El Concilio Ateo afronta el actual renacer religioso

Durante el puente de la Constitución y la Concepción tuvo lugar en el Círculo de Arte de Toledo (antigua iglesia de San Vicente y sede de la Inquisición) el I Concilio Ateo, para afrontar el proceso involutivo de intromisión religiosa.

Según Francisco Miñarro, coordinador de la Federación Internacional de Ateos (FidA), la esencia de las religiones es la apropiación indebida del significado de las palabras que, transferido a ficciones teológicas, despoja de contenido a la naturaleza humana. El Concilio, plataforma frente al poder de la religión y su manipulación de cuerpos y conciencias con técnicas psicológicas de control, recupera el sentido de la existencia mediante presupuestos ajenos al condicionamiento religioso. Una semana después, en la Jornada Laicista de Valladolid, Miñarro ofreció las conclusiones del Concilio, que debió celebrarse en noviembre: “En un país oficialmente laico, un encuentro de ateos se encuentra con multitud de trabas y problemas procedentes de la secta católica y principalmente de organismos e instituciones públicas autodenominadas democráticas”.

Aunque el concejal toledano de IU, Aurelio San Emeterio, prometió un centro social gratuito a 10 km de la ciudad, en octubre la FidA supo que la excusa de Emiliano García-Page, alcalde del PSOE, para negar cualquier local e iniciar una fuerte campaña de intimidación, era la obra La revelación de Bassi y la exposición de fotografías eróticas con temas religiosos de J. A. Montoya. Tras las presiones, el Círculo de Arte brindó su sede.

La Delegación del Gobierno no autorizó una manifestación a las puertas del Concilio, el 8 de diciembre, del grupo ultra Unión en Defensa de la Familia, que amenazó con acciones legales basándose en el artículo 525 del Código Penal por “blasfemia y atentado contra la libertad religiosa”. La asociación Deo Gratias convocó para el mismo día 8 una misa de desagravio en la iglesia de Santo Tomé. Sí hubo esos días en Toledo un gran despliegue policial ante el rumor de la llegada de autobuses con integristas católicos opuestos al evento. Para la FidA “fueron tres días de un experimento social pionero en el que un grupo de intelectuales, artistas, científicos, activistas, filósofos e historiadores (con el apoyo de múltiples entidades y asociaciones), se dedicaron a algo tan simple, y tan grave, como debatir sobre la superstición religiosa desde el terreno del pensamiento y la realidad, buscando soluciones prácticas basadas en la educación científica y laica, en el empleo de nuevos medios y herramientas de comunicación, en defensa de la libertad de conciencia, de creación y de reunión, del establecimiento de nuevos contactos e interacciones que aseguran la continuidad”.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...