El cepillo de Solbes

UN COMPAÑERO de trabajo que declara como católico (marca la casilla Iglesia Católica en la liquidación del impuesto de la renta) va a pasar de aportar 40 euros a 52. Son unas dos mil pesetas más, de las de antes, debido a que Solbes ha de cumplir el acuerdo entre ZP y la Conferencia Episcopal de pasar del 0,52% al 0,70% para este fin.

La Hacienda pública que dirige Solbes pasará así a recaudar, e ingresar en la cuenta bancaria correspondiente de la Iglesia, de 144 millones a 175 millones de euros (casi unos 30.000 millones de las antiguas pesetas). Lo que muchos de los que declaran como católicos -que son aproximadamente la tercera parte de los contribuyentes- no saben es que ellos no pagan ni un euro más que yo, que no marco ninguna casilla. O dicho de otra forma: el sistema que acaba de ampliar ZP hace que mi compañero aporte finalmente 52 euros menos que yo a las arcas públicas; sucede así que ese tercio de declarantes hacen recaer sobre al conjunto de los contribuyentes unos impuestos, al cabo dejados de ingresar, de 175 millones de euros. Mi compañero católico y yo -con salarios iguales- no aportamos lo mismo a Hacienda. Él aporta menos.

Otro compañero marca la casilla de «fines sociales» en su declaración. También este grupo genera una bolsa de más de cien millones. Pero tampoco ese compañero -con el mismo sueldo- ingresa para financiar el gasto público lo mismo que yo, porque como sucedía con el católico tampoco paga ni un euro más. Así las cosas si nuestro ZP quiere que Solbes tenga un cepillo (caja para aportaciones voluntarias que hay en las iglesias) en todas las delegaciones de Hacienda podría importar, también en esto, tecnología alemana. Primero porque allí el declarante que marca una religión paga un 8 % más sobre la cuota; segundo porque la Hacienda alemana cobra -descuenta- una comisión por ejercer de recaudador, de cepillo laico. Y lo mismo regiría para la lista completa de organizaciones con otros fines sociales.

Con este sistema sí se cumpliría que mis dos compañeros de trabajo aportasen lo mismo que yo a los gastos públicos comunes (incluidas ayudas oficiales a los países subdesarrollados o a nuestros compatriotas pobres), sin que nadie les prohíba utilizar el cepillo de Hacienda para apoyar, a mayores, cualquier fin de su particular consideración. Además la Iglesia Católica pasaría a recaudar once veces más recursos (casi 2.000 millones de euros) … de mantenerse el 34 % de declarantes que ahora marcan la casilla, en el nuevo formato de cepillo alemán. Y le sería posible entonces a nuestro ZP laico suprimir los salarios, subvenciones, inversiones, desgravaciones y exenciones … que cada año paga el Estado (es decir todos los contribuyentes en nuestra declaración) a la Iglesia Católica.

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