El cardenal Osoro bendice el colegio de educación diferenciada Stella Maris concertado por la Comunidad de Madrid

Claro ejemplo del uso confesional, pastoral, dogmático y adoctrinador de la educación religiosa, que además está pagada con fondos públicos. Muestra de la educación difeenciada, no sólo practicada en colegios del Opus, y además bendecida por un cardenal cercano al también, para algunos, «progre» papa Francisco.


El acto tuvo lugar el pasado sábado y contó con la asistencia del padre José Noriega, Superior General de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María (Institución de la Iglesia Católica que dirige este colegio) y con la religiosa Lora Tamayo, Superiora General de la Compañía del Salvatoris, a la que pertenece el colegio Mater Salvatoris. También intervino el director de centro, el padre Carlos Granados.

En su intervención, el cardenal recordó su pasión por la educación. “Un colegio como este les da a los alumnos y a las familias la oportunidad de que Dios entre en su vida para transformar el mundo”.

Osoro indicó también que “estamos ante una época nueva” en la que la sociedad “necesita un desarrollo integral del ser humano”.

Agradeció a los Discípulos que hayan emprendido este centro “un colegio necesario”, en el que esta institución de la Iglesia Católica no busca “el triunfo personal, sino educar a los niños para que alcancen lo que tienen que alcanzar”.

Asimismo, agradeció a las familias por seguir confiando en la Iglesia que es “Madre y alienta a pesar de nuestros fallos”.

El cardenal Osoro se mostró agradecido con el recibimiento de las familias y no ocultó su sonrisa y alegría ante las palabras de los alumnos: “Señor cardenal, muchas gracias por venir a bendecir este colegio porque sabemos que está muy ocupado resolviendo problemas”.  

Necesidad educativa emergente

Por su parte, el director del centro, el padre Carlos Granados afirmó que el arte del educador es sembrar en los alumnos para ver los frutos “a largo plazo”. Reiteró su compromiso con la formación humana. “Estamos ante una necesidad educativa emergente”, comentó.

La superiora general de la Compañía del Salvador, la religiosa Lora Tamayo, recordó la historia de este proyecto educativo que tiene su origen en las “familias que han venido pidiendo un Mater de chicos. Conocer a los Discípulos y realizar esta alianza responde a la emergencia educativa del que habla el Papa Francisco”.

Por último, el superior general de los Discípulos, el padre José Noriega, comenzó su alocución con la siguiente pregunta: “Hacer un colegio masculino en el inicio del siglo XXI ¿no será un despropósito?”

Sin embargo, argumentó que un colegio masculino tiene ante sí un reto: educar hombres para que desarrollen esa virtud que le es propia: la virilidad, algo criticado por el “feminismo y pacifismo” ya el significado de esta virtud, está minusvalorada.

La virilidad es esa capacidad que tiene el hombre, el varón, de luchar por el futuro, de entregarse como hombre, esposos o padre, de acoger las responsabilidades de la vida, el peso de la vida. Lo propio de la virilidad es meternos en la vida y vivirla como protagonistas. El hombre viril es un hombre de fiar y genera paz”.

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