El caso de Terri Schiavo desata una polémica mundial sobre la eutanasia

El caso de Terri Schiavo desata un debate internacional sobre la eutanasia La última escaramuza legal amenaza con empantanar la tragedia de una mujer que ha sido ya desconectada tres veces de la sonda alimenticia
 

   Los congresistas interrumpieron sus vacaciones y volvieron a Washington apresuradamente desde todos los rincones de Estados Unidos para votar la ley, el presidente se levantó de madrugada para firmarla y los padres de Terri Schiavo corrieron a los juzgados de Tampa para pedir que se aplicara, pero el juez James Whittemore no parecía estar impresionado por semejantes prisas. De hecho, no fijó la audiencia para revisar el polémico caso hasta las 3 de la tarde de ayer, hora local.
   A esas alturas, medio mundo estaba pendiente de los insólitos pasos que se estaban dando en Estados Unidos para impedir la muerte de Terri Schiavo, a quien el viernes se desconectó el tubo de alimentación que la ha mantenido con vida durante 15 años. Agotadas las esperanzas médicas, su marido lucha para que tenga una muerte digna, un deseo que ella le confió antes de quedar en estado vegetativo por un paro cardiaco. Al menos así lo han aceptado los más de 20 jueces que han entrevistado a médicos y testigos.
   «¿Es que el Congreso sabe más que los médicos? ¿Pueden ver cuál es el estado de salud de Terri a través de unas imágenes editadas en vídeo?», protestaba airado Michael Schiavo, marido y custodio legal de Terri. « Si eso es así, a partir de ahora podemos poner en marcha un nuevo sistema de diagnóstico que va a encantar a todos los americanos: simplemente, manda tu foto al Congreso».
   En sus primeras declaraciones públicas sobre un caso que se ha convertido en cruzada de los grupos conservadores que lo auparon hasta la Casa Blanca, George W. Bush prefirió no abordar el aspecto moral. «Este es un caso complejo que entraña temas muy serios», explicó, «pero bajo extraordinarias circunstancias como éstas lo inteligente es siempre errar en el lado de la vida».
«Enorme confusión»
  
Las repercusiones internacionales del caso han sido enormes. El Vaticano, a través de un artículo en 'L'Osservatore Romano', criticó duramente la decisión de retirar la sonda de alimentación de Schiavo, y apoyó los intentos de revocar la medida. En España, el experto en bioética Pablo Simón consideró la nueva ley «un retroceso» en el ámbito legislativo norteamericano y criticó la «enorme confusión» que ha despertado el caso: no se trata de eutanasia, subrayó, sino de limitar el esfuerzo terapéutico, «una práctica aceptable, habitual en las unidades de cuidados intensivos».
   El caso de Terri ha ido de tribunal en tribunal durante siete años hasta agotar todas las vías posibles que ofrece el Estado de Florida, y cuando parecía que ya no quedaba nada por hacer, el Gobierno federal ha redactado a la carrera una ley diseñada exclusivamente para permitir a los padres que presenten el caso ante un juez federal. Para lograr el acuerdo bipartidista del Domingo de Ramos que la ha hecho posible, el partido conservador ha aceptado que la ley se refiera exclusivamente al caso de Terri Schiavo. El texto incluso niega explícitamente que pueda ser utilizado como precedente legal.
   Lo que ha politizado la disputa familiar es la entrada en escena de varios grupos conservadores que asesoran a los padres de la mujer para que la mantengan con vida. Quienes están del lado de la «cultura de la vida», frase acuñada por los grupo antiboartistas, han convertido a Terri en bandera de su movimiento. Mientras la clase política y la sociedad luche para que su muerte quede «en manos de Dios», dicen, habrá esperanza para otras causas que constituyen su base ideológica.
Sonda en el ombligo
  
Si la vida de Terri dependiese exclusivamente de Dios, habría fallecido hace 15 años, ya que su tráquea es incapaz de ingerir agua o alimentos. La única manera de mantenerla con vida es alimentándola a través de una sonda introducida directamente por el ombligo. Las leyes de Florida, como en muchos otros Estados del país, no permiten el suicidio asistido pero sí la posibilidad de rehusar asistencia médica. Terri no puede hacerlo personalmente, por lo que su marido y tutor legal toma las decisiones por ella.
Cerebro atrofiado
  
Los escaners cerebrales de Terri demuestran que no sólo hay una actividad cerebral mínima, sino que el órgano se ha atrofiado y reducido hasta casi desaparecer. En su lugar, una mancha negra indica la presencia de líquido que ha ocupado el espacio donde debería estar el cerebro. «Casi no hay corteza cerebral», explica su abogada; «es imposible que haga las cosas que dice su familia».
   Sus padres están convencidos de que Terri les escucha y hace esfuerzos para comunicarse. «Le he dicho que el presidente de EE UU ha intervenido para salvarle la vida y se ha puesto muy contenta, que Dios me ayude», contó el progenitor en conferencia de prensa. «Le pregunté si quería dar un paseo y me la llevé a desayunar. Se la veía encantada».
   Numerosos testigos han desfilado por los tribunales para dar fe de que las miradas, sonrisas, ruidos y otros gestos citados por su familia son meros movimientos reflejos que no responden a ningún estímulo exterior. Pero, más allá de cuáles eran los deseos de Terri y sus posibilidades de recuperación, su caso ha destado una auténtica disputa legal sobre el federalismo estadounidense. Incluso los conservadores creen que los políticos de Washington se han extralimitado en sus atribuciones al interferir en un asunto que llevaba siete años en los tribunales estatales y había llegado incluso al Tribunal Supremo de Florida.

 

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