El dios de los cristianos

Ellos pretenden la hegemonía, no lo olvidemos nunca. Las religiones monoteístas no pueden convivir con ninguna otra cosa.

Yo puedo ir al juzgado a denunciar el robo de mi coche, pero el juez podría, y debería, enfadarse un poco si me acerco para presentar dicha denuncia montado en ese coche o si se demuestra que el coche nunca fue mío. Del mismo modo, yo puedo denunciar que han intentando asesinarme echando agua en mi vaso de agua, pero entonces debería demostrar que mi organismo puede reaccionar fatalmente ante el agua, y no parece el caso.

Aunque alguien pueda creer que estoy parodiando lo que ya todos sabemos que es el tema de la columna, todo esto me lo tomo tan en serio como un cáncer. Es decir, el que está realmente ofendido soy yo y cualquiera que tenga dos dedos de frente con el asunto de la denuncia por ofensa a los sentimientos religiosos.

El delito de ofensa a los sentimientos religiosos no debe existir, y además no puede existir cuando se trata del dios de los cristianos. Es una cuestión de lógica. En primer lugar, si alguien siente ofendidos sus sentimientos religiosos debe demostrar que los tiene y, en el caso del cristianismo, la propia idiosincrasia de este conjunto de dogmas te obliga a no actuar en virtud de esta ofensa. Viene en el puñetero Padre Nuestro. Viene en el puñetero Nuevo Testamento. Que le pides a Dios que perdone nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Que te dice el hijo de Dios que pongas la otra mejilla. Que es que yo no soy cristiano, ni ganas, pero hay pocas cosas que puedan ser más hipócritas que un cristiano que lo juzga todo, que se ofende con todo, que lleva siempre una piedra en la mano.

Que no seas así, cojones, que no te lo está diciendo tu profe de ética o la de las clases de yoga, QUE TE LO ESTÁ DICIENDO JESUCRISTO, ALMA DE CÁNTARO.

Esta incoherencia, esta paradoja, se ha venido dando desde hace siglos y podríamos situarla en el cajón de lo históricamente pintoresco si no fuera porque está sucediendo en nuestros tiempos. No ya que exista el delito de ofensa contra los sentimientos religiosos, cuando precisamente una religión ofende casi por definición a la religión de al lado, sino porque esta precisamente, la cristiana, y todas sus pequeñas y grandes familias, como la católica, deben por mandato divino, fe y dogma religioso PERDONAR LAS OFENSAS.

Y quien no lo hace, no es cristiano. Y quien no es cristiano, no puede exigir resarcimiento alguno por una ofensa contra sus sentimientos cristianos.

¿Os imagináis un cura en juicio por un caso de divorcio?

¿Os imagináis a una monja denunciando a Durex por un mal funcionamiento de sus profilácticos?

¿Os imagináis una sesión de ouija en catequesis?

Es triste, pero es lo que está pasando y, más allá, algunos cristianos no solo se ofenden con una cosa así de directa como un ME CAGO EN DIOS; se ofenden con todo, porque su ministerio abarca todo. Con la misma existencia de semejantes, homosexuales, comunistas, ateos, se ofenden. Sucede exactamente lo mismo con los musulmanes y, a buen seguro, con muchos otros religiosos de religiones que no conozco bien. Si atendemos a todas las cosas que les ofende, si se les permite, te comen la vida. Se lo comen todo.

Ellos pretenden la hegemonía, no lo olvidemos nunca. Las religiones monoteístas no pueden convivir con ninguna otra cosa. No solo buscan la expansión, sino la negación de cualquier otra creencia y, de hecho, cualquier otra creencia es una ofensa mortal contra ellos. Y nuestros jueces les ponen perejil a los pies. Acojonante.

Juan González Mesa

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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