El arzobispo de Dublín advierte contra las polémicas y las bajezas del debate público

El Arzibispo Diarmuid Martin. Foto de archivo: Nick Bradshaw/The iris times

Diarmuid Martin, el arzobispo católico de Dublín, ha prevenido a los fieles contra las controversias y bajezas del debate público. También ha dicho que el pluralismo y la democracia “nunca fueron una licencia para silenciar diversas perspectivas”.

La política y la creación de una sociedad justa “no es solo tarea del Estado. El césar no es Dios”, dijo.

Apareciendo en un contexto de creciente acritud en torno al debate del aborto, y a pesar de que no se refirió a este asunto de manera explícita, dijo: “En nuestro mundo, la verdad no siempre prevalece. La verdad, sin embargo, no necesita de polémicas ni de bajezas”.

La verdad “no precisa de propagandistas”, añadió. “Tiene el poder de hacerlos libres. Las polémicas y la propaganda barata de una parte no debe ser respondida con las polémicas y las bajezas de la otra”.

En una homilía en la capilla de la Universidad en el Parque de San Stephen de Dublín, dijo que el pluralismo “no es lo mismo que la laicidad, aunque hoy en día en Irlanda vivamos nuestra fe en sociedad, donde el pluralismo puede llevarnos a ásperas (aunque respetuosas) confrontaciones con el laicismo. El pluralismo y, en efecto, la democracia, nunca deben ser una licencia para silenciar los distintos puntos de vista”, dijo.

Dijo encontrar interesante “la frecuencia con la que la gente se encierra en sus propios asuntos sin importarle nada más. Pasa en la Iglesia, en la política, en los medios de comunicación y en la sociedad. El mensaje del Evangelio debe permanecer ajeno a las ideologías”, dijo.

La comunidad de fieles debe ser una y apoyarse en las dos virtudes de “actuar para fomentar el amor y que serán preservadas con esperanza” dijo.

La realidad es que “Dios está siendo eclipsado lentamente y los hombres y mujeres viven sus vidas como si Dios no existiera. No es tanto un clima de hostilidad hacia la fe sino una actitud de indiferencia o de relegar a Dios a la vida privada e individual sin que se mezcle en la realidad social diaria”.

Hay “una distinción real entre la fe y la política. Negarlo da lugar a que aparezcan integralismos, fundamentalismos y falsas utopías. Sin embargo, esto no significa que la fe religiosa no sea relevante para construir la sociedad”, dijo.

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Traducción para el Observatorio del Laicismo de Felipe Reyes Guindo

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