El crucifijo de la Asamblea Nacional de Quebec abre el debate sobre la laicidad

Un crucifijo cuelga en la pared sobre la tribuna del orador en la cámara legislativa de Québec el pasado Mayo. Foto de archivo (2008).

Un elemento patrimonial para algunos, un inapropiado símbolo religioso para otros, el crucifijo de la Asamblea Nacional de Quebec está siendo llevado al centro del acalorado debate sobre la fe y la aconfesionalidad del Estado.

Un partido de la oposición está desarrollando una moción para discutir el próximo martes si ha de retirarse o no el crucifijo que preside la tribuna del orador durante los últimos 81 años, argumentando que la provincia no puede autodenominarse como un estado aconfesional mientras mantenga un símbolo de la Iglesia Católica en la sede del Poder Legislativo.

La nueva y controvertida ley aprobada en Québec, la Bill 62, obliga a las mujeres a quitarse los velos que cubran la cara para acceder a servicios públicos. El propósito alegado en esta iniciativa legislativa era “fomentar y hacer que se acate la neutralidad religiosa del Estado”.  A pesar de que esta ley fue debatida y votada dentro de una cámara presidida por un crucifijo que la nueva ley protegerá como una pieza del patrimonio cultural y religioso de Québec.

“Hemos hablado mucho sobre cómo debe vestir la gente”, dice Gabriel Nadeau-Dubois, un Diputado por Québec Solidaria (partido de orientación izquierdista) que está promoviendo la moción. “Ahora es el momento de hablar sobre la cuestionable aconfesionalidad de la institución democrática más importante de Québec, la Asamblea Nacional”.

En una entrevista, Nadeau-Dubois dijo que él defendía reemplazar el crucifijo a una vitrina en cualquier otro lugar del edificio.

“Para nosotros, hay algo profundamente contradictorio en el hecho de que hallamos debatido sobre la laicidad del estado todos estos años sin haber tenido la valentía política de tomar abordar el tema del crucifijo”, dijo.

La presencia del crucifijo ha hecho que la Ley de Neutralidad Religiosa del Gobierno Liberal sea percibida como una ley injusta en contra de las minorías religiosas, concretamente la religión islámica.

El estracto de la Ley que obliga a las personas a descubrir sus rostros para obtener servicios públicos ha sido tachada de discriminatoria e innecesaria. Alcaldes de varias ciudades a lo largo de la provincia, incluyendo el de Montreal, han dicho que ellos no están dispuestos a aplicarla.

Como respuesta a todo este jaleo, la Ministra de Justicia Stéphanie Vallée dijo que abordaría el asunto en detalle el Martes, cuando está previsto que se implemente la ley.

A lo largo de los años, la cruz del Salón Azul de la Asamblea Nacional ha ostentado una posición privilegiada de poder. Fue instalada en 1936 y entendida como un símbolo de los lazos entre el Estado y el poderoso clero de entonces. Ha sobrevivido a las mayores y más turbulentas agitaciones sociales, como la Revolución tranquila en los años 60, cuando la provincia salió de la sombra de la Iglesia para convertirse en un Estado aconfesional. Los sucesivos gobiernos han sido reacios a tocarlo. Un informe de los académicos Gérard Bouchard y Charles Taylor en 2008 recomendaba quitarlo, alegando que “parece adecuado que el lugar donde los representantes electos deliberan y legislan no se identifique con una religión concreta. La Asamblea Nacional es la asamblea de todos los quebequenses”.

En lugar de hacerlo, la Asamblea Nacional votó mantenerlo unánimemente.

Nandeu-Dubois se atreve incluso a cuestionar el valor del crucifijo. Hay informes históricos que aseguran que el crucifijo original fue reemplazado en 1982 por una réplica.

“Hay algo paradójico en defender el actual crucifijo como un objeto patrimonial cuando ni siquiera se trata del original”, dijo. “Es una copia”.

La moción de los izquierdistas de Québec Solidaire para debatir la retirada del crucifijo requiere el apoyo de los liberales en el gobierno para que salga adelante. Los dos principales partidos de la oposición, el Partido Quebequense y la Coalición Avenir Québec, apoyan la moción. El PQ dice que si hubiera en el gobierno quisiera y todos los partidos estuvieran de acuerdo, estarían abiertos a aceptar la retirada del crucifijo. La CAQ dice que están dispuestos a debatir el asunto, a pesar de que históricamente siempre han sido defensores de mantenerlo.

Si la moción e aprobada, el debate se llevaría a cabo a puerta cerrada por la Oficina de la Asamblea Nacional, un órgano constituido por determinados diputados para abordar las asuntos  relativos a las normas administrativas de la Cámara.

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Traducción para el Observatorio del Laicismo: Felipe Reyes Guindo

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