El Arzobispado de Granada suspende al diácono al que un joven de 18 años denunció por haberlo violado

En un escrito dice que la Iglesia «no le ha confiado a esta persona desde hace años ningún ministerio de los que corresponde a un clérigo ordenado»

El Arzobispado de Granada ha emitido un comunicado en el que se indica que «ha sido suspendido inmediatamente en todo el ejercicio de su ministerio» el diácono denunciado por supuestamente haber violado a un joven. Según informaba ayer IDEAL, el Juzgado de Instrucción número 6 de Granada ha abierto diligencias para esclarecer un presunto delito de abusos sexuales continuados durante, al menos, cinco años de un profesor de religión y diácono de la capital granadina contra un joven brasileño al que tuvo acogido en su fundación desde los trece años hasta los 18 en que el denunciante aireó las presuntas violaciones a que era sometido. El denunciado tiene 61 años, pertenece a la diócesis de Granada y en el último curso ha ejercido de profesor de religión en tres institutos públicos de enseñanza Secundaria, dos de la capital y uno del cinturón metropolitano. Este diácono montó en el año 1987 una asociación benéfica con domicilio social en Pulianas para ayudar a niños de la calle de Brasil sin medios económicos.
 
Comunicado
Ante esta noticia publicada ayer, el Arzobispado ha hecho público un escrito en el que aclara que el denunciado «no es cura ni tampoco diácono permanente». También dice que colaborará con las autoridades civiles y judiciales para esclarecer los hechos, «porque la Iglesia desea que prevalezca la verdad y la justicia».
 
A continuación reproducimos íntegramente el comunicado emitido por el Arzobispado:
«1. La persona en cuestión no es 'cura', ni tampoco 'diácono permanente' en el sentido que este término tiene en la legislación de la Iglesia, es decir, una persona casada que recibe el sacramento del orden en el grado de los diáconos. Fue al parecer ordenado de diácono en la diócesis de Madrid en el año 1971, en orden sin duda a seguir su camino al presbiterado, pero, o bien el arzobispo de Granada creyó que no debía dar el paso o él mismo nunca solicitó las órdenes de presbítero.
2. En este sentido, puede decirse que su situación eclesial es, cuando menos, 'irregular', porque en la Iglesia sólo existe el diaconado como situación transitoria o el 'diaconado permanente' en el sentido que se acaba de explicar. Y, de hecho, la Iglesia no le ha confiado desde hace años a esta persona ningún ministerio de los que corresponderían a un clérigo ordenado.
3. La persona en cuestión no había informado para nada a este arzobispado del procedimiento judicial abierto contra él.
4. Al tener noticia de los acontecimientos a los que hace referencia la información del periódico, y de acuerdo con la disciplina de la Iglesia, el diácono en cuestión ha sido inmediatamente suspendido en todo ejercicio de su ministerio, y se le retira también la 'missio canonica', retirándole con ello toda misión educativa que hubiera podido recibir de la Iglesia o en relación con ella.
5. La disciplina de la Iglesia exige también que, apenas se tengan conocimientos de hechos de esta naturaleza por parte de la autoridad eclesiástica, ésta los ponga en conocimiento de las autoridades judiciales, lo que no ha sido necesario en esta ocasión porque ya un juzgado de Granada está instruyendo el caso.
6. En cuanto a la asociación benéfica fundada por él, es una obra absolutamente privada, y reconocida civilmente, que no ha tenido jamás ningún tipo de aprobación por parte de la Iglesia.
7. Todos los cristianos sentimos dolor por el pecado y el mal, que también crecen dentro de la Iglesia cuando nos apartamos de su tradición, de sus enseñanzas y de su disciplina, y le pedimos insistentemente al Señor que nos libre de caer en él. Junto con las personas de bien, creyentes y no creyentes, ese dolor es más grande siempre que en el pecado hay víctimas, y especialmente si se trata de menores de edad y de inocentes. La Iglesia desea, en esto como en todo, que prevalezcan la verdad y la justicia, y colaborará en lo que sea necesario con las autoridades civiles para erradicar el mal y el escándalo.
Que Dios nos perdone a todos nuestras culpas, y nos ayude a hacer penitencia por ellas y por las de todo el cuerpo de Cristo, que todos hemos de sentir como nuestras, fruto amargo de nuestra propia falta de amor a Dios y los demás. Que Él nos ayude también a encontrar los medios más eficaces para ayudar a las víctimas y para aliviar o curar sus heridas».
Imagen de la Curia, sede del Arzobispado. :: ALFREDO AGUILAR

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