El cardenal Martini pide que se reconozca el derecho del enfermo terminal a no ser tratado

El prelado afirma que «sigue abierta la exigencia» de una normativa que consienta el rechazo de las terapias médicas, aunque la distingue de la eutanasia

El cardenal emérito de Milán, Carlo Maria Martini, consideró ayer que, desde el punto de vista jurídico, "sigue abierta la exigencia" de hacer una normativa que reconozca la posibilidad "del rechazo de las terapias" por un enfermo terminal, sin que esto implique, "en ningún modo, la legalización de la eutanasia".

Martini, en un artículo que publica el diario italiano Il Sole 24 Ore, escribe que "no se puede ignorar la voluntad del enfermo, pues a él compete" valorar si las terapias que se le proponen, "en tales casos de excepcional gravedad, son efectivamente proporcionadas", aunque tampoco se le puede dejar solo en su "evaluación y decisión".

En Italia hay un debate abierto sobre la eutanasia y el ensañamiento terapéutico desde que el pasado diciembre, Piergiorgio Welby, un enfermo de distrofia muscular de 60 años, logró que un médico desconectara el respirador artificial que le mantenía con vida. En el país transalpino se ha optado por hablar de "interrupción del ensañamiento terapéutico" en lugar de emplear el término “eutanasia” al referirse al caso Welby. Por ello las palabras de Martini trascienden la mera regulación del ensañamiento y se insertan de lleno en el debate sobre la eutanasia.

En opinión del cardenal, hoy es aun más importante esta regulación porque las nuevas tecnologías médicas permiten intervenciones "cada vez más eficaces sobre el cuerpo humano". Por esta razón "exigen un suplemento de sabiduría para no prolongar los tratamientos cuando ya no ayudan a la persona", agregó.

El prelado, que está viviendo su jubilación entre Jerusalén y Roma, destacó que es de "grandísima importancia" distinguir entre "eutanasia y abstención de ensañamiento terapéutico", que son dos términos "con frecuencia, confusos".

Con la eutanasia se cumple "un gesto que tiene la intención de acortar la vida, causando positivamente la muerte", mientras que evitar el ensañamiento terapéutico supone renunciar al uso de procedimientos médicos "desproporcionados y sin una esperanza razonable de un resultado positivo", explicó.

Al evitar el ensañamiento terapéutico "no se quiere procurar la muerte: se acepta que no se puede impedir, asumiendo así los propios límites de la naturaleza humana mortal", indicó Martini, que está a punto de cumplir 80 años.

Para el purpurado, "el punto delicado" es que para establecer si un tratamiento es adecuado "no se puede recurrir a una regla general, casi matemática", sino que es necesario "un atento discernimiento que considere las condiciones concretas".

Desde el punto de vista jurídico, considero, "sigue abierta la exigencia de elaborar una normativa que, por una parte, consienta reconocer la posibilidad del rechazo, informado, de las terapias en cuanto que sean consideradas desproporcionadas por el paciente". Por otra parte, tiene que proteger "al médico de eventuales acusaciones", todo ello sin que "implique en ningún modo la legalización de la eutanasia", agrega el cardenal.

Se trata de una labor "difícil pero no imposible", dijo Martini, quien agregó que la ley aprobada en Francia en 2005 sobre esta materia "parece haber encontrado un equilibrio, si no perfecto, al menos capaz de lograr un consenso suficiente en una sociedad pluralista".

En Italia hay abierto un debate desde que el pasado diciembre, Piergiorgio Welby, un enfermo de distrofia muscular de 60 años, logró que un médico desconectara el respirador artificial que le mantenía con vida, caso en el que se habló del "ensañamiento terapéutico" y de la posibilidad de rechazar una terapia.

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