El espejismo de Dios

Aunque suene extraño, pocos libros resultarán más aconsejables para los amantes de la actualidad política que El espejismo de Dios de Richard Dawkins.

Concebido como obra científica se convierte, quiera o no el autor, en un alegato contra el fanatismo y otros males que corroen la vida pública.

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Los postulados que enriquecen sus páginas pueden compartirse o refutarse, pero la profundidad de sus reflexiones transforma el volumen en una lectura indispensable para los entusiastas del pensamiento político.

Obviamente aquellos axiomas poseen un considerable calado en multitud de temas. Por ejemplo, en el lamentable asunto del terrorismo.

Aquí, los políticos occidentales evitan mencionar la palabra religión y, en su lugar, escenifican su lucha como una guerra contra “el terror”, como si el terror fuera una persona o espíritu con voluntad y fuerza propia. De igual modo, acusan a los terroristas de “pura maldad”.

Sin embargo, lo anterior es erróneo. Los terroristas, al igual que los asesinos cristianos de médicos abortistas, actúan motivados por su religión, por su ideal de rectitud. Creen comportarse según la voluntad de Dios. Y ahí, precisamente ahí, radica el peligro.

La idea que transmite Dawkins es que debemos culpar a la religión en si misma. Citando a Voltaire: “Quienes pueden hacer que creas cosas absurdas pueden hacer que cometas atrocidades”. Bertrand Russell remachó: “Mucha gente preferiría morir antes que pensar. De hecho, lo hacen”.

Así—continúa Dawkins—la fe religiosa se constituye en un silenciador especialmente potente del cálculo racional que, muchas veces, prevalece sobre todo lo demás.

En esa línea, enseñar a los niños que la fe en si misma es una virtud resulta peligrosamente pernicioso, toda vez que la fe es un mal al no requerir justificación ni tolerar los argumentos.

Sin duda, inculcar a los niños y adolescentes que la fe indiscutida representa una virtud, les prepara para creer en yihads, cruzadas y otras armas letales.

Por el contrario, si se indujese a los niños a cuestionar las creencias y a pensar en ellas, en lugar de “educar en la fe”, podría asegurarse que no habría terroristas suicidas. En este sentido, el sonido de la frase “niño cristiano” o “niño musulmán” nos debería producir tanta dentera como las uñas arañando la pizarra.

Conviene añadir que la sabiduría contenida en El espejismo de Dios también ilumina asuntos como la eutanasia, el aborto, el origen de la vida, los temores que alimentan a la religión, la homosexualidad, la hipocresía de los autodenominados religiosos…ciertamente, cualquier amante de la razón, la rectitud y la política se deleitará con estas páginas magistrales firmadas por el científico Richard Dawkins.

Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor
Blog de Gustavo Vidal Manzanares

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Los postulados que enriquecen sus páginas pueden compartirse o refutarse, pero la profundidad de sus reflexiones transforma el volumen en una lectura indispensable para los entusiastas del pensamiento político.

Obviamente aquellos axiomas poseen un considerable calado en multitud de temas. Por ejemplo, en el lamentable asunto del terrorismo.

Aquí, los políticos occidentales evitan mencionar la palabra religión y, en su lugar, escenifican su lucha como una guerra contra “el terror”, como si el terror fuera una persona o espíritu con voluntad y fuerza propia. De igual modo, acusan a los terroristas de “pura maldad”.

Sin embargo, lo anterior es erróneo. Los terroristas, al igual que los asesinos cristianos de médicos abortistas, actúan motivados por su religión, por su ideal de rectitud. Creen comportarse según la voluntad de Dios. Y ahí, precisamente ahí, radica el peligro.

La idea que transmite Dawkins es que debemos culpar a la religión en si misma. Citando a Voltaire: “Quienes pueden hacer que creas cosas absurdas pueden hacer que cometas atrocidades”. Bertrand Russell remachó: “Mucha gente preferiría morir antes que pensar. De hecho, lo hacen”.

Así—continúa Dawkins—la fe religiosa se constituye en un silenciador especialmente potente del cálculo racional que, muchas veces, prevalece sobre todo lo demás.

En esa línea, enseñar a los niños que la fe en si misma es una virtud resulta peligrosamente pernicioso, toda vez que la fe es un mal al no requerir justificación ni tolerar los argumentos.

Sin duda, inculcar a los niños y adolescentes que la fe indiscutida representa una virtud, les prepara para creer en yihads, cruzadas y otras armas letales.

Por el contrario, si se indujese a los niños a cuestionar las creencias y a pensar en ellas, en lugar de “educar en la fe”, podría asegurarse que no habría terroristas suicidas. En este sentido, el sonido de la frase “niño cristiano” o “niño musulmán” nos debería producir tanta dentera como las uñas arañando la pizarra.

Conviene añadir que la sabiduría contenida en El espejismo de Dios también ilumina asuntos como la eutanasia, el aborto, el origen de la vida, los temores que alimentan a la religión, la homosexualidad, la hipocresía de los autodenominados religiosos…ciertamente, cualquier amante de la razón, la rectitud y la política se deleitará con estas páginas magistrales firmadas por el científico Richard Dawkins.

 

Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor
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