El Corán sin velo: Palabra de Alá

El libro sagrado del Islam habla de Jesús y Abraham, no apoya la ablación ni la lapidación, pero según se interprete puede ser un arma de paz o de guerra.

Una mujer lee el Corán en la ciudad vieja de Jerusalén, uno de los lugares santos para el Islam. :: AMMAR AWAD/REUTERSLos 114 capítulos del Corán incluyen normas sociales e imágenes poéticas que invitan al amor, a la caridad, al esfuerzo y al combate. Los expertos piden «interpretarlo» en su contexto histórico

El reverendo Terry Jones está montando una buena. Con su aspecto de general confederado, su crucifijo y su pistola, Jones asegura que mañana, noveno aniversario del 11-S, organizará una hoguera pública de coranes. El oscuro reverendo Jones, pastor de una confesión minúscula de nombre absurdo (Iglesia de la Paloma de Alcance Mundial), se ha convertido de repente en una figura de relevancia mundial: el general Petraeus, el Pentágono, el Papa, la OTAN y hasta Obama le piden públicamente que se detenga. Ninguno lo hace por defender la palabra sagrada del Islam, sino porque temen que la pira coránica desate el furor de los musulmanes radicales e inicie un nuevo y terrible ciclo de amenazas, atentados, asesinatos y destrucción.
Mientras esperamos que el reverendo Jones y sus cincuenta pirómanos prendan la mecha, tal vez sea hora de preguntarse qué dice realmente el Corán. En los últimos años, el Islam se ha convertido en una presencia constante en los medios de comunicación, pero casi nadie se toma la molestia de descubrir en qué consiste la religión musulmana, cuál es su mensaje, cuáles son sus retos. «En el caso español es una ignorancia culpable», señala Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología de la Universidad Carlos III. «Hemos compartido ocho siglos de historia y buena parte de nuestra identidad encuentra sus orígenes en el Islam. En todos los terrenos: político, lingüístico, religioso.». La arabista Gema Martín Muñoz, directora de la Casa Árabe en Madrid, va más allá: «Muchos hablan con certeza absoluta del Islam sin tener ningún conocimiento y siempre en un sentido muy negativo. Eso permite que se vaya filtrando una islamofobia que no es reconocida como tal». Así que, en lugar de andar quemando libros en un descampado, quizá haya llegado la hora de abrir un Corán y de enfrentarse a sus versículos con la mente libre de prejuicios y con la ayuda de los expertos. ¿Qué pone ahí? Y, sobre todo, ¿por qué pone lo que pone?
Emilio González Ferrín, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Sevilla, tiene claro cuál debe ser la actitud del lector -musulmán o no- que coge el libro sagrado: «No hay que pensar que leemos un texto contemporáneo. Al igual que la Biblia, su lectura debe ser alegórica, simbólica. Literaria y no literal. Esto es aplicable a creyentes y no creyentes». El Corán está escrito en un lenguaje poético, a veces hermoso y en ocasiones farragoso, lleno de parábolas e imágenes. Según la tradición islámica, la revelación llegó al profeta cuando Mahoma, un comerciante con fama de justo, tenía ya 40 años. El arcángel Gabriel se le apareció cuando meditaba en una cueva y le ordenó: «¡Recita!». Ahí comenzó la revelación.
Ni ablación ni lapidación
Los telediarios nos bombardean diariamente con terribles imágenes (lapidaciones, mutilaciones) que asociamos inmediatamente con el mundo musulmán. «Pero la ablación del clítoris ni está en el Corán ni pertenece al Islam», puntualiza Gema Martín Muñoz. «Es una práctica subsahariana. Sólo algunos países, como Egipto y Yemen, con una arraigada relación histórica con el mundo subsahariano, integraron esa práctica que, una vez hecha propia, quisieron legitimar a través de la religión». Y tampoco la lapidación existe en la mayoría de los países islámicos. «En aquellos en que se aplica, la razón tiene que ver con la política y con el régimen político que la aplica», asegura Martín Muñoz. Eso no quita para que el lector occidental se quede con mal cuerpo cuando se topa con algunos versículos coránicos: «Aquellas (mujeres) cuya animadversión temáis, amonestadlas (primero); luego dejadlas solas en el lecho; luego pegadles; pero si entonces os obedecen, no tratéis de hacerles daño» (Corán, 4, 34). Los expertos animan a estudiar estas frases en su contexto histórico: aunque ahora chirríen, en el siglo VII y en la sociedad patriarcal del desierto arábigo, las normas coránicas supusieron un indudable avance para las mujeres, hasta entonces tratadas como simple mercancía. «Para su época -indica el profesor González Ferrín-, el Corán mejora la situación de la mujer: el velo es para que no se elijan mujeres desnudas, la poligamia es para que se reconozcan los hijos… Pero esa es la batalla perdida: la contextualización».
