los próximos días tendrá que discutir y aprobar el Senado de la República.

El debate sobre dicho tema es de trascendental importancia para el futuro de los mexicanos, si tomamos en cuenta que la visita del Papa Benedicto XVI está programada para el próximo mes de marzo; justo a escasos días del inicio del inicio formal de la campaña electoral.

Por ello, para muchos analistas la visita papal tendrá un efecto más allá de lo pastoral e influirá en los resultados de las elecciones del 2012. Inclusive muchos afirman que se transformarán  las relaciones Estado-Iglesia y que lo que está a debate es justamente la vigencia del Estado Laico.

La separación entre Iglesia y Estado es un fenómeno que surge a partir del Renacimiento, se consolida con la Ilustración y la corriente filosófica racionalista, llegando a ser una política oficial durante la Revolución Francesa, la Independencia Estadounidense y en general, con las revoluciones burguesas que establecen el Estado Laico, como parte de la tendencia del mundo moderno hacia la secularización de la vida política.

A partir de entonces, se establece la independencia estatal frente a la influencia religiosa y eclesiástica. El Estado prescinde de todo credo religioso, no profesa religión alguna, observa una absoluta neutralidad ante el fenómeno religioso y considera que todas las creencias, como expresión de la íntima conciencia de las personas, son iguales y poseen idénticos derechos y obligaciones.

Por estas razones, el laicismo garantiza el libre ejercicio de todos los cultos y el Estado Laico la libertad de religión y de culto, tutelando solamente la autonomía del poder civil respecto del poder religioso y la autonomía de las iglesias respecto del poder político, garantizando que a los ciudadanos no se les imponga ninguna religión ni culto oficial.

En México, la importancia de las Leyes de Reforma y su vigencia son el punto nodal, pues la Independencia de nuestro país no sólo consistió en dejar de ser una colonia española,  sino también, el haber podido separar definitivamente la Iglesia del Estado; sin lo cual no se hubiera podido ejercer la Soberanía Nacional, pues el nuevo Estado mantendría el exclusivismo de la religión católica en tanto que la Iglesia ejercería libremente sus privilegios y poder.

En el periodo colonial, a pesar de la humana obra de los misioneros insignes como Don Vasco de Quiroga o Fray Bartolomé de las Casas, la iglesia de la Colonia fue una iglesia única y dominante, que no hizo concesiones y se condujo con una concepción universal, normativa y única de la cultura y de la religión.

En la Revolución de Independencia, después de la primera fase del estallido, en la que se concretán los dos decretos fundamentales: el de Hidalgo aboliendo la esclavitud y en los Sentimientos de la Nación de Morelos; la Iglesia, que había cogobernado durante la Colonia y era propietaria de una parte considerable de la riqueza nacional, impulsó al ejército realista y a algunos criollos para consumarla y obtener un gran triunfo para la propia Iglesia y sus aliados.

Esto posibilitó que se perpeturan las concesiones y los fueros de una minoría frente a las necesidades de las mayorías populares y, que el nuevo Estado no pudiera funcionar: se suprimió el patronato que definía los derechos de los reyes frente a la Iglesia, y el artículo tercero de la Constitución de 1824 estableció la intolerancia religiosa, declarando que la religión de la nación mexicana sería perpetuamente la católica, apostólica y romana.

El nuevo Estado mantendría el exclusivismo de la religión católica, en tanto la Iglesia ejercería libremente sus privilegios: administración libre de sus bienes, monopolio de los actos del estado civil de las personas, fuero eclesiástico en materia de administración de justicia, libertad de acción política y lo mas importante el monopolio de la educación. Es decir, se convirtió en un Estado dentro del Estado que no terminaba de hacerse realidad.

Ante tales circunstancias, durante las tres primeras décadas de vida independiente, México vivió un enfrentamiento interno brutal entre quienes lucharon para que persistiera el orden colonial y la soberanía real y absoluta de la Iglesia y, aquellos que habían continuado con las banderas de Hidalgo y Morelos, decididos a hacer valer los principios de libertad e igualdad para todos los habitantes del país, por lo tanto, sin fueros y privilegios.

El triunfo del Plan de Ayutla, obligó al déspota y traidor a abandonar el poder y, convocar al Congreso Constituyente de 1856-1857, dando como resultado las Leyes de Reforma: La Ley Juárez que suprimió el fuero eclesiástico y militar en los asuntos civiles y a delitos del orden común; la Ley Lerdo, cuyo nombre oficial bien indica su propio contenido: Ley de desamortización de las fincas rústicas y urbanas de las corporaciones civiles y eclesiásticas; además de crear las bases para la destrución del monopolio que la Iglesia había tenido de la educación.

El propósito principal de las Leyes de Reforma fue separar la Iglesia y el Estado, a efecto de darle viabilidad a nuestro proyecto de nación independiente y soberana; en cambio, la iglesia estubo al lado de los realistas en contra de los insurgentes, trajeron al Emperador Maximiliano I, apoyaron los más de treinta años la dictadura de Porfirio Díaz y alentaron en la primera parte del sigloXX al grupo armado denominado los cristeros.

El enfrentamiento del Estado con una iglesia tenazmente conservadora terminó por reflejarse en la Constitución de 1917, que desconoció a la iglesia católica y a otras iglesias su personalidad jurídica. Siendo hasta después de la pasificación del Movimiento Cristero, cuando Estado e Iglesia buscaron la negociación, de donde se derivaron acuerdos no públicos ni escritos pero sí respetados, que fortalecieron a la iglesia católica.

El 10 de diciembre de 1991, el Congreso realizó cambios en cinco artículos de la Constitución relacionados con las iglesias. El cambio principal fue el reconocimiento de personalidad jurídica a las asociaciones religiosas, para lo cual la modificación al artículo 130 era condición indispensable, trayendo como resultado el establecimiento de relaciones diplomáticas entre México y el Vaticano.

Sin embargo, hoy, el debate de las relaciones Iglesia – Estado, han recobrando una fuerza excepcional, que hacen pensar que existe una estrategia para que antes de que terminen los gobiernos panistas, puedan derrumbar las barreras entre Iglesia y Estado.

Desde el año 2007, el episcopado mexicano ha propuesto modificar la Constitución, en aras de una supuesta libertad religiosa: Armando Martínez Gómez, presidente del Colegio de Abogados Católicos, ha ido mas lejos, llegando a plantear que "es muy importante que México reforme la Constitución: los artículos 24, el 130 y el tercero para que haya una verdadera libertad de religión, porque México sigue siendo un país restrictivo en esta materia y por eso está puesto el dedo en ese tema por parte de la iglesia".

En tal contexto, se hacen las modificaciones al artículo 24 constitucional de diciembre pasado y se dará la visita de Benedicto XVI, en un año electoral, en donde según Elio Masferrer, especialista en religiones “el PAN busca 13% del voto, de una franja de electores que se declaran conservadores”. Por lo tanto, la decisión que el Senado de la República tiene en sus manos será fundamental para el futuro de la relación con la libertad de creencias, la libertad de cultos y la vigencia del Estado Laico, con todas sus consecuencias en el futuro inmediato.

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