El Estado Islámico amenaza a los maestros franceses

Los yihadistas quieren incidir en las tensiones abiertas en el sistema educativo. La libertad de pensamiento, el imperio de la razón, la igualdad de sexos… los islamistas abominan de los principios de la escuela republicana laica

Pilar de la República, el sistema de educación nacional francés ¿será el próximo objetivo de atentados del Estado Islámico en Francia? Así lo anuncia ya la propaganda de la organización, con demenciales llamadas a cometer ataques contra los enseñantes que propagan una laicidad considerada “diabólica”.

Las autoridades y agencias de seguridad toman medidas con cierta discreción, evitando que cunda la alarma en un terreno tan sensible y que afecta de lleno a las familias del país, pero el sistema educativo es, desde hace años, un espacio de tensiones que van en aumento.

A un lado, los partidarios de una laicidad estricta y rigurosa que adquiere tintes parecidos a una “antirreligión de Estado”, como dice el filósofo izquierdista Regis Debray. Al otro, quienes reivindican sus creencias religiosas musulmanas como derecho básico y denuncian la laicidad, heredera de la ilustración, como una tapadera ideológica de la xenofobia, la estigmatización y la islamofobia.

En los dos campos se detecta una agresividad en alza, y es en esa brecha donde parece querer incidir el Estado Islámico.

“Está claro que los enseñantes de la educación nacional que propagan la laicidad están en guerra abierta contra la familia musulmana”, se lee en el último número de la revista Dar Al Islam, el órgano de propaganda del Estado Islámico, de 58 páginas a todo color y en lengua francesa.

Calificada de “judeomasónica”, la educación laica francesa tiene por objetivo “inculcar en los niños y adolescentes los comportamientos más abyectos”, explica la revista, cuyo titular general es “Francia arrodillada”.

La laicidad, cuya carta establece, entre otras cosas, que “está prohibido llevar signos o indumentarias con que los alumnos manifiestan ostensiblemente una pertenencia religiosa”, es un sistema “construido contra la religión”, señala la revista. En calidad de “única religión verdadera, el islam no puede coexistir con la laicidad”, afirma. “Hombres y mujeres no son iguales (…) las mujeres virtuosas son obedientes a sus maridos”, dice. “El carácter mixto de las escuelas propicia la fornicación”, continúa para concluir: “Si llevas a tu hijo a la escuela republicana, aceptas que trague esa papilla de descreimiento corrupto que le lleva al infierno”.

La amenaza directa que este discurso muestra ha llevado a las autoridades a adoptar medidas excepcionales. Desde hace meses las agencias de seguridad mantienen contactos regulares con los cuadros educativos para incentivar la detección de elementos radicales en las escuelas.

Tras los atentados de enero contra la revista satírica Charlie Hebdo el sistema educativo juzgó a la baja los incidentes contra los minutos de silencio mantenidos en los centros. En la escuela de formación de profesorado de una de las banlieues de París estalló entonces un conflicto por la norma contra el velo, una de esas indumentarias prohibidas, que afecta a la enseñanza media pero no a la universidad. Algunas graduadas en prácticas acudían a los cursos con velo. El profesorado lo prohibió por considerar que los alumnos, remunerados por el sistema de educación, tenían estatus de funcionario. La prohibición fue considerada “humillación” por el sindicato de estudiantes, que denunció “observaciones racistas y el rechazo de aceptar a las mujeres veladas en los cursos”.

“Evito ir al trabajo en coche” explicaba un profesor del centro del bando antivelo que pidió protección policial por sentirse amenazado.

En Lyon, dos estudiantes de Pedagogía veladas que solicitaron hacer las prácticas en Bélgica regresaron hace unos meses bajo control policial, por haber dedicado las prácticas a mantener contactos con medios yihadistas de la ciudad belga de Verviers. El centro de Lyon adoptó sanciones contra ellas y poco después sus directivos recibieron amenazas de decapitación, explica uno de los responsables en condiciones de anonimato.

Tras los atentados del 13 de noviembre de París, el minuto de silencio observado en los centros de enseñanza ha sido presentado como obligatorio, con los rectores pidiendo a los profesores que señalaran a los alumnos que adoptaran comportamientos hostiles al duelo.

Desde el martes, un plan de vigilancia para las escuelas de la región de París ha introducido el control visual de bolsos en la entrada de los centros, la comprobación sistemática de la identidad de las personas ajenas a los establecimientos, la prohibición de aparcar en los alrededores de escuelas y liceos, así como la llamada a informar de cualquier comportamiento u objeto sospechoso.

El obvio objetivo para Francia del Estado Islámico es propiciar la autodestrucción de su sociedad, señalan los observadores, es decir: convertir estas tensiones existentes en un verdadero y abierto conflicto interno nacional que degenere en un enfrentamiento generalizado entre la mayoría de tradición cristiana, que se sacudió la religión con la Revolución de 1789, y la abultada minoría de ciudadanos e inmigrantes, nacionalizados o no, mayormente magrebíes de tradición musulmana heredada del pasado colonial.

Por más que el mensaje que la propaganda yihadista lanza contra la laicidad sea universalmente percibido como demencial, una evolución liberticida e intolerante contra todo lo musulmán en medio del ambiente de unión nacional que propicia el decretado estado de emergencia, podría ser letal y abonar la división. Los franceses de cultura musulmana van a vivir este ambiente como un grado más de su estigmatización.

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