El crucifijo de Cotino, el buen ladrón y los malos ladrones

Juan Cotino, en la actualidad presidente del Parlamento valenciano, puso ayer un crucifijo de su propiedad en la mesa presidencial. La verdad es que el gesto de Cotino, militante del PP y ex director de la Policía con Jaime Mayor Oreja de ministro del Interior y José María Aznar de presidente del Gobierno, va más lejos de ser sólo la provocación de un meapilas.

Ese gesto también retrata al personaje como un nostálgico del franquismo, cuando en las Cortes españolas el crucifijo ocupaba obligatoriamente –igual que en todas las instituciones públicas o privadas- lugares de honor. Cotino es del Opus Dei, como lo es el  historiador falaz Luis Suárez, el mismo que no se corta un pelo diciendo que él siente “por la democracia un profundo desprecio”. El mismo que sostiene que Francisco Franco Bahamonde no fue un dictador.

Al paraíso
Cotino, sin embargo, se ha quedado corto exhibiendo ese crucifijo. La escena del cruel asesinato de Jesús de Nazaret, clavado en la cruz, incluye a otros dos crucificados. Uno, llamado al parecer Dimas, era el buen ladrón. El otro, sin nombre, era el mal ladrón. Dimas –según el evangelio de Lucas- subió al paraíso casi de la mano del propio Jesús. El mal ladrón, en cambio, pudo acabar tal vez en el infierno.

 

Émulo de Poncio Pilatos
El País Valencià, como nadie ignora, está repleto en estos tiempos de ladrones malos. Hay en las tres provincias, Castellón, Valencia y Alicante,  ladrones –en su mayoría políticos- que se han podido enriquecer robando a las arcas públicas o aprovechándose de sus cargos e influencias para forrarse. Y, no obstante, estos ladrones malos –casi todos ellos conocidos por Cotino- no han sido aún castigados. Ni por el gran jefe de todos ellos, Mariano Rajoy, que tiende siempre a emular a Poncio Pilatos, ni por los jueces que van avanzando en sus investigaciones, aunque con excesiva lentitud.

Los ricos y los pobres
En cambio, y de acuerdo con algunos relatos de evangelios apócrifos, el buen ladrón Dimas atracaba a los ricos para  favorecer a los pobres. Fue lógico, por tanto, que –clavados ambos en la cruz y a punto de morir- Jesús y Dimas se hicieran amigos. Jesús también era partidario acérrimo de arremeter contra los ricos y de auxiliar a los pobres. Basta leer su sermón de la montaña o las bienaventuranzas y ver cómo plantaba  cara a los sacerdotes y fariseos hipócritas de su época. Por eso –porque enojaba a los poderosos y apoyaba a los débiles- fue vilmente crucificado.

“La verdad os hará libres”
Juan Cotino debe de jactarse por su hazaña de prepotencia católica y de falta de respeto a las creencias de cada cual. El Parlamento no es suyo; es de todos los ciudadanos demócratas. En todo caso, Les Corts es territorio del César y no de Dios. Pero no debiera él olvidar que Jesús advirtió a sus discípulos de que “la verdad os hará libres”. ¿Por qué no dicen la verdad los amigos  de Cotino, y probablemente él, sobre las tramas de corrupción que, con nombres y apellidos, funcionan en Castellón, en Valencia y en Alicante?

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM

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