El anticlericalismo en la historia contemporánea de América Latina

El poder e influencia de la Iglesia Católica en la historia americana desde el comienzo de la conquista y colonización hispana y portuguesa es un hecho histórico evidente. Las dos Coronas ibéricas estaban estrechamente ligadas a la Iglesia. A partir de los procesos de independencia, en las primeras décadas del siglo XIX, la Iglesia vivió una cierta división entre partidarios y contrarios a este proceso.

Las nuevas Repúblicas buscaron el apoyo eclesiástico para difundir el nuevo estado de cosas y, también, para intentar evitar la revolución social, pero una parte de la Iglesia se mantuvo al margen o militó contra las nuevas ideas por la estrecha conexión de las mismas con el liberalismo, en la misma línea estaba haciendo la mayor parte de la Iglesia Católica en los procesos de Revoluciones liberal-burguesas europeas.

Esta situación generó en los sectores más radicales o avanzados del liberalismo latinoamericano una reacción anticlerical. La Iglesia era vista como un nuevo enemigo. Durante el siglo XIX se planteó cuál habría de ser la relación entre el Estado y la Iglesia, generando un amplio movimiento de oposición a la intervención de ésta en los asuntos públicos, defendiéndose la separación y hasta el control por parte de aquél de la institución eclesiástica.

El anticlericalismo latinoamericano y la postura firme de la Iglesia y de los sectores católicos generaron una creciente tensión en muchos Estados, provocando enfrentamientos violentos y hasta guerras civiles. El establecimiento de concordatos con la Santa Sede fue contemplado, en algunos países, como una solución para alcanzar la estabilidad, reconociendo a la Iglesia como entidad separada del Estado. En otros casos, en cambio, la Iglesia consiguió un gran poder e influencia, al reconocerse el catolicismo como religión fundamental o única, además de privilegios de todo tipo.

El anticlericalismo llegó al siglo XX renovado, especialmente, cuando la Iglesia tendió a plantear posturas muy conservadoras y contrarias a las reformas sociales. Esto provocó nuevos enfrentamientos violentos, especialmente, importantes en Colombia y México con la Guerra de los Cristeros en tiempos de la presidencia de Plutarco Elías Calles. Los cristeros eran grupos de campesinos que se sublevaron contra el gobierno federal. Su grito de guerra era “¡Viva Cristo Rey!”. El conflicto duró tres años, entre 1927 y 1930, aunque luego hubo otra segunda guerra entre 1932 y 1938. El detonante del conflicto fue la intensa política anticlerical del presidente, aunque también tuvo componentes sociales relacionados con la queja campesina por ver defraudadas sus expectativas de reforma agraria. La guerra fue pródiga en violencia.

En la segunda mitad del siglo XX la toma de conciencia ante la miseria y de las injusticias terminó por alinear una parte importante de la Iglesia latinoamericana con los desfavorecidos, desarrollando una intensa actividad en su favor, en la que la teología de la liberación jugó un importante papel. El anticlericalismo se fue diluyendo.

(La imagen es una foto de Wikimedia Commons en el dominio público).

 Francisco Plutarco Elías Campuzano,3 mejor conocido como Plutarco Elías Calles,2 el «Jefe Máximo de la Revolución», (Guaymas, Sonora; 25 de septiembre de 1877 – Ciudad de México, Distrito Federal; 19 de octubre de 1945) fue un pedagogo, militar y político mexicano que fue presidente de los Estados Unidos Mexicanos en el cuatrienio de 1924 a 1928; figura clave en la historia de México.

Francisco Plutarco Elías Campuzano,3 mejor conocido como Plutarco Elías Calles,2 el «Jefe Máximo de la Revolución», (Guaymas, Sonora; 25 de septiembre de 1877 – Ciudad de México, Distrito Federal; 19 de octubre de 1945) fue un pedagogo, militar y político mexicano que fue presidente de los Estados Unidos Mexicanos en el cuatrienio de 1924 a 1928; figura clave en la historia de México.

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