El arzobispo de Granada Javier Martínez: «El culto a la razón ha derivado en los botellones»

El arzobispo asegura que aún peor que la Educación para la Ciudadanía es la ciencia

Francisco Javier Martínez, arzobispo de Granada, dictó el jueves una conferencia en el aula Civitas Dei de Alcalá de Henares y no dejó títere con cabeza. Cobró el botellón por ser una consecuencia del Siglo de las Luces; el islam, por ser una falsa religión al servicio de un imperio político; el laicismo, por esconder una organización con una clara conciencia de lucha por el poder, y resultó malparada la ciencia porque con su epistemología ha colonizado a los cristianos y les impone un comportamiento moral contrario al suyo.

La charla del arzobispo, que circula en varias entregas por internet, lleva por título La libertad de la Esposa; descolonizar la Iglesia, y en ella Javier Martínez señala con el dedo todos los elementos que a su juicio fragmentan la moral absoluta católica e imponen comportamientos disgregados a los cristianos. A Alcalá de Henares exportó como contra ejemplo el arzobispo la "granaína" fiesta de la primavera, a la que conectó con la "revolución de París" y el culto a la razón, uno de los tres rasgos que los cristianos no pueden asimilar de la cultura de la modernidad. "El culto a la razón ha terminado en los botellones (….). La fiesta de la primavera es la barbarie institucionalizada y ese es el futuro que nos aguarda". Pero no es el único enemigo. En esa tendencia a la "afirmación del yo" entran en juego las ciencias. "Más peligrosa o más que Educación para la Ciudadanía es la ciencia para el mundo contemporáneo" pues cada ciencia "contiene un epistemología y una concepción del hombre y del saber".

Según Javier Martínez hay que rechazar al Estado que asume cada día más poder sobre el individuo. Rechazar el Estado pero salvando la patria que es "la cosa natural del hombre". Tampoco contribuyen a la irradiación de la moral católica otros elementos como la división "geográfica" entre lo religioso y lo que no lo es". "Frente a eso ¿qué vamos a poner nosotros? ¿Los valores cristianos? ¡Pobrecitos míos! ¿Dónde están? ¿Cómo se comen? (…) El laicismo al menos tiene organización una conciencia de lucha por el poder".

Y además está el islam, que es "menos una religión que un imperio" pues se usa "para la cohesión de su cuerpo político". "El árabe no tiene siquiera palabras para la religión (…). Hablar de islam como una religión es ingenuo", una característica de la "bonhomía occidental, a la que le cuesta llamar a las cosas pro su nombre". Javier Martínez fue nombrado, curiosamente hace unos días, presidente de la comisión e Relaciones Interconfesionales.

Corolario: "Seríamos capaces de dar la vida por la democracia pero no por Jesucristo".

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