El Ayuntamiento de Mérida no participará en la renovación del voto a la Inmaculada

 El pasado viernes 27 de noviembre anuncié públicamente que el Ayuntamiento que presido no iba a participar, de manera institucional, en el recordatorio de la renovación del voto de la Inmaculada que se celebra, todos los años, el 8 de diciembre coincidiendo con esta festividad nacional, por entender que este acto ya no encaja en las nuevas circunstancias políticas y sociales del momento en nuestra nación.

Consciente que ese anuncio podía producir alguna controversia, incluso equívoco entre la ciudadanía, sin ánimo de polemizar y ante las diversas opiniones que se han venido vertiendo desde entonces hasta ahora, voy a intentar de manera clara, concisa y legítima, argumentar mi postura:

Mi percepción personal a este respecto es que este solemne rito en el que los diferentes alcaldes de Mérida han venido participando con presencia y voz en la celebración de la misa, tuvo su tiempo y hasta su razón de ser. Pero hoy día no.

Esto no quiere decir que me desentienda y no apoye todo lo que tiene que ver con el sentimiento religioso de las personas para las que, desde luego, también soy y me siento como su alcalde. Por eso, siempre que me sea posible y con sumo agrado, asistiré oficialmente a los actos religiosos principales que, anualmente, se celebren en esta ciudad.

En este sentido, me gustaría recordar a todos los emeritenses que la renovación del voto desde que Mérida es un ayuntamiento democrático, se inició en el año 1983, siendo alcalde Antonio Vélez Sánchez. Desde ese año y hasta 2009 entiendo que tuviera sentido mantener esta solemne tradición, más allá de que el dogma de la Inmaculada Concepción fuera ya definido por el Papa Pío IX en el año 1854, careciendo de sentido por tanto desde ese día seguir pidiendo algo que ya estaba concedido.

Y digo esto porque el acto de la renovación del voto se enmarcaba y se asociaba con la existencia en Mérida del Convento de las Reverendas Madres Concepcionistas.

Desgraciadamente, en el año 2009 fue cerrado ese Convento, trasladándose e integrándose sus monjas en la Comunidad de su Orden, en la localidad de Mairena de Aljarafe, Sevilla, ordenado por instancias eclesiásticas superiores.

Desde ese mismo año, también esta Corporación Municipal y las autoridades asistentes dejaron de desplazarse a la Concatedral de Santa María -nuevo lugar de celebración de este acto- en formación protocolaria y sin compañía de maceros y guardia de gala.

E igualmente también dejó de procederse a «Renovar el Voto», siendo sustituido este rito -en las mayores de las ocasiones-, por un mero recuerdo de ese hecho y un recordatorio de la que fue presencia tradicional de las hermanas concepcionistas en nuestra ciudad.

Como curiosidad he de decir que ya en anteriores legislaturas -2003/2007- el anterior alcalde no asistió a este acto de renovación de voto en algunos de sus años, delegando su representación en concejales de su equipo de gobierno.

Incluso en esta última legislatura 2011/2015 también faltó en los años 2013 como 2014, siendo representado por una teniente de alcalde.

En este sentido, bien podríamos hacer un símil con lo ocurrido con la desaparición del Cuartel Militar Hernán Cortés de Mérida y su posterior traslado a Badajoz, circunstancia ésta por lo que se dejó de conmemorar en esta ciudad el acto de la Patrona del arma de artillería Santa Bárbara.

Coincido plenamente con el cronista local Fernando Delgado, quien en un artículo suyo publicado el 5 de diciembre de 2013 en un periódico regional, cuyo título era «El voto a la inmaculada», ya reconocía el hecho de que se había perdido una tradición cuando afirmaba en su último párrafo: «Se ha perdido una de las más antiguas tradiciones de la ciudad, aunque se haga el acto religioso en otro lugar, ha desaparecido la esencia por la que fue creado este acto religioso y la espiritualidad del momento se disipa y queda el recuerdo de una tradición de casi cuatrocientos años». Ello es una razón más que me corrobora a afirmar que ya no tiene sentido seguir realizando este acto.

Nadie debería intentar monopolizar, politizar y menos apropiarse de los actos religiosos o de cualquier otro acto que afecte a las creencias de las personas. Creo que de hacerlo así corremos el riego de que nos suceda igual que con el uso de la bandera española.

Termino expresando mi más absoluto y profundo respeto por la Iglesia así como por las creencias de cada uno.

Antonio Rodríguez Osuna (PSOE) Alcalde de Mérida

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