El ébola, una plaga divina, y la Iglesia, una multinacional de servicios

Lo más irritante de este apocalíptico panorama no es que nos anuncie, una vez más, el castigo divino en forma de plagas, como en la Edad Media de la que la Iglesia se empeña en no salir, para imponer su reinado; lo irritante es que siendo la Iglesia católica una multinacional de servicios educativos y sanitarios, propietaria de hospitales, con sus médicos y enfermeras católicas, que trabajan para mayor gloria de su dios y expansión de la doctrina cristiana; lo irritante es que las personas, contratadas por esta multinacional a su servicio, hayan sido abandonadas por la Iglesia a su propia suerte. Ni sus hospitales, ni sus médicos, ni sus enfermeras se han puesto al servicio de sus propios compañeros en la fe.

Y todo eso a pesar de los miles de millones que recibe del Estado esta multinacional de servicios y por diferentes conceptos, ongs, sanitarios, educativos…una lluvia de millones. Trabajadores en la fe que, además, harán voto de castidad y de obediencia a la Jerarquía eclesiástica. La Iglesia, origen de esta plaga y exportadora de la misma, se ha desentendido de los suyos y de la suerte de los que no son suyos. ¡Que los limpien en los hospitales públicos!, gritan los condenados.

Se ha desentendido porque tiene un gobierno, el del Partido Popular de Rajoy, a su exclusivo servicio. Un gobierno que ha puesto al frente de la educación y de la sanidad no ha profesionales interesados en el bienestar de los ciudadanos, sino a gestores de lo público para transferirlo a lo privado. De esta transferencia de la propiedad pública a la privada, de centros educativos y de hospitales, curiosamente, la principal beneficiaria, bajo propietarios interpuestos, es, siempre, la Iglesia. Se han empeñado en que sigamos viviendo en la Edad Media.

Este gobierno de monaguillos, saltimbanquis del Vaticano que corren a esconderse bajo las sotanas, siniestras sotanas, corre con los riesgos y los gastos de los trabajadores de una empresa privada, la Iglesia. Una Iglesia que tiene su propio Estado, el Estado Vaticano, con sus propios bancos y sus millonarios recursos, no paga ni un euro por la plaga que ella misma está desencadenando. Los ciudadanos españoles pagarán con euros y con salud el desastre de la gestión médica que están haciendo unos políticos irresponsables, ignorantes e incompetentes. La frivolidad y el deseo de agradar a su señora, la Iglesia, les impulsó a trasladar una epidemia de África a Madrid y de aquí a Europa.

Pero la Iglesia tiene su Estado. A este es a donde deberían haber trasladado a sus propios trabajadores. Pero esta multinacional evita que sus hospitales se infecten con el virus de sus trabajadores y se lavan las manos. Como siempre, después de haber empuñado la daga asesina, ellos miran para otro lado. Con la mayor naturalidad se han quitado el problema de encima. Ahora harán negocio con el miedo y enterrando a los muertos. Y cuando se hayan limpiado los hospitales públicos, tratarán de que pasen a propiedad de la Iglesia. El negocio es redondo. La codicia insaciable.

Javier Fisac Seco  Historiador, analista político, caricaturista

Último libro publicado: “La civilización pervertida o la ética sadomasoquista cristiana”

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