El bosón que llora por España

En la iglesia hablen de lo que quieran. Pero no mezclemos, por favor

Peter Higgs tiene ya 83 años. Pero si cuando tenía 35, en 1964, tuvo la lucidez científica suficiente para formular la existencia del bosón que lleva su nombre, teoría felizmente probada el 4 de julio pasado, ha demostrado en su viaje a España que mantiene a su edad la misma fortaleza intelectual y una claridad de ideas envidiable.

Por lo pronto, se distancia de esa absurda denominación de “la partícula de Dios” aplicada a sus estudios. Se trata de un vano intento de inmiscuir a Dios en cosas que nada tienen que ver con la teología ni con las creencias religiosas. Nada dice Higgs de ser católico, musulmán o mormón, pero ruega, con exquisita corrección, por cierto, que se aleje a la religión de estas cosas. Dios quizá está en los pucheros para sus terrenales creyentes, pero nada hace indicar que se pasee entre bosón y bosón, si es que ello fuera posible.

A Michael Lederman, premio Nobel y creyente, pudo resultarle poético y atractivo lo de la partícula de Dios, pero mejor será ceñirnos a la ciencia cuando estemos en el Centro Europeo de Físicas de Partículas (CERN). En la iglesia hablen de lo que quieran. Pero no mezclemos, por favor. En un lado la ciencia, en otro la fe. Pero Higgs ha dicho más cosas. Entre otras, ha denunciado el “absoluto y terrible abandono” de la ciencia en España. Ha recordado, además, que “España tiene que invertir más que otros países en el sector científico por el total abandono que ha sufrido en el pasado”. Y ha hecho alguna advertencia: “España necesita más ciencia, de lo contrario tendrá consecuencias para la economía”.

Tiempos terribles estos en los que la investigación científica se halla en los umbrales de la miseria, sin que el ministerio correspondiente ni su ministro encuentren unos cuantos millones para mantener, cuando menos, la esperanza de que la investigación en España algún día podrá dejar de llorar. Para seguir con Higgs, entre la ciencia y Dios, parece que va ganando Dios. A la Iglesia, ahí están las cuentas, no se le ha rebajado ni un centimillo de euro. A los investigadores, casi todo. Hasta la inanición. ¡Que venga Dios y lo vea!

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