El Dalái Lama pide oficialmente desvincularse del poder

El líder político y religioso ha solicitado al Parlamento tibetano en el exilio la creación de una figura que le permita renunciar a su papel político

El líder espiritual de los tibetanos, el Dalái Lama, ha formalizado hoy el anuncio que realizó el pasado 10 de marzo : ha solicitado de manera oficial al Parlamento tibetano en el exilio la adopción de las reformas democráticas necesarias para nombrar a un representante electo que le permita renunciar a su rol político.  

Durante  el 52 aniversario celebrado la semana pasada de la fallida insurrección tibetana que terminó con su huida de China y su exilio en Dharamsala (India), sede del Gobierno en el exilio, el Dalái dió a conocer su deseo de la democratización del sistema político y dejar paso a nuevas generaciones de líderes.  Hoy, el líder formaliza su petición: "para que nuestro proceso de democratización esté completo, ha llegado el momento para mí de devolver mi autoridad formal a un líder elegido", ha afirmado en un mensaje enviado al Parlamento, que ahora tendrá que deliberar sobre el mensaje en la presente sesión, según ha informado un portavoz del Dalái, Tenzin Talkha.

En la misiva, el líder ha asegurado que ningún sistema de gobierno "puede asegurar estabilidad y progreso si depende de una persona, sin apoyo y participación del pueblo en el proceso político. El gobierno de una sola persona es anacrónico e indeseable". Además, ha justificado el retraso en ofrecer su retirada por la "falta de experiencia y madurez de las instituciones democráticas" que han ido gestando los dirigentes tibetanos en el exilio.

Mientras tanto, el jefe tibetano continuará con su agenda oficial en el plano espiritual y a la cabeza del budismo, más relajada en los últimos años debido a los problemas de salud que le aquejan, y no tiene previsto acudir a la deliberación de hoy, dijo Talkha. 

El portavoz ha estimado en "siete o diez días" el período de debate parlamentario antes de llegar a una decisión en la región de Dharamsala, donde residen unos 130.000 refugiados tibetanos y se localiza el Gobierno, una institución no reconocida formalmente por la India que es motivo de polémica en las relaciones entre ese país y el vecino chino.

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