El anticlericalismo en México

En esta sección incluimos artículos relevantes del ámbito académico con el objetivo de conocer la información o los argumentos que plantean en sus estudios, aunque Europa Laica no comparta las tesis que en los mismos se exponen. 


INTRODUCCIÓN
El tema del anticlericalismo aflora con cierta frecuencia en los estudios sobre la historia mexicana. Como es bien sabido, el país experimentó a lo largo de su historia una tensión permanente, de intensidad variable,entre la Iglesia y las fuerzas católicas por un lado, y el Estado y las fuer-zas laicas por el otro. A pesar de esta presencia imposible de soslayar,con sorpresa el anticlericalismo ha estado ausente como tema central de las investigaciones. Aparte de algunos esfuerzos en este sentido, el anticlericalismo aparece más como referencia lateral o secundaria de estudios enfocados en otros aspectos de la historia mexicana, como el conflicto Estado-Iglesia, la reforma, la revolución, la construcción del Estado posrevolucionario, la masonería o los grupos protestantes. Existen, es cierto, importantes investigaciones sobre algunas manifestaciones específicas de anticlericalismo, sobre todo durante la República restaurada, el periodo revolucionario y el maximato, pero ha faltado,hasta hoy, una visión de conjunto sobre la presencia anticlerical en la historia nacional.
Es más, destaca la ausencia de un verdadero debate enfocado en el anticlericalismo. En consecuencia, los esquemas interpretativos, la herramienta conceptual y el contexto para ubicar el fenómeno resultan, con demasiada frecuencia, poco satisfactorios y son, en la mayoría de los casos, el fruto de una encomiable búsqueda personal y empírica de algunos investigadores. Se vuelve necesario crear un espacio de diálogo donde puedan germinar aquellas sinergias que le den un verdadero impulso a la investigación. Esto es, precisamente, el primer motivo que animó a los organizadores del simposio “El anticlericalismo en México” a reunir a un destacado número de especialistas sobre Iglesia, religión y laicidad. El segundo motivo es la urgencia de plantear el debate e impulsar el estudio de la temática frente a los nuevos desarrollos políticos y sociales que se han manifestado en la última década en México. El simposio se realizó en la Escuela Nacional de Antropología e Historia los días 29 y 30 de marzo de 2007, este libro presenta los artículos más destacados que resultaron de esa reunión.