Lo mismo sucede con las máximas guerreras. Parte del contenido revelado se escribió en una época tumultuosa, cuando las huestes del profeta Mahoma luchaban por su propia supervivencia. Por eso se puede leer una máxima loable («no cabe coacción en asuntos de fe») y, páginas después, un mensaje terrible: «Si (los hipócritas) se vuelven hostiles, cogedles y matadles allí donde los encontréis». «Todos los textos revelados dan lugar a diferentes interpretaciones», explica el teólogo Juan José Tamayo: «Sucede en el Corán, pero también pasa con la Biblia hebrea o con la cristiana. A los textos sagrados se puede acceder de dos maneras: por la vía fundamentalista, ciñéndose al sentido literal del texto, o mediante los métodos histórico-críticos. Hay una distancia insalvable entre la época en que fueron escritos y el tiempo actual, por eso necesitan ser interpretados desde el momento en que se están leyendo, desde una perspectiva que comprenda los derechos humanos y el trabajo por la paz y por una sociedad igualitaria».
La arabista Gema Martín Muñoz confirma que esas pulsiones diferentes se dan en el mundo islámico: «Las fuentes sagradas no lo dicen todo, incluso se contradicen, y por tanto cada cual busca lo que quiere encontrar. Unos la espiritualidad, otros la reforma para modernizar y otros lo que justifique el ultraconservadurismo y la acción intolerante y violenta. Todas esas tendencias existen en el mundo islámico y hay una gran tensión entre ellas».
Los expertos advierten contra el peligro de reducir el Islam a un todo uniforme, cerril y amenazante. «Cuando la guerra de la antigua Yugoslavia, por mucho que se denostase a los serbios, nunca aparecían sus campos de concentración con música cristiana ortodoxa de fondo. Se asumía que eran 'malos' personalmente, no 'cristianamente'. No ocurre lo mismo con el musulmán. Se pretende que su 'maldad', en el caso de los 'malos', es corporativa», se queja el profesor González Ferrín. Y su colega Gema Martín Muñoz coincide en señalar que «el extremista es más atrayente para la noticia»: «La cuestión está en la sobredimensión, sobre todo mediática, de los más rigoristas y ultraconservadores. La consecuencia es que entre el ultra y el radical laico, que es el que gusta mucho en Occidente, queda oculta la gran mayoría musulmana, sensata y reformadora».
Unos y otros acuden al Corán: un libro monumental, dividido en 114 azoras o capítulos que no siguen un orden temporal, sino que están agrupados de mayor a menor extensión. «En realidad no es un libro, sino un conjunto de libros, igual que la Biblia», explica González Ferrín. Las azoras se conservaron sobre todo de manera oral, hasta que el primer califa, Abu Bakr, suegro y sucesor del profeta, decidió recopilarlas. Finalmente, fue durante la época del tercer califa, Uthman, cuando se ajustó el corpus definitivo. Las 114 azoras corresponden a dos momentos de revelación: el de La Meca y el de Medina. Las primeras son apasionadas, breves y poéticas; las segundas, largas y de aire jurídico, contienen normas de organización social.
El Corán y los cristianos
El lector occidental tal vez se asombre de la cantidad de veces que Moisés, Abrahám o Jesús aparecen en El Corán. Son considerados los grandes profetas anteriores, cuyos mensajes merecen respeto. Pero los musulmanes creen que al conceder a Jesús -un hombre admirable- categoría divina, los cristianos incurren en politeísmo. Y eso es especialmente grave para los teólogos islámicos, cuya religión se asienta en un férreo monoteísmo, expresado en la 'shahada' o declaración de fe: «No hay más Dios que Dios». «¿Quién entendía el lío de la Trinidad en aquellos años?»- se pregunta Ferrín-. «La redacción coránica, en su aspecto doctrinal, es una reacción contra los trinitarios».
Contrariamente al cristianismo, en el mundo musulmán no hay jerarquía ni clero ni Papa. «Eso favorece el pluralismo teológico y puede facilitar la renovación ya que, al menos en teoría, no existe esa separación entre clérigos y laicos, entre inquisidores y herejes», defiende Juan José Tamayo. Los expertos coinciden en señalar la actual pujanza, aunque un poco secreta, del pensamiento islámico reformista. Pero sus adalides no salen en televisión. Las cámaras prefieren enfocar al Mulá Omar, al ayatollah Jamenei o al pastor Terry Jones, gente que se divierte mucho matando inocentes, tirando piedras o quemando libros.

