El desvelo de los imanes

Quién lo iba a decir. Ahora resulta que los imanes españoles más fundamentalistas están enormemente preocupados por la libertad de las mujeres. Por eso 11 mezquitas de Tarragona y Barcelona, las lideradas por ellos, se están sublevando contra la prohibición del velo integral (el burka y el niqab) que quieren aplicar siete municipios catalanes en las dependencias públicas. Consideran que lesiona la libertad de la mujer para elegir su atuendo y plantearán un litigio ante el Tribunal Constitucional. Entre estos imanes (todos hombres, lógicamente) hay uno que publicó un libro sobre cómo pegar a la esposa y otro, polígamo, al que denunció su segunda cónyuge por malos tratos. Un tercero defiende la libertad de vestir el velo integral, pero impide a su esposa hablar con la prensa. La excusa es que no sabe castellano. Pero tales antecedentes no deberían restar un ápice a la legitimidad de su demanda ni a la sinceridad de su conversión al feminismo.

Solo cabe, pues, buscar un buen abogado que defienda sus tesis y adaptar sus discursos a la nueva realidad. Porque no se puede defender la libertad de las musulmanas al tiempo que se asegura que sus mujeres "han de respetar la religión" y que el velo es un deber de toda creyente. ¿En qué quedamos? Los musulmanes moderados hace tiempo que desterraron tal precepto y revisaron su interpretación del Corán. ¿No deberían reconsiderar estos imanes sus tesis a la luz de sus nuevas inquietudes sobre la libertad femenina?

Aciertan, sin embargo, muchos miembros de la comunidad islámica española al señalar las incoherencias sociales que nos rodean. Los políticos están dispuestos a limitar el uso del velo integral, pero no la prostitución aun a sabiendas de que detrás hay un mercado de esclavas. Se legisla contra el velo en Cunit, pero no en Marbella, donde ricos jeques saudíes y kuwaitíes pasean seguidos de harenes de mujeres a las que apenas se les permite dejar

los ojos al descubierto. Vivimos ahogados en un mar de contradicciones, pero es dudoso que logremos superarlas de la mano de un integrismo que, además, intenta hacer trampas.

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