El Código Civil, el aborto y monseñor Martínez Camino

¿Han leído los obispos españoles, tan enojados como están ante la ley del aborto, los artículos 29 y 30 del Código Civil vigente? Conviene subrayar que este Código fue gestado en el primer Gobierno de la reina regente María Cristina, viuda de Alfonso XII y madre de Alfonso XIII. Encargó María Cristina de Hansburgo-Lorena a Práxedes Mateo Sagasta, que era el líder del Partido Liberal, que formara Gobierno. Lo hizo y nombró ministro de Gracia y Justicia a Alonso Martínez, prestigioso jurisconsulto, eficaz impulsor del citado Código.

Habrá que evocar a los efectos eclesiásticos que los liberales estaban muy mal vistos por la jerarquía católica. En 1864 el pontífice Pío IX divulgó la encíclica Quanta Cura, que incluía el Sillabus, y que ponía prácticamente a las puertas del infierno a los liberales. El liberalismo es pecado era el título de un libro escrito por el canónigo barcelonés Félix Sardá y Salvany, fallecido en 1916. Ese libro tuvo un gran éxito en la derecha española. El liberalismo procedía básicamente de la Enciclopedia, la Ilustración y la Revolución francesa, tres maldiciones diabólicas según la carcunda hispana.


Los dos artículos
Artículo 29 del Código Civil: “El nacimiento determina la personalidad, pero el concebido se tiene por nacido a todos los efectos que le sean favorables, siempre que nazca con las condiciones que expresa el artículo siguiente”. Artículo 30: “Para los efectos civiles, sólo se reputará nacido el feto que tuviere figura humana y viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno”.


Azufre liberal
¿No le parece a monseñor Juan Antonio Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, que ambos artículos huelen a un cierto azufre liberal o demoníaco, y que pueden ser interpretados en clave de facilitar el aborto al no aludir a los embriones, convertidos éstos por la cúpula de la Iglesia, pintorescamente, en seres humanos? Martínez Camino, discípulo predilecto del cardenal Antonio María Rouco Varela, es un distinguido predicador de calamidades, experto en no olvidar que la Iglesia aplica la pena de la excomunión a “quienes intervienen directamente en un aborto que realmente se ejecuta” y asimismo a “todos los que intervienen directamente en la ejecución de un aborto”.


Daños peores
¿Y si algunos intervinientes no participan “directamente”, qué hacemos con ellos, monseñor Martínez Camino? Piense que los procedimientos indirectos provocan con frecuencia daños peores que los directos. ¿No se estará pasando el portavoz episcopal al liberalismo? ¿Ya no es pecado el liberalismo? ¿Por qué lo era hace un siglo y ahora el pecado es el relativismo? ¿No conduce el pensamiento liberal al relativismo? Cuidado, cuidado, Martínez Camino. A ver si alguno de sus colegas más ortodoxos acaba excomulgándole directamente a usted.

Enric Sopena es director de El Plural

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