Mansur Escudero, frente a la Mezquita de Córdoba. :: RAFA ALCAIDE«Ese tipo sólo quemará un trozo de papel»

Mansur Escudero, presidente de la Junta Islámica española, anima a «entender todo el Corán»: «Sólo se conocen los estereotipos y las frases fuera de contexto»

Mansur Escudero (Almáchar, Málaga, 1947) es un médico psiquiatra, convertido al Islam en 1979, que ahora preside la Junta Islámica española.
-La gente habla mucho del Corán, ¿pero se conoce lo suficiente?
-No. Sólo se conocen los estereotipos o frases sacadas de contexto, con interpretaciones que no se ajustan a la realidad. El Corán hay que contextualizarlo y entenderlo en su conjunto. Pero eso no lo hacen ni siquiera muchos expertos y orientalistas.
-Los talibanes se escudan en el Corán, pero también los racionalistas beben de él. ¿Tan polisémico es el texto?
-Fíjese si será polisémico que se dice que el Corán tiene siete niveles de significado. La polisemia del Corán está incluso a nivel de los términos. Por ejemplo, en relación con la mujer, hay una palabra que algunos interpretan como 'golpear', pero una reflexión filológica sobre el término descubre que hay hasta cuarenta significados posibles para esa palabra. La revelación se fue desplegando durante 23 años en situaciones específicas, a menudo en un contexto guerrero, y viene a reflejar lo que hay que hacer. Pero lo que se reveló en ese momento y en el desierto arábigo es válido para una persona que hoy vive en Manhattan si es capaz de interpretarlo de forma correcta.
-Otra discusión continua es sobre el término 'yihad': ¿significa guerra santa o esfuerzo íntimo?
– En absoluto tiene 'yihad' el significado de guerra santa. Eso es incorrecto. Quiere decir 'esfuerzo en la senda de Alá'. Ese esfuerzo se explica en muchos ámbitos: en efecto, incluye la lucha si hay que defenderse de las agresiones, pero sobre todo indica el esfuerzo que debe hacer el creyente para seguir el mandato de Alá.
-¿Qué opina de la quema del Corán que planea Terry Jones?
-El Corán es una revelación que está descendiendo siempre. El libro físico sólo es el reflejo de la palabra revelada. Quemar el libro, como pretende hacer el tipo ese de Estados Unidos, es una estupidez. No quemará más que un trozo de papel. Incluso si queman todos los coranes que hay en el mundo, el mensaje seguirá vivo en los creyentes.
-Al contrario que en el cristianismo, en el Islam no existe un Papa ni hay una jerarquía. ¿Puede eso dificultar la renovación?
-Yo lo considero una bendición. El propio Corán defiende la diversidad como un don. Y eso es una garantía de que el Islam no puede estar sujeto al criterio de una sola persona o de una jerarquía.
-El Islam engendró en la Edad Media una gran tradición racional (Averroes, Avicena). ¿Se ha cortado esa vía de renovación?
-La tradición racionalista se ha dado siempre. Y yo creo que, pese a algunos intentos de cerrar esta vía, no puede acabar nunca. Siempre se necesitará el esfuerzo del musulmán para contextualizar y para saber cómo la palabra se aplica a su comunidad y a su propio momento espiritual.

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