¿Regreso del anticlericalismo?
El panorama religioso en el país conoce una verdadera revolución desde fines de los años ochenta, con las negociaciones entre la Iglesia y el Estado, promovidas por el delegado apostólico (posteriormente nuncio) Girolamo Prigione y apoyadas por el presidente Carlos Salinas de Gortari. Las reformas constitucionales de 1992, que borran los artículos anticlericales de la Carta Magna y le otorgan a la Iglesia el estatus jurídico, marcan el punto de inflexión en un proceso de acercamiento entre Estado e Iglesia que se había iniciado años atrás. Es el triunfo de la realpolitik sobre las tradiciones políticas nacionales fundamentadas en el anticlericalismo de la reforma y la revolución.
Este paso tan importante en la historia mexicana suscita, en su momento, débiles resistencias dentro del establishment y desde la sociedad civil. Es cierto que hay polémicas y críticas entre las filas del PRI y en los ambientes intelectuales de izquierda, e incluso entre los católicos, pero nunca se forma un frente compacto anticlerical para la defensa intransigente de la laicidad del Estado. Las reacciones anticlericales se van manifestando después, cuando el nuevo protagonismo de la Iglesia y de las fuerzas católicas se vuelve manifiesto con la presencia cada vez más evidente de los obispos en los medios y en la política, la expansión de instituciones y organismos católicos, y el avance del PAN –que, aunque no lo sea, es visto con frecuencia como un partido confesional– hasta alcanzar la presidencia con Vicente Fox(2000), seguida por la de Felipe Calderón (2006).
Al compás con estas mutaciones la cultura política de la clase dirigente mexicana sufre un cambio perceptible. Por primera vez desde Ávila Camacho los presidentes se declaran católicos y los gobiernos se integran con hombres políticos abiertamente religiosos. El ejemplo más socorrido fue el del ex secretario del Trabajo Carlos Abascal, quien suscitó polémicas con sus intervenciones de claro sabor confesional.El secularismo juarista es retirado del lenguaje oficial, mientras que el simbolismo y el comportamiento religioso aparecen con insistencia como señales que marcan el fin de una época de laicidad rigurosa delas instituciones públicas.
Por un lado, los mexicanos se van acostumbrando a una presencia católica más visible cerca del Estado nacional. Por otro, en la sociedad se extiende una realidad católica cada vez más perceptible. Surgen organizaciones radicales como El Yunque, con la idea de que en México operan poderosas fuerzas ocultas y conspirativas de matriz religiosa.El periodista Álvaro Delgado (en su libro El Yunque.La ultraderecha en el poder) sostiene que “la nación afronta el riesgo que desde Los Pinos la ultraderecha cristiana se apodere del Estado e instaure su proyecto ideológico y político, que es el Reino de Dios sobre la tierra”. Reaparece en el escenario político el sinarquismo, después de un largo periodo de marginalidad e inactividad. Al mismo tiempo, se desatan escándalos por las conexiones de una parte del episcopado con el narco –en particular, la perturbadora cuestión de las narcolimosnas–, las aberraciones sexuales del padre Maciel y de otros sacerdotes. No es casualidad que la película anticlerical El crimen del padre Amaro (2002) haya tenido una buena acogida del público en México, pues refleja sensaciones y aprensiones muy difundidos entre largos sectores de la población.
El alarmismo anticlerical quizá sea exagerado, pero es indudable que el panorama religioso presenta hoy en México nuevos desafíos y nuevos problemas. El pluralismo religioso es un hecho, aunque las en-cuestas confirman el carácter aun mayoritariamente católico del país.La laicidad del Estado, pese a todos los temores, no ha sido afectada en su esencia por Vicente Fox y no está siendo afectada, hasta el momento, por su sucesor panista en la presidencia. Las iglesias no católicas no han sufrido restricciones, más bien siguen en su proceso de expansión. Las campañas de salud reproductiva procedieron sin tropiezos,el aborto continúa siendo tolerado y las recientes legalizaciones de las llamadas uniones gay no han encontrado obstáculos serios por parte de las instituciones públicas y de la Iglesia. La educación de los niños y los jóvenes, por lo demás, sigue siendo laica en las escuelas públicas. Donde predomina el PRD–como en el Distrito Federal– los desarrollos en estos temas éticos controvertidos han sido aún más destacados.
El repunte de un catolicismo oficial que se manifestó con Fox en algunos aspectos simbólicos, parece haber sido nada más que una efímera revancha y desahogo del México católico reprimido por largos años bajo la férula de un laicismo percibido como excesivo, injustificado y anacrónico. Este catolicismo ya no se manifiesta, en general, con agresividad y tampoco tiene ambiciones hegemónicas, parece más bien encaminado a integrarse, aparentemente sin problemas, en el ámbito del pluralismo de la sociedad mexicana del siglo XXI. El clericalismo–entendido como apoyo al protagonismo del clero y el episcopado por encima de los creyentes–, por lo demás, es minoritario dentro de las filas católicas.
Por otro lado, las fuerzas laicas y anticlericales se mantienen vigilantes y activas para defender los límites del espacio de pertinencia dela religión y del clero en la sociedad y en el Estado. El que podríamos denominar anticlericalismo folclórico, que se expresa en cierta prensa y en actos públicos en forma de sátira mordaz y denuncia satanizante, tiene el mismo peso y significado que tiene, en el lado opuesto, el clericalismo caricaturesco de ciertos sectores católicos. Pueden ser vistos como las dos caras de una misma moneda, el residuo folclorista de una época de enfrentamientos que han marcado la historia mexicana y pertenece a pleno título, por lo tanto, a la idiosincrasia política del país. Estas expresiones permanecen, por lo general, en un estado latente y vuelven a manifestarse con fuerza sólo en momentos determinados, cuando se percibe una amenaza a la laicidad, el pluralismo y los derechos civiles por un lado, o a la religión, la moral y el clero por el otro. Allí puede reaparecer un bestiario anticlerical con raíces antiguas, pero en formas nuevas (el cura lúbrico e hipócrita, el arzobispo oscurantista, el Vaticano reaccionario, etcétera). En la actualidad, con la predominancia del PAN en Los Pinos y en diversas entidades del país, el anticlericalismo se convierte en un recurso estratégico –discursivo y simbólico–, de las demás fuerzas políticas para presionar e influir sobre la política regional y nacional.
Las referencias al juarismo y al laicismo se multiplican especialmente entre políticos del PRD y del PRI, para marcar un alto a una presencia católica percibida como excesiva y fuera de lugar. Un ejemplo reciente es el pronunciamiento de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal el 20 de marzo de 2007, para que “las iglesias” –es decir, la Iglesia católica– se queden afuera del debate sobre la despenalización del aborto. El diputado del PRI Jorge Schiaffino llegó a decir que ¡el legado de Juárez debería prevalecer en este tema! (nunca el presidente oaxaqueño se pronunció sobre el aborto). Víctor Hugo Círigo, del PRD, afirmó tajantemente: “Al César lo que es del César y al Estado laico lo que es del Estado laico” (Reforma, 20 de marzo de 2007). Incluso los diputados del PAN coincidieron en que el clero no debería influir en las discusiones. La propuesta de despenalización, al final, fue aprobada, a pesar de las intervenciones eclesiásticas. No hubo, por lo demás, manifestaciones católicas masivas en contra de la ley, lo que confirma la actitud eminentemente laica de la población de la capital del país.

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Franco Savarino. Universidad Nacional Autónoma de México

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