El concejal de Madrid Sánchez Mato explica por qué no fue a la misa de la Almudena en la que sí estuvo la alcaldesa

El concejal de Economía y Hacienda del ayuntamiento defiende no mezclar “la institución municipal con un acto religioso en un estado que se declara aconfesional”.

El concejal de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid, Carlos Sánchez Mato, ha explicado los motivos por los que ayer lunes decidió no estar en lamisa de la Almudena que tuvo lugar en la Plaza Mayor. Un evento en el que sí estuvo la alcaldesaManuela Carmena. 

En un artículo en su blog titulado Por qué no voy a ir a la misa solemne de la Almudena, el edil de Ahora Madrid reconoce que “jamás había recibido este tipo de invitación para asistir a esta celebración” de este tipo. Más allá de este dato, Sánchez Mato destaca que esta celebración, “muy enraizada en la ciudad, lleva contando con la presencia en lugar destacado de las autoridades civiles de Madrid desde el siglo XVII”. 

“Desde que la tradición atribuyera a una talla de la Virgen de la Almudena la salvación de la ciudad de unas graves inundaciones en 1646, Madrid renueva anualmente el Voto de la villa”, continúa el concejal que apunta a “un problema y no es precisamente pequeño”. En su opinión, “no parece que pueda considerarse constitucional mezclar la institución municipal con un acto religioso en un estado que se declara aconfesional”. 

Para el responsable municipal de Economía y Hacienda “ninguna confesión tendrá carácter estatal y, por lo tanto, mantener determinados privilegios y lazos entre el Ayuntamiento y la Iglesia de Madrid, además de confundir lo que debería ser una actuación neutral del consistorio frente a cualquier confesión religiosa y causar dolor en quienes no sienten como propia esa fiesta, limita la libertad de esa Iglesia a la que pretendidamente apoya con su presencia en el acto”. 

El concejal destaca que es “cristiano” y “es desde mi militancia en la base de esa Iglesia desde donde me horroriza la confusión entre el poder político y el de la Iglesia”. Sánchez Mato no cree “que nadie pueda pensar en serio que esa fuera la Iglesia que Jesús de Nazaret soñara”. “Más bien, la Iglesia de los empobrecidos, los desposeídos y los explotados de Madrid, tendría que estar aliada con ellos y movilizada para obtener del poder político, también del municipal, la solución a las muchas injusticias que todavía hoy existen”, asegura antes de incidir en que tiene que estará “al servicio de los que peor lo pasan”. 

“Es a ellos y a ellas a los que les correspondería estar sentados en los primeros sitios en la celebración de mañana y no a los máximos responsables del Ayuntamiento, la Comunidad o el Estado porque, como dijo ese Jesús coherente hasta el extremo, ‘el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos’”, explica en el mencionado artículo en su blog personal.


Por qué no voy a ir a la misa solemne de la Almudena

«El próximo día 9 de noviembre a las 11:00 horas se celebrará la tradicional Misa Solemne que, con motivo de la festividad de Nuestra Señora de la Almudena, oficiará el Señor Arzobispo de Madrid en la Plaza Mayor. Vestimenta: Señores con traje oscuro y Señoras con vestido corto».

Jamás había recibido este tipo de invitación para asistir a esta celebración pero, desde el mes de mayo, soy concejal del Ayuntamiento de Madrid y tengo el orgullo de pertenecer a un grupo  municipal, Ahora Madrid, que tiene la responsabilidad de gobernar la ciudad de Madrid durante los próximos cuatro años. Parece que es ese el motivo de que yo haya recibido la invitación, mi condición actual de cargo público.

En esta celebración, muy enraizada en la ciudad, lleva contando con la presencia en lugar destacado de las autoridades civiles de Madrid desde el siglo XVII. Desde que la tradición atribuyera a una talla de la Virgen de la Almudena la salvación de la ciudad de unas graves inundaciones en 1646, Madrid renueva anualmente el Voto de la villa.

Solo hay un problema y no es precisamente pequeño: No parece que pueda considerarse constitucional mezclar la institución municipal con un acto religioso en un estado que se declara  aconfesional. Ninguna confesión tendrá carácter estatal y, por lo tanto, mantener determinados privilegios y lazos entre el Ayuntamiento y la Iglesia de Madrid, además de confundir lo que debería ser una actuación neutral del consistorio frente a cualquier confesión religiosa y causar dolor en quienes no sienten como propia esa fiesta, limita la libertad de esa Iglesia a la que pretendidamente apoya con su presencia en el acto.

No hago esta crítica desde el rechazo a la Iglesia católica. Precisamente yo soy cristiano y es desde mi militancia en la base de esa Iglesia desde donde me horroriza la confusión entre el poder político y el de la Iglesia. Porque no creo que nadie pueda pensar en serio que esa fuera la Iglesia que Jesús de Nazaret soñara. Más bien, la Iglesia de los empobrecidos, los desposeídos y los explotados de Madrid, tendría que estar aliada con ellos y movilizada para obtener del poder político, también del municipal, la solución a las muchas injusticias que todavía hoy existen. Nunca sometida al poder, siempre al servicio de los que peor lo pasan. Es a ellos y a ellas a los que les correspondería estar sentados en los primeros sitios en la celebración de mañana y no a los máximos responsables del Ayuntamiento, la Comunidad o el Estado porque, como dijo ese Jesús coherente hasta el extremo, «el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos»

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