El drama de una mujer quemada con ácido:»Me ha quitado la vida; solo pido que pague por ello»

La iraní Ameneh Bahramí rechazó la petición de matrimonio de un hombre al que no conocía y este le desfiguró el cuerpo con ácido sulfúrico. Lleva 24 operaciones y continúa sin recuperar la vista.

A sus 34 años Ameneh Bahramí, nacida en Irán, lleva 24 operaciones en cuerpo, cara y ojos. La razón: un hombre que la pretendía la roció con ácido sulfúrico y la dejó marcada y ciega de por vida. "Por fin lo he perdonado", dice a 20 Minutos en un español casi perfecto esta mujer a la que le arrebataron todo por decir 'no' a un hombre que la pretendía.

Ocho años después de que rechazara a aquel pretendiente del que apenas conocía su cara, declara ser capaz de perdonarlo y publica su testimonio en el impresionante libro Ojo por ojo (Planeta). Aparentemente tranquila, no teme confesar su temor a los hombres desde aquello: "No me fío de ellos, pienso que me van a usar y luego abandonar, ¿cómo van a quererme con esta cara y esta mala salud?"

Se quedó ciega, pero, dice con voz temblorosa, pudo verse. "Una vez me vi y luego me desmayé".

Le gustaría poder tener pelo en sus cejas, lamenta, y mientras pasa sus manos por el dibujo de ellas apenas susurra que ha de conformarse con el tatuaje. Hay silencios que cuesta romper, y como si ella misma se hiciera cargo de la situación, los rompe. "Estoy enfadada, porque es cierto que lo perdoné, perdoné que se le aplicara la Ley de Talión, pero no para que quedara libre y no pagara su culpa".

No me fío de los hombres, pienso que me van a abandonar… ¿Cómo van a  quererme con esta cara…?

"Sigue libre y amenazándome"

No quiso cuando llegó la hora del juicio que cegasen sus ojos con ácido (así es la Ley de Talión: ojo por ojo), pero sí que pagara su culpa, y ahora, al ver que está libre y que además recibe sus amenazas constantemente, ha decidido volver a por él. "Es un salvaje. Quiero un juicio, lo quiero otra vez, quiero seguir para esta vez sí acogerme a la Ley de Talión".

Teme cada vez que ha de regresar a Irán (una vez al año lo hace) desde Barcelona (donde reside), pero no por ello va a retroceder. "No están respondiendo a mis quejas porque él siga libre y siga amenazándome".

Con cierto temor por traspasar los límites de lo sensacionalista llega la pregunta, la petición: ¿puede contarme cómo sucedió, cómo comenzó todo? "Su madre llamó para pedirme en matrimonio. Yo no sabía ni cómo era su cara, sólo conocía su nombre de la Universidad, a la que íbamos los dos… Y dije que no. Entonces simplemente me roció con ácido sulfúrico…"

Quiero un juicio, lo quiero otra vez, quiero seguir para esta vez sí acogerme a la Ley de TaliónEl silencio ahora no es de ira ni de pena, es un silencio pausado, quizá nostálgico. Parece que estuviera recordando cómo era antes de toda aquella pesadilla. "¿Sabes? —dice como cualquier mujer preocupada por su peso— Hago todo lo posible por adelgazar, pero no lo consigo… Antes del accidente [así lo llama en todo momento] pesaba 56 kilos y ahora peso 80".

Cuenta que va al gimnasio, que hace fisioterapia, pero que desde que no ve, sus movimientos son muy limitados, lo que, unido a tantas operaciones y tiempo sin moverse, complican la recuperación que anhela al menos de su físico. "Pero leo mucho y cocino".

Esta hija de un funcionario del Ministerio de Defensa y un ama de casa teme por su futuro: "Tengo miedo por no tener trabajo. Escribo… pero me da miedo. Ojalá pueda hacer Derecho y trabajar algún día".

También desearía poder ser madre alguna vez, aunque lo dice como un sueño imposible. Aquí la pregunta sale directa: ¿y si fuera usted la madre de Ameneh, lo hubiera perdonado como hizo usted? "No, nunca".

Ojalá pueda hacer DerechoTermina, sin un ápice de autocompasión y una dignidad admirable, con una concesión y una petición: "Me lo ha quitado todo: mi vida, mi cara, mi pelo, mi garganta (va perdiendo la voz a medida que transcurre la charla). Yo sólo pido que pague 150.000 euros y que no esté en libertad. Pero como no ha sido posible, vuelvo a pedir la Ley de Talión. Una ley que en Irán las mujeres no piden, porque nosotras sólo podemos permitirnos la mitad de lo que pide un hombre".

Ameneh Bahramí